Kimetsu No Yaiba:悲しみに囚われた
Fall of the Heavens

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Mensaje por Rengoku Kyojuro Lun Ene 04, 2021 9:43 am

Las decoraciones de aquella mujer podían trastocar las ideas estéticas de cualquiera, pero no la juzgaría, porque el interior de la fortaleza no distaba de lo que habitaba en su cabeza. Cada estancia era amplísima y no quedaban espacios vacíos, convirtiendo la escena en un infierno para los claustrofóbicos.

Jugar en aquel laberinto infinito enloquecería a cualquiera, no así a quienes ya se encontraban frente al límite de su cordura. Kohana se sintió en paz, con la gravedad desvariando en todas las direcciones.

Su público presente no lo vislumbraba igual de divertido, muecas sobrias cargando preocupación, otras iras y unas cuantas, la más completa indiferencia. Berreó una queja, desde la más alta posición, respondiéndoles con una mueca avinagrada y entonces estudió a cada uno de los cazadores. Al menos uno pareció antojársele aceptable para sus criterios porque acabó regalándole una sonrisa. Su vida a cambio de hincarle el diente al hombre del haori blanco.

La explicación de tenerles allí era más enrevesada de lo que quería hacer parecer. Pero no ocupó en explicaciones tontas y fue al grano de inmediato. Asintió con solemnidad, estirando aquellos brazos envueltos en diamantes y gemas que parecían nacer desde sus venas.

—¡Cazadores, vamos a jugar!—exclamó, con aire socarrón. Bajo otras circunstancias, otro contexto, con aquel tono condescendiente Kohana habría resultado, inclusive, un buen anfitrión.

—Están aquí por las casualidades malditas de la vida. No los escogí, fue al azar. Pero por favor, siéntanse como en casa—Sentándose en el borde del escalón, cruzó sus piernas y afiló la mirada. Un brillo perverso pareció emanar de sus ojos—. Las reglas son sencillas. Hay una salida de este laberinto, lo crean o no yo mismo me encargué de velar por eso—O más bien aquella mujer se había propuesto a darle esa dulce alternativa, porque ella no creía en milagros y Hana tampoco.

—Tienen tres semanas para llegar a la salida. Lo que necesiten lo encontraran si son creativos. Les recomendaría no cerrar los ojos, hay muchos demonios hambrientos en cada rincón—aplaudiendo con entusiasmo, pretendió animarles a lo que sería una muerte segura.

—¡Que la suerte este de su lado!

El rasgueo profundo de un instrumento hizo un fuerte eco, como una cacofonía del infierno. En un santiamén el grupo de veinte cazadores fueron trasladados a diferentes espacios. Y el tiempo empezó a correr.





A Kyojuro le costaría mucho entender los verdaderos motivos que lo habían arrastrado hasta este momento, si es que acaso se preocupase por intentar encontrar una respuesta. Desde que había comenzado la cacería, su único objetivo en mente frente al demonio fue el mismo: rebanarle el cuello de la forma más limpia y certera posible para asegurarse de que no volviese a causar sufrimiento en el mundo con su sola existencia. Y estaba seguro de que el resto de cazadores allí presentes pensaba exactamente lo mismo.

Jamás pensó que sucedería semejante giro en los acontecimientos, y por un momento se encontró genuinamente sorprendido al mirar sus alrededores que de un parpadeo a otro habían cambiado por completo. La vastedad de aquel espacio solo era superada por el aire siniestro que rondaba alrededor, con cada puerta, pasillo o pasadizo demostrando un nuevo mundo de posibilidades… ninguna alentadora para ellos, por supuesto.

Y a pesar de lo intimidante que pudiera resultar, el cazador de las llamas se mantuvo erguido, con su nichirin apretada firmemente dentro de sus manos. El filo apuntando hacia el responsable de la locura que se avecinaba a partir de ahora.

A su sonrisa, simplemente le respondió con una mirada más severa. Después de haberse topado con varios demonios en el pasado hasta ese momento, no le sorprendió demasiado que aquello se tratara de un “juego” que incluía dentro del premio la supervivencia de cada uno de los espadachines allí presentes. O si acaso la ilusión. Kyojuro era incapaz de creer que fuese a cumplir con su palabra de dejarles una salida si conseguían dar con ella, por consiguiente…

Era fácil, ¿cierto? ¡Solo tenían que hacerse paso hasta la primera puerta que diera hacia el exterior así fuese derribando lo que se interpusiera en el camino! Mientras todos se mantuvieran juntos, trabajando hombro con hombro, sabía que podrían lograrlo, él confiaba casi de forma ciega en el potencial y la capacidad de las personas cuando se proponían lograr algo con el corazón.

Lástima que los planes de aquel Oni fuesen diferentes.

!!!!

Como aquella vez, solo bastó un segundo. Un mísero segundo en el que reverberó por los alrededores la solitaria nota de un biwa mientras el entorno alrededor del primogénito de los Rengoku se transformaba en otra escena como quien pasa la página de una novela.

¡Espera! —la exclamación llegó tarde, y luego le siguió un gruñido de frustración y descontento. La veintena de cazadores que habían estado cerca de él ahora parecían un recuerdo lejano. Esa habitación tan oriental y tan distinguida, propia de las mansiones, se reía de él y de su ingenuidad por creer que el juego en realidad sería tan fácil—. Separados somos presas mucho más fáciles de manejar, ¡pero eso no me va a intimidar! Lo único que tengo que hacer es encontrar a cada uno para que nos volvamos a reunir mientras encuentro la salida de este sitio.

La fortaleza infinita pareció tomarse ese decreto como un desafío personal, porque justo después de haber dicho eso, Kyojuro escuchó un grito agudo acompañado de un gruñido, así como del impacto característico del metal contra una superficie firme y sólida.

¡Tenía que ser alguien que necesitaba ayuda! Y él, como buen cazador, se lanzó en esa dirección, esperando llegar a tiempo para salvar al compañero que estuviese en problemas.


Última edición por Rengoku Kyojuro el Lun Ene 04, 2021 3:31 pm, editado 1 vez

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Mensaje por Tokito Muichiro Lun Ene 04, 2021 9:55 am

Cayó. El frenesí del viento chocando contra su cara y el primer impactó de no saber dónde sostenerse. Caía en picada, directo sobre el tatami que a esa altura se encargaría de romperle todos los huesos, en el mejor de los casos.

Pese al pánico, controló sus miedos y concentrándose consiguió blandir su katana y asestarla de un golpe contra una pared. La sacudida casi le hizo perder el agarre. El compañero que fue con él no corrió la misma suerte y el estruendo sordo anunció su muerte.

—Este sitio está tan infestado de demonios que hasta yo puedo sentirlos—su corazón palpitante no encontraba calma. Dirigiéndose hacía el bulto que se escondía bajo sus rompas, lanzó una maldición en voz alta en lo que buscaba dónde sostenerse, encontrando una rampilla tras indagar con su mano libre—. Da igual lo que me suceda. No salgas.

Ordenó, escabulléndose como una alimaña silenciosa por la rampilla y con el peso de su cuerpo desviándose hacía la derecha y lanzándolo de sopetón sobre un gigantesco armario. Le costó un macizo chichón en su zona frontal para darse por aludido. Cada cuarto poseía su propia gravedad de acuerdo a su propia dirección.  

—Mierda—quejó dolorido y empezando a guiarse por los gritos a la distancia. Durante varios minutos su camino se mantuvo aislado, libre de enemigos y con ello consiguió armarse un mapa mental de la sección en la que se encontraba. Aunque como descubriría más adelante, aquello no le serviría en lo absoluto.

El pasillo poseía un sinnúmero de cuartos que guiaban a otras habitaciones y espacios vacíos, adornados únicamente con muebles y otros accesorios propios; incluido un salón de baile con seis torres y una música al compas de un romántico vals.

La tranquilidad fantasmagórica que era su aliada le había abandonado. A cambio, dejó a un muchacho de ceño fruncido y perlas de sudor adornando su frente; firme a la empuñadora como lo único que le guiaría a la salida. Pero a su vez, no muy dado a perderse en la fe, ya que, se permitía pensar que también eso era una vil trampa.

De sopetón entró a un cuarto, con su espada cortando las enredaderas que estuvieron a un segundo de arrancarle a la fuerza su cabeza de su lugar. Tragando en seco, se encontró con otros tres cazadores. El demonio de su velada no era más grande que él, pero algo en su frágil apariencia le inquietaba de sobremanera.

Pero era el otro demonio, balanceándose sobre una rampa en las alturas que de verdad le ponía cada pelo de punta. La serenidad con la que los observaba denotaba la plena seguridad que poseía en sus habilidades y que, la criatura que jugueteaba contra ellos era más que suficiente para retenerlos.

Tomando aire no perdió tiempo, las enredaderas se dirigieron pesadas y elasticadas como látigos; donde apuntaba, la recubierta musgosa quemaba como el infierno. Cual ácido corrosivo que se expandía como un veneno letal. Sin mayores calentamientos inspiró profundamente. Hasta un suspiro demás podría ser la causante para debatirse entre la vida y la muerte.

Primera posturasus pies de adentraron al centro del salón, con ayuda de otro cazador que eliminó cualquier ataque que no pudo prever. Danzando alrededor del demonio y tras dos vueltas confusas para este, asestó un solo y eficaz golpe—Cielo colgante, baile.

En cuanto la cabeza rodó por los suelos, el otro demonio a las alturas estiró sus cabellos y como paredes de acero derribó a dos cazadores separando sus extremidades de sus cuerpos. El escenario dantesco de la masacre de dos compañeros y los alaridos agónicos consiguieron alertar a otro invitado. Cierto alivio atravesó su garganta por ver una cara amiga.

—¡Cuidado, Rengoku san!—

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Mensaje por Rengoku Kyojuro Lun Ene 04, 2021 10:00 am

Antes de que siquiera pudiera atravesar las puertas que lo separaban de la escena, Kyojuro supo que había llegado tarde. La fragancia de la sangre se lo dijo todo, y cuando puso un pie dentro, no vaciló sabiendo que quizá unos pocos segundos podían estar separando a otro cazador de perder la vida.

Respiración de las llamas, primera postura —musitó, los ojos brillantes concentrados en la primera silueta siniestra que estuvo a su frente—. Shiranui!

Cargó directamente, como una saeta en llamas, y así tan rápido como se aproximó, cortó de un solo tajo la cabeza de aquel demonio. El cuerpo cayó con un golpe seco sobre el tatami, justo entre los dos cazadores heridos al borde del desangramiento. Kyojuro maldijo por lo bajo, sabiendo que a esas alturas era demasiado tarde: la luz extinguiéndose de los ojos de aquellos muchachos era una señal bastante clara.

¡Tokito-kun! ¿Estás bien? —una vez el lugar estuvo fuera de peligro, se acercó hasta donde estaba su otro compañero, primero preocupado, y luego aliviado de verlo en una sola pieza— Lamento haber llegado tarde, estamos en una situación bastante difícil —añadió con amargura, su semblante por unos instantes ensombrecido ante la escena grotesca que tenía cerca. En menos de un segundo estaba de nuevo decidido e impetuoso—. ¡No podemos quedarnos por mucho tiempo en el mismo sitio, así que sigamos adelante! Pretendo reunir a la mayor cantidad de cazadores posibles mientras juntos buscamos la salida de este sitio. No sé si ese demonio estaba hablando en serio, pero de lo que sí estoy seguro es que existe una forma de salir ¡y entre todos la encontraremos!

Tras esa declaración, Kyojuro agitó la hoja de su espada lejos de ambos, escurriendo la sangre del filo y dibujando una violenta trazada de sangre en el suelo de madera. No era la primera vez que su nichirin se ensuciaba durante esa velada, ni sería tampoco la última. Miró a su compañero una vez más, con su sonrisa recompuesta, antes de asentir como una señal de que era momento de ponerse en marcha.

Algo en el ambiente pareció vibrar. Parecido a un gruñido gutural que se extendía desde abajo. Después sobrevino la sed de sangre de un ente maligno, cosa que el primogénito de los Rengoku ya estaba más que capacitado de identificar así estuviera a varios metros en la distancia.

—¡Ah, mi espada! —Se escuchó más adelante, en alguna de las mil habitaciones que estaban al frente—. NononoNOnoNooooO ¡Aléjate! ¡No te me acerques! ¡AAaaaAAAH!

De nuevo la urgencia recorrió el cuerpo de Kyojuro, haciendo que se impulsara de un salto potenciado por su respiración para acudir a ese llamado así fuese derribando la puerta que se interpusiera en su camino.

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Mensaje por Tokito Muichiro Lun Ene 04, 2021 11:37 am

No habría usado la palabra difícil para definir aquella engorrosa situación. Pero servía para aligerar el terrible contexto en el que se encontraban. Asintió, desligándose de los dolores superficiales y concentrándose al máximo. No podían perder la orientación ni la concepción del tiempo. Habrían transcurridos tres horas desde la media noche; dentro de poco sería el amanecer en el mundo humano.

No compartía la buena fe de su compañero, pero se decidió a no fallarle. No encontraba un argumento mejor con el cual debatirle y no era el momento para opiniones contradictorias entre sí. Con aquello como su mejor plan no tendrían más alternativa que pegarse a el con saña hasta dar con una pista o paradero contundente para idear algo que no fuese sobre la marcha.

—El camino por donde vine no tenía demonios. Mientras más nos acercamos ¿más rivales tendremos que…?

El rasgueo de la biwa tocó otra vez, aludiendo certeza a sus sospechas. El espacio sólo desapareció bajo sus pies y la espalda de Rengoku se perdió con este entrando al cuarto a su frente. Maldijo a caer, llegando a una diminuta planta baja.

—¡Maldito hijo de perra!—gruñó a destajo, bordeando la histeria con la frustración. Pisoteando el suelo bajo sus pies hasta el que la madera crujió y una sonrisa bífida trastornó su rostro parco a uno casi ruin.

Aceleró, blandiendo la katana con ímpetu y tan fastidiado de aquel juego insufrible como para desear la cabeza de quien los había encerrado allí para hacerlos pasar por simples ratas.

—Los haré pedazos—dijo expulsando cólera en cada uso de sus técnicas, motivándose del encono que recibía de sus rivales y cuyas cabezas se desprendían al primer corte. Su caminó culminó en una gigantesca biblioteca, cuyo aroma a reflexiones perdidas y sangre le abofeteó en la cara.

Ocho horas. Habrían transcurrido alrededor de ocho horas desde que se había vuelto a separar de Rengoku. No dudaba que se encontraría bien, probablemente acompañado de otros cazadores porque ese sujeto era un imán caminando sobre dos pies y era el motivo por el cual parecía poder sentir esa atracción y encontrarlo aun en aquel laberinto de infinitas habitaciones.

Tomó ese minuto libre para cerrar los ojos y descansar. El primer día aún no acababa y les esperaban muchos más.

La paz reinante terminó demolida por una avalancha que llegó desde el techo y dejó caer un demonio tan grande como una montaña y tan pesado para que los textos se desprendieran del librero y cayeran como un aguacero de rocas sobre su cabeza.

Detrás de él, venía una presencia ya conocida. Bastardo, caía cual un jinete anunciando el inminente fin del mundo y como si de verdad arrojase chispas de fuego a través de su katana.

—¿Necesitas una mano?—gritó, en un saludo que pretendió ser cordial.

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Mensaje por Rengoku Kyojuro Lun Ene 04, 2021 11:44 am

Si, a pesar de las horas pasadas, Rengoku parecía estar todavía en una sola pieza, con la misma energía desbordante del comienzo, así como la disposición absoluta de continuar la cacería en la que gran parte de su vida giraba en torno.

¡Lo agradezco, Tokito-kun! ¡Este grandote es más duro de lo que parece! —exclamó, varios metros lejos del muchacho que pronto se convertirían en menos, gracias a su rápida carrera. Con su nichirin en guardia, arremetió contra el demonio macilento que para minimizar el daño, se alejó de ambos con prisas como si presintiera en sus huesos la sentencia de una muerte segura— ¡Estaba seguro de que nos encontraríamos en cualquier momento! ¡He encontrado a algunos compañeros en el camino!

El presentimiento de Muichiro fue certero. Cuando esa fortaleza misteriosa separó sus rumbos en plena acción, el cazador de las llamas simplemente dejó que sus pasos lo guiaran a donde debía de ir, siguiendo un instinto que hasta los momentos en su vida no le fallaba.

¿Aquel que gritaba desarmado y sin espada al comienzo? Kyojuro pudo esa vez llegar a tiempo para salvarlo. Ahora el muchacho lo acompañaba desde una distancia prudente, todavía sin un arma con la cual protegerse, y una mano menos envuelta en vendas improvisadas con los despojos de un haori que ya no debía de preocuparse por la suerte de su dueño.

Fue durante el apuro de asistirlo, que Rengoku se percató de la ausencia de Muichiro.

Luego el rasgueo del biwa volvió a cambiarlo de sitio junto al muchacho, y fue así como tuvo otra relevación: si se mantenían juntos, era menos probable de que fueran separados durante esos cambios aleatorios que sucedían a gusto del dueño de esa dimensión.

Kyojuro dio con el segundo superviviente cuatro horas más tarde.

De ser otra persona y no el joven fuerte así como orgulloso que era, habría sentido pena, pues el chico tenía una edad mucho menor que la de él y su compañero juntos. Quizá hasta menor que Tokito y Senjuro. No era un cazador, sino un kakushi con muy mala fortuna. Estuvo rodeado por dos demonios de baja calaña, sumido en un baño de sangre auspiciado por los cadáveres de todos los cazadores que intentaron protegerlo.

Tuvo suerte de que entre Rengoku y el otro cazador pudieran crear una distracción para que el primero consiguiera la manera de rebanar sus cabezas. Otra vida a salvo, a pesar de las heridas. A diferencia del primer superviviente, el pequeño kakushi no hablaba; probablemente a causa del shock, y Kyojuro no lo presionó para que expresara más de lo que podía. Con unas palmaditas en la espalda, y una venda sobre su oreja y ojo perdidos, le brindó suficiente calidez para al menos sentir que en ese sitio tenía una oportunidad de sobrevivir. Quizás, y solo quizás, si se quedaba siempre cerca de ellos.

Las siguientes horas hasta su encuentro con Muichiro consistieron en andar con cautela sobre ese laberinto de tatami y habitaciones vacías que podían estar en cualquier dirección sin lógica alguna. Hubo encuentros con demonios, por supuesto, pero ninguno tan preocupante como aquel gigante al que ahora Rengoku perseguía de buena gana con toda la intención de derribarlo.

La primera vez que lo vio cerca de esa biblioteca, tenía sobre sus fauces la mitad del cuerpo de un cazador. ¿Necesitaba otra razón para querer aniquilarlo, además de su de por sí lamentable existencia?

¡Tokito-kun, vamos a rodearlo! —Propuso, en medio de la acción—. ¡Si conseguimos inmovilizarlo podríamos intentar conseguir algo de información sobre este sitio y cómo deberíamos movernos!

Porque hasta ahora Rengoku no había tenido la oportunidad de hacer algo similar: todos los demonios que se había cruzado lo ponían en la situación donde tenía que matarlos rápidamente antes de que otras personas estuvieran en peligro, ya que era el único armado de todos. ¿Este? Este podía ser la vencida, ahora que contaba con el apoyo milagroso de Muichiro.

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Mensaje por Tokito Muichiro Lun Ene 04, 2021 11:56 am

Desapareció sin más. La figura diminuta y delgada se perdió en la lluvia de libros, papiros y muebles. Escondiéndose bajo la sombra que estos proyectaban sobre su cabeza. El polvo y una repentina neblina pareció cubrir parte de la gigantesca biblioteca y en el fondo, Tokito estaba esperando el momento.

Su mirada, entre la prisa y el desprecio, apareció cayendo como una sombra con espada en mano. El demonio perseguido por Rengoku, cayó en la trampa. Sus manos y pies intentaron aplastarle, siguiendo el juego de Muichiro; brincó hacía atrás y esquivó hacia sus costados, en una serie de movimientos erráticos y defensivos que resultaron en un engaño.

—Segunda postura, mar de neblina—dijo, alzando un arco paralelo al suelo, dos cortes circulares que despojaron al demonio de sus brazos y le hicieron tropezar; perdiendo el equilibrio y cayendo de espaldas. En el acto, un tercer ataque que eliminó la mitad de su cráneo y dejándole a merced del otro cazador—…juego—susurró, con cierto placer culposo. Sin embargo, la extremidad sangrante y cercenada se abalanzó por sorpresa contra su espalda, con las garras de sus uñas apuñalando una zona que debería haberlo matado en el acto.

Tokito no sintió dolor, pero si la sangre tibia que empapaba su piel y sus ropas. Un compañero cuyo nombre desconocía se limito de destrozar las partes, picándolas como un vegetal y dejando estas piezas como trozos inertes.

—Gracias—dijo a Kokkuri, esperando que pudiera recuperarse pronto de ello y entiendo de inmediato el único motivo por el que seguía vivo. Miró al resto del grupo que pareció invocado por el caos y quienes salieron entre puertas, ventanas y escombros; tan afianzados en la improvisación para responder prontamente a cualquier llamado y tan apasionados para no soltar sus espadas. Comprendió que se debía a Rengoku y asintió hacia este. Todos estarían preparados para asesinar al enemigo en cuanto las conversaciones terminaran.

—¿Se encuentran todos bien?—bajo otro cielo, otro contexto, no habría hecho preguntas y se habría mantenido indiferente. Estando en esa prisión de cuartos y escaleras, no podía más que sentirse parte de algo aunque fuese en las condiciones más enfermizas posibles—. Yo estoy bien—se alzó de hombros y ante la señal de su herida murmuró con fingido asombro “Ah… ¿esto? Debió caerme la sangre del demonio encima” y desligó importancia al asunto.

Con el demonio agonizante, inspiró largo y pausado. No podrían estar infinitamente a ese ritmo, tendrían que tomar un descanso y buscar algo para comer. Eran los suficientes para tomar turnos y fue algo que sugirió por lo bajo. La adrenalina no les duraría hasta encontrar la salida; eran humanos a fin de cuentas.

Para sorpresa suya, si consiguió aprender algo de Kanae. Vendaje básico, cortar una hemorragia y entablillar huesos rotos. Para cuando acabó parpadeó sorprendido de dar con un kakushi. Mantenía un mutismo que no se vio capaz de interrumpir. Él...no debía estar allí .Algo como fuego fundiéndose en sus venas dejó correr la furia que esquivaba con cualquier distracción.

—¿Dijo algo el demonio?—luego de sus tareas para prestar apoyo, olvidó por completo al enemigo que se iba convirtiendo en cenizas. Si había confesado algo, sólo quienes estaban muy cerca sabrían de ello—Como sea. Los que llegamos hasta aquí pronto estaremos exhaustos. Si queremos sobrevivir, tendremos que reponer nuestras energías—suspiro con pesadez hacia Rengoku—Tú decidirás. En nuestra votación mental democrática te hicimos líder. Felicidades.

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Mensaje por Rengoku Kyojuro Lun Ene 04, 2021 2:50 pm

Aprovechando la abertura creada por Muichiro, Rengoku continuó el trabajo con el demonio grandulón. Sin extremidades que le ayudaran a golpear o aplastar, difícilmente representaba una amenaza. Solo necesitaba asegurarse de que su regeneración no le ganara a la velocidad del cazador descuartizando sus muñones nacientes. Entre gritos de dolor, se hizo escuchar para por fin iniciar su cometido.

¡Respóndeme, demonio, así te libraré de tu deplorable estado! ¿Cuál es el camino que nos llevará a la salida de este sitio? ¿Estaba hablando en serio tu compañero cuando nos aseguró una ruta de escape? —sabía que sus preguntas podían pecar de ingenuas, pero era la única forma de comenzar que se le ocurría.

Al principio el demonio se resistió a contestar, escupiendo insultos, amenazándolo a él y a sus compañeros de muerte. Luego empezó a negociar, con el paso del tiempo y el aumento de las extremidades amputadas. En un instante de desesperación, trató de abalanzar su torso contra Kyojuro, claramente intentando escapar, pero la fuerza del cazador lo retuvo, y a la vez, leyó sus intenciones, pues pateó el brazo humano al cual intentaba dar alcance para morder en busca de renovar sus energías.

¡Se te está acabando el tiempo! Si no vamos a llegar a ningún lado, entonces no veo por qué debería mantenerte con vida. ¡Creo que es momento de que digas adiós a este mundo entonces! —amenazó de nuevo Kyojuro, enérgico, sin mostrarse defraudado por la poca colaboración del demonio. Incluso la sonrisa malditamente inamovible en sus labios le daba a entender que justo ese resultado era el que le complacía.

—¡Espera, espera! Ghhhh, ¡hablaré! —detrás de todos ellos, el primer muchacho al que Kyojuro rescató se esmeraba por apartar los despojos humanos fuera del alcance del demonio, casi sollozando al reconocer marcas familiares en algunos, mientras que Muichiro, acompañado con otros supervivientes recién llegados, daba atención a quienes lo necesitaban con urgencia—. Aunque no sé para qué quieres saber más sobre lo que les pasará en este sitio, cazador. Están condenados a morir, y no lo digo porque la competición esté amañada. Este lugar se los comerá vivos. Si no lo hago yo, será otro demonio, pero tarde o temprano… AHHHH ¡ESO DUELE!.

No me estás respondiendo, demonio, ¡y a mí al parecer se me está agotando la paciencia!

—… No sé cuándo, pero supongo que el que los trajo hasta acá volverá a hacerles una visita. A saber si será algo bueno o malo. Quizá esa sea su oportunidad de saber algo.

El demonio terminó convertido en cenizas sin dar más detalles. Tampoco es que pareciera que se guardara algo adicional de provecho para los cazadores. Kyojuro envainó su nichirin y volvió su cuerpo en dirección a la voz de Muichiro. Ante el repentino nombramiento casi impuesto de él como líder, simplemente asintió, asumiendo una responsabilidad demasiado pesada, pero que estaba dispuesto a acarrear hasta el final.

¡En ese caso tomaremos un descanso! Los que están más repuestos harán guardia, mientras el resto con heridas moderadas y severas guardarán reposo. Tokito-kun, buen trabajo ayudando a los demás —felicitó. Los demás parecieron escuchar las indicaciones (difíciles de ignorar, con la voz potente característica de Rengoku) y de inmediato empezaron a organizarse—. Lastimosamente, no fue demasiado lo que el demonio confesó. Al parecer tendremos que sobrevivir lo suficiente hasta volvernos a encontrar con ese otro demonio que nos mandó a todos aquí.

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Mensaje por Tokito Muichiro Lun Ene 04, 2021 8:28 pm

“Libertad es poseer más que los demás y que ellos se dobleguen solos ante ti” leyó Tokito, quien había estirado el cuello y un poco más para saber sobre el título que ocupaba el marco de una puerta corrediza. Aquella frase absurda y tan poco poética, no podía venir más que de otra criatura hablando de la cantidad ignominiosa de sus propios bienes.

Mientras recogía albaricoques, pensó detalladamente en ello. Lo dictaba como si no hubiese marguen de error. Entonces comprendió que no se refería al dinero, sino, al poder. La sonrisa sobrada en resignación no duró más que un suspiro y procedió a no volver a perder el tiempo. Aunque decir que no se pasó las siguientes horas, meditabundo, sería un eufemismo.

Observó a Rengoku, quien distaba mucho de su propia personalidad. Supuso que cuanto más brillante fuese la luz de un individuo, más extensa seria la sombra que dejaba a su paso. Allí, en la oscuridad que proyectaba el mayor, con ambos ojos mentas atento a sus acciones, el más bajo se cuestionaba.

—Es lo mejor que pude encontrar—comentó, repartiendo los frutos entre los heridos y llevándose un crédito que pertenecía al olfato de Kokkuri y que intentó mitigar con humildad para evadir sospechas. Sus habilidades demoníacas le habían resguardado la vida y salvado la de los demás; comenzaba a envidiar su fuerza y la forma en que podía esquivar la muerte para pasar de lo efímero de la debilidad humana, a lo eterno…

—Tú también deberías descansar—acotó finalmente, tras dormir un poco y dejar de perderse en cavilaciones perversas que lo deshonraban como cazador. Se sentó junto a Rengoku, cuya esencia parecía desprender vida por su propia cuenta. Estar tan cerca era tan asfixiante como para desear buscar una distancia del otro; la animosidad y la sonrisa que no parecía querer perecer; mientras todo estaba destinado a desaparecer, el cazador a su lado daba la divina impresión de salirse de aquellas normas—Te necesitamos, así que vigilaré por ti.

De todas formas, el insomnio lo mantendría despierto y el miedo a ser devorado por su propia oscuridad lo dejaría atento. La paranoia lo mantenía respondiendo en décimas de segundos al menor movimiento. Pero las horas siguientes y los próximos cinco días los atraparía una tranquilidad insana.

Cinco días de vagar por el laberinto y buscar fórmulas para marcar el camino. Entre pasadizos, escaleras que conducían a cuartos y dormitorios infinitos; aguas termales, jardines y cocinas sin una pista del lugar en dónde se encontraría la salida. Tan pacífico para no cruzar con ningún demonio y tan alarmante para destruir la mentalidad de cualquiera de los presentes.

“¿Si quiera estamos vivos?”

Tokito se giró, hacia el cazador con el cabestrillo y cuya cordura, se encontraba balanceándose en la delgada línea que lo separaba de la demencia. La sola pregunta consiguió alterar el humor, conseguir que varios cuestionaran el latir de sus corazones y con ello, la histeria que llevo al segundo menor del grupo a restregar su puño contra su rostro. Aunque no hubiese sido el único que se hubiese preguntado si acaso aquello no era un paraje del mismo infierno en donde se castigaba con la claustrofobia.

—¿Te ha dolido? Pues sigues vivo. Y así nos mantendremos.

La advertencia no quedó rezagada, si con ello calmó a los presentes no lo hizo. Pero mantuvo el silencio. El mismo que fue quebrado por el crujir de las paredes y el temblor que se acrecentó al insistente rasgueo de la biwa. Se preparó para caer en un sitio completamente diferente, pero a cambio el rugir proveniente desde el fondo de lo que había bajo sus pies le causó un escalofrío que enfrió sus manos y que aletargo el palpitar de su pecho.

—Rengoku—llamó, abandonando la retaguardia y alzando la vista al techo cuando un líquido espeso y transparente empapó su frente; húmedo y pegajoso con aroma putrefacto que se derramaba como una pesada lluvia de saliva. El miedo lo atrapó por los tobillos hasta que se percató de que una viscosa lengua reptaba hasta su cintura.

No era un pasillo; era la boca de un gigantesco demonio.

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Mensaje por Rengoku Kyojuro Lun Ene 04, 2021 8:32 pm

¿Te duele mucho la herida?

Mientras los cazadores sobrevivientes se agrupaban para descansar, reunir provisiones, y montar un campamento improvisado con lo que pudieran tener alrededor, Kyojuro se tomó un momento fuera del trabajo para revisar el estado del pequeño kakushi.

El niño seguía sin dar muestras de querer hablar, y su mirada estaba vacía. Apenas podías saber que te escuchaba porque giraba su cabeza ligeramente en tu dirección, dando a entender que una parte de él aún se resignaba a morir.

Para Rengoku eso era más que suficiente para tener la esperanza a flote, esperando por su mejoría. Con una sonrisa cálida, se puso de cuclillas frente a él, posando sus dos manos sobre los hombros más pequeños. Lo examinó de pies a cabeza, ajustando los vendajes que parecían flojos y cambiando aquellos ya empapados en demasía.

Mientras se encargaba de cuidarlo, no dejaba de hablar. Le comentaba cosas más allá de la siniestra situación en la que estaban envueltos. Hablaba de su hermano menor, similar a él, y cómo solían jugar o practicar con la espada en sus ratos libres, de sus experiencias bonitas durante sus viajes: cómo se pondrían pronto las flores de cerezo en cuanto llegara la primavera, lo divertido que sería compartir el primer día del florecimiento con los demás comiendo bocadillos en un picnic.

El niño no parecía hacerle caso al principio, sin embargo, a medida que iba hablando, algo en su mirada comenzaba a recobrar un poco de luz. Casi al final, cuando Rengoku terminaba de anudarle el vendaje, sintió cómo una mano más pequeña se apretaba en torno a la suya, temblando.

Todo estará bien —prometió, ofreciéndole otra sonrisa, y con la mano libre, le revolvió los cabellos cariñosamente, justo antes de que Tokito regresara con una dotación de comida bastante generosa.

La dieta frugal logró mantener el hambre a raya y eso era suficiente. Rengoku contempló luego de varias horas sus alrededores: los cazadores descansando, algunos tranquilamente, otros con sueños inquietos que les hacían gemir de miedo. Un par más se encontraba junto a él haciendo guardia, lo cual ayudaba a pasar el tiempo charlando en voz baja sobre cualquier cosa: maneras de salir, cómo reconocer el camino que tendrían por delante y saber si no andaban en círculos, estrategias para destruir a los demonios que pudieran aparecer adelante…

Tokito-kun —la voz del muchacho anunciándose a su espalda lo sacó de sus razonamientos. Kyojuro lo saludó con su semblante todavía en alto, los labios curvados hacia arriba casi por naturaleza a esas alturas—. Tienes razón, ¡y confío en ti mientras no estoy para proteger al resto! Gracias por tu ayuda —se levantó, en dirección a la zona de descanso junto a los otros cazadores durmientes, pero por un instante se detuvo— Tokito-kun —llamó Rengoku, sin voltearse a mirarlo—. Tenemos que mantenernos fuertes, Tokito-kun. Definitivamente saldremos de esta, ¡no pierdas la fe!

Y se mantuvo con esa promesa los siguientes cinco días desoladores. La calma que los arrulló dentro de esas paredes era surrealista. Consiguió que la tensión inicial mutara inexorablemente en una languidez fantasmal. Quizá la soledad era incluso peor que vérselas contras los demonios, pues recorrer aquellos pasillos, habitaciones, jardines, cocinas, estudios y baños desprovistos de cualquier vida resultaba un golpe a la mente mucho más devastadora que el hecho de sentirse en amenaza constante.

¿Qué era peor: morir vagando eternamente dentro de aquel sitio, o siendo devorados por sus enemigos jurados? La primera tardaría mucho más que la segunda, dejando a los cazadores al acecho de sus propios pensamientos, los cuales, para muchos, no eran los mejores compañeros de viaje. Si, más que una muerte violenta, consumirse con lentitud resultaba mil veces peor.

Con eso era con lo que debía lidiar el usuario de la respiración de las llamas, quién se había autoadjudicado el papel de protector de todos esos muchachos. Y podría ser que se convirtiera en una llama de esperanza dentro de un mar de oscuridad. A pesar de todo, Rengoku no era perfecto. Difícilmente alguien lograba comprender su humor, o la manera en la que observaba el mundo. Pero esa energía que brotaba de él, sin embargo, así como la calidez de sus acciones, conseguían mantener a raya temporalmente la ansiedad, el miedo y la desolación entre ellos. Era una lucha constante, pues por más empeño que pusiera, la negatividad estaba siempre cerca esperando el mejor momento para atacar.

El sonido de un golpe rompió la tranquilidad por un segundo a espaldas de Kyojuro. Al voltearse consiguió a un cazador tirado en el suelo y a su frente a Muichiro hablando firmemente. Era cruel, pero estaba en lo cierto. Y tal vez no era la mejor forma de animar a sus compañeros, pero sí una muestra clara de que el muchacho pretendía continuar hasta las últimas consecuencias. Rengoku se volteó a ellos para de nuevo obrar la magia del hermano protector que iluminaba el camino, pero de inmediato se vio interrumpido…

¡Mientras podamos escucharnos entre nosotros, no quedará duda de que estamos…!

…Por el rasgueo del biwa.

Todos ellos sabían lo que eso significaba, pero nadie estaba preparado. Al cambiar de posición, esperando lo peor, Kyojuro tomó con ambas manos al pequeño kakushi y lo puso sobre su espalda, de forma protectora antes de desenvainar su katana.

¡Manténgase todos juntos siempre! —gritó, antes de que la voz de Muichiro lo interrumpiera y justo después de él, la sensación babosa de un líquido espeso derramándose a cuenta gotas sobre ellos. Caliente, maloliente, y nada parecido a lo que pudiera exudarse a través de las paredes si no era por…

¡Mierda!

Al mismo tiempo que Tokito, Rengoku se dio cuenta de dónde estaban. Con una estocada que salió de su ser prácticamente de forma automática, su espada cortó la carne tierna y babosa de aquel demonio para liberar a su compañero. La reacción de la inmunda criatura ante el dolor, por supuesto, hizo que perdieran la estabilidad donde pisaban, pues comenzaba a convulsionar de rabia.

¡Caminen hacia adelante! ¡Hay que salir de aquí! —con su espada manchada de sangre, Kyojuro señaló en la dirección donde podían ver más allá del perfil de dientes y mucosa bucal alrededor, un espacio normal similar a los de antes. La salida de las fauces de aquel ser, se podía intuir.

La lengua medio cercenada intentó tragárselos, pero Rengoku se puso en medio, realizando una de las posturas de la llama para contraatacar y servir de escudo, no sin antes dejar al pequeño niño superviviente en manos de otro cazador para que lo resguardara. Iba a asegurarse de que todos salieran con vida, por la gracia de Buda que lo haría.

¡Dense prisa!

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Mensaje por Tokito Muichiro Lun Ene 04, 2021 8:42 pm

A diferencia del miedo oscuro, la ansiedad de Tokito se pintaba de color rojizo. El rojo de la ira, la envidia y la sangre. En sus memorias más recientes se encontraba aquel templo cuyo apogeo parecía haber sido miles de años en el pasado. La madera mohecida, la humedad que se respiraba en los tablones y las estatuas cuyo vestigio de dignidad se había perdido hacía eones. En el mismo, la risilla de aquel demonio danzarín que se reproducía como un eco de ultratumba cada noche antes de dormir.

“¡No debes morirte!
Vamos, vamos estas delicioso
¡Tienes que sobrevivir para que pueda comerte otro día!”

Los huesos crujiendo bajo la carne, los músculos desgarrados y la piel que se perdía entre sus colmillos; el sonsonete risueño y pegajoso, porque ella lo disfrutaba enserio. Gozaba deleitándose con su cuerpo, extrayendo sus dedos uno a uno y saboreándolos con un placer morboso. Tokito cada vez la odiaba más. La distracción de aquel recuerdo casi le costó la vida.

Rengoku con su velocidad y la presencia oculta que lo sacaron de su letargo. Se movió veloz, como una avecilla en pleno vuelo a nada de dejarse llevar por el instinto y utilizar su nichirin para defenderse. La voz de su compañero retumbó, no en el espacio, sino al interior de su cabeza por las palabras usadas días atrás.

“¡Y confío en ti mientras no estoy para proteger al resto!”

“No confíes en mí” pensó con abatimiento y acompañándose con una expresión sombría. Pero en un tiempo menor al que hubiera estimado, volvió a la carga. No se sentía especialmente revitalizado por un golpe esperanzador, ni mucho menos habiendo recobrado la fe pese al consejo; sencillamente no se veía tan valiente para fallar y dirigirle la mirada otra vez.

Se concentró, pasando de lleno el sentirse nuevamente devorado por un demonio y con su alrededor volviéndose una superficie serpenteante donde era difícil mantenerse en pie. Algunos cazadores se mantuvieron, firmes en su decisión de quedarse, pero eso a Tokito le significaba un problema.

—No estorben—maldijo, tratando de ocultar el deje de preocupación que había adquirido su voz y  descuidando su defensa para servir de apoyo.

No podía realizar ningún ataque directo si debía esquivar aquella hilera desproporcionada de dientes que se lanzaban como filosas estacas. Una de ellas atravesó al cazador frente a él por el vientre y se extendió hasta sus propias entrañas; al tiempo que otra descendía desde donde antes estuvo el techo, rasgando su hombro hasta su codo y provocando un corte profundo que no tardó en sangrar. Giró, destrozando el colmillo y los siguientes en fila.  

—Gracias—dijo a Kokkuri sin temor a ser oído, había sido una apresurada y correcta elección sobre qué parte rescatar de él—¡Concéntrense en escapar!—gritó poco después, sin un cuello que pudiesen cortar, paulatinamente cada presente cometería un error mortal. Jaló por las ropas al menor del grupo y lo arrojó con la fuerza para que se arrastrara hasta el final, en donde desapareció junto a otros cazadores que lo sostuvieron.

Si aquello era la salida estaba a nada de ella y sin embargo, Tokito regresó a la mitad haciendo un esfuerzo hercúleo para levantar su brazo herido y utilizar sus técnicas. Con parte de su codo expuesto, la saliva caliente del demonio que lo rozaba y le obligaba a amortiguar los alaridos de dolor mordiéndose los carrillos internos de la boca.

El piso se movió, con un corte en un arco al paralelo al suelo, la fuerza de su ataque le hizo caer y rodar, cayendo de espaldas cuando una lengua amenazó con destajar su nuca. Sin darle tiempo de pensar o reaccionar, debió responder a los golpes desde aquella incómoda posición. Recibiendo una, luego varias de ellas y que se iban multiplicando cada vez más, hasta que se recordó por milésima vez la cantidad de veces que habría muerto de no ser por Kokkuri.

—Ter…cera postura—“niebla de ocho capas” la serie consecutiva de ataques lo libraron de la amenaza el tiempo exacto para levantarse; sin percatarse de la violenta trampa tras ese valioso momento. Con una gran cantidad de látigos húmedos que le hicieron esquivarlos; en una fracción de segundos se arrastró, con colmillos esperando recibirle y cerrarse sobre él cual doncella de hierro; extendiéndose a enorme velocidad junto a las lenguas que retomaron sujetándole de un pie y retorciéndole la extremidad.

Detrás de él la muerte le daba la bienvenida y también frente, una menos llamativa sobre su cabeza. Mientras más cortara, más de ellas vendrían por él.

“¡Piensa, piensa, piensa!" Se rogó con desesperación, con la sangre del demonio empapando su espalda y el crujido de varios huesos rompiéndose bajo la presión “¡Apresúrate, tu compañero necesitará de ti!”


“¡MUICHIRO REACCIONA!”


—Mar de neblina—con un círculo perfecto, el tajo se deshizo del agarre que lo mantenía prisionero y también lo hizo con las estacas amarillentas que llegaron desde arriba y las que estaban en su retaguardia.

La brutalidad del ataque le hizo rodar, hasta que el pequeño bulto chocó contra Rengoku. Reincorporándose en el acto y posicionándose contra su espalda, utilizando su propia nichirin como apoyo; la sangre derramándose en cantidades insanas por la parte baja de su uniforme y el demonio, quien se daba un sabroso tentempié con el pie que el mismo tuvo que  cortarse de manera rápida y limpia para salvar con vida.

—Sólo faltamos nosotros—quejó, como si acabase de perder alguna apuesta. Fastidiado por estar al final, perdiendo como de costumbre. Bufó, escondiendo su dolor y el cual nublaba parte de su vista. Se cagaba en la maldita ironía—No pude protegerlos a todos. Por eso…te dije que no era de confianza—quejó, sin caer en cuenta de que aquello lo había pensado y no dicho en voz alta en su momento

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Mensaje por Rengoku Kyojuro Lun Ene 04, 2021 8:47 pm

El ruido dentro de la siniestra cavidad bucal reverberaba y multiplicaba gracias a la resonancia de las paredes a tal punto que se convertía en una molestia ensordecedora: gruñidos guturales del demonio nacidos desde el fondo de su garganta, los gritos de los cazadores confusos entre huir o quedarse a ayudar, así como el llanto de algunos demasiado aterrados como para resistir la tentación de marcharse de allí cuanto antes. El único que lloraba estático era el niño kakushi.

Todo eso inundaba los oídos de Kyojuro, quién de todas formas realizaba esfuerzos sobrehumanos para mantener a raya gran parte de las extensiones mucosas provenientes del suelo, donde antes existía una sola lengua (que ahora era como la mismísima hidra). Lo único que buscaba, blandiendo su espada, cortando y cortando sin piedad, era darles instantes libres a los demás. Que pudieran salir antes de ser devorados.

Aunque los gritos y llantos angustiosos le taladraban el cráneo, él hacía todo lo posible por no ceder, por no perder la concentración y continuar con su trabajo. La tensión que cargaba encima provocaba que muchas de las venas en su sien, brazos y manos se marcaran rigurosamente. Si le veías el rostro, encontrarías una expresión feroz e intensa en vez de la sempiterna sonrisa por la que el primogénito de los Rengoku solía caracterizarse.

Ahora solo era tiempo de matar.

Honō no kokyū, Ichi no kata: Shirainu!

A esas alturas había perdido la cuenta del número de posturas de la llama ejecutadas. Unas con mejor maestría que otras ante la premura, pero todas con el mismo efecto: cortar las malditas lenguas, salpicar sangre demoníaca, evitar que se extendieran más allá de él, crear una abertura… sabía que no podía abarcar la totalidad de esas enormes fauces, pero al menos, desde su lado, se aseguraría de darle las mejores oportunidades a los otros cazadores con menos capacidades para defenderse.

La mente de Kyojuro solo se centraba en esto, intentando aislar el infierno acústico de gritos e histeria. Por eso no era consciente de las penurias por las que su propio cuerpo comenzaba a pasar. Los ríos de sangre cada vez más notorios derramándose desde diferentes puntos del cráneo y deslizándose hacia abajo en manchas rojas oscuras y calientes mezcladas con sudor. O el dolor persistente en la espalda, el hombro, el estómago, por golpes consecutivos que en el pasado recibió de lleno y que serían cardenales seguros tatuados sobre la carne.

Un poco más. Solo un poco más.

Un poco más y los gritos pronto dejarían de escucharse, pues se volverían lejanos al tener a los refugiados lejos de esa cavidad infernal. Un poco más, y podría poner a la mayor cantidad de cazadores a salvo. Un poco más y él y sus otros compañeros combatientes tendrían la oportunidad de retirarse para ver el siguiente amanecer. Un poco más. Un poco más…

Escuchó un crujido, antes de darse cuenta de que provenía de él. Había perdido de vista una de las múltiples lenguas, y eso le costó caro. Fue como recibir un mazazo en pleno plexo solar. El golpe le arrancó el aire de los pulmones con violencia, a la vez que lo arrojó contra la pared hasta hacer que el dolor en su espalda aumentara y se extendiera hacia la nuca como un corrientazo capaz de sacarle un grito.

A Kyojuro la vista se le nubló por unos instantes, apenas captando el movimiento de las lenguas queriéndose acercar reptantes antes de convertirse en nubes borrosas. Un parpadeo confuso, dos parpadeos, luego su frente volvió a tener nitidez, justo en el momento idóneo para contemplar cuándo uno de sus compañeros era aprisionado por el demonio mientras otro yacía clavado sobre unos colmillos que parecían estacas.

El primero y que aún se mantenía con vida era Tokito.

Madre, por favor, dame la fuerza para ponerlos a salvo. Permíteme ayudarlos una vez más.

Cuando respiraba dolía. Tenía las costillas flotantes fracturadas. Eso no le impidió que tomara valor e inspirara una bocanada para de nuevo pasar a la respiración de concentración total, atravesando un mar de dolor tan infernal como las llamas que salieron de su espada.

Primera postura otra vez. Fuego desconocido. Con eso la lengua que lo aprisionaba contra la pared mucosa ardió y él pudo liberarse. Rengoku rodó y se incorporó a tiempo para esquivar otro latigazo, dando los pasos que lo llevarían a estar de nuevo al lado de Muichiro, resollando.

Tokito, los demás están a salvo —mencionó, esta vez no con el ímpetu optimista usual en su voz, sino de manera tajante, apegado a esa realidad—. No podemos hacer nada por los que perdimos, pero si por los que aún se mantienen con vida. ¡La vergüenza de no haber podido ayudarlos a todos la compartimos ambos, pero primero nos aseguraremos de que no vuelva a pasar!

La fuerza impresa sobre el agarre de la empuñadura era tan sólida como el acero de su nichirin. Esa era la única manera que Rengoku encontraba aceptable para drenar la frustración y el dolor de fallarle no solo al cazador fallecido, sino también a Muichiro cuando más lo necesitaba. Si él hubiese estado allí, no habría necesidad de que perdiera su pie.

La rabia encendió de nuevo su espíritu de lucha, y también le brindó fuego una vez más a su espada. Con una llamarada proveniente de su respiración, Kyojuro apuntó una zona sensible dentro de la boca para que el demonio perdiera la concentración sobre ellos. De inmediato alzó a Tokito en volandas y corrió lo más que pudo lejos de las endemoniadas fauces.

¡Aguanta! —gritó, sin saber si se lo decía a su amigo o a él mismo. No importó de todas formas, porque al final del camino si hubo una luz que los recibiera y junto a ella, varios brazos preocupados listos para correr en cuanto estuvieran fuera.

¡Está herido!, quiso gritar y advertir sobre el estado de Tokito, pero no se encontró capaz de hablar. Escuchó más bien de nuevo el murmullo de voces preocupadas y la sensación de ser tirado lejos, lejos, lejos, como si corrieran por varios pasillos dejando atrás una maldición.

El aturdimiento y el dolor pudieron con Rengoku al final, logrando que por un momento se apagara gran parte de su conciencia.

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Mensaje por Tokito Muichiro Lun Ene 04, 2021 8:52 pm

En aquella capsula oscura Muichiro no necesitaba verse para saber que su rostro se encontraba impregnado en odio y rencor, pero por sobretodo, arrastraba humillación. El cuerpo sentado a su lado se reconfortaba con su exhalación de negatividad; no le escuchaba particularmente escandaloso, más presentía su fingido pesar entre sus bisbiseos histéricos.

Le miró con horror e incredulidad. Su piel fría y blanca como la cal eran una copia del la suya propia; con cicatrices y lunares incluidos. Dos manchas detrás de la oreja fácilmente visible por un mal corte de cabello. La imagen de sí mismo le devolvió la boca curvada hacía abajo; con los labios resecos por la falta de agua y el agotamiento acumulado bajo los ojos. Era el único iluminado, dejándole a él como una sombra mal proyectada por la titilante luz de una inexistente vela.

“Otra vez” pensó con fatiga, hastiado se verse en el mismo sitio cada vez que sus emociones se agolpaban en su interior hasta explotar como una bomba. Negado a verse derrotado, acabó sonriendo de medio lado y dejó caer los párpados con petulancia. Ni siquiera su pose quedó exenta de pedantería, pero para sus sorpresa la figura  a su lado conseguía hacerlo de manera aún más magnifica. No jugaba a creerse insuperable, sabía a ciencia exacta que lo era.

Aquel Muichiro se envaró ante sus ojos evasivos y se adelantó para hablar con ponzoña.

—Pudiste salvar tu propia vida. Nadie te lo habría reprochado—dijo con mueca de asco superlativo, analizando la pieza faltante en el puzle que se había transformado su cuerpo—. Ser pilar será más difícil que nunca. Dime, Muichiro, ahora más bien finito ¿valió la pena?

Gruñó, furibundo, apretando los dientes y con la respuesta en su mente tan evidente que generó una sonrisa de su vil acompañante. Este se aceró y susurro en su oído con labios que quemaban al hacer contacto.

—No eres el bueno de esta historia. Eres el hermano problemático y violento. No está en tu naturaleza servir a los demás. No, Muichiro. Si deseas ser infinito, los demás deberán servirte. La luz y la bondad no generan lo que tanto necesitas.

El alarido de dolor lo sacó del limbo, escapando de la prisión de la autocompasión con la voz ahogada al recuperar conciencia.

En su desesperación golpeó, sintiendo la nichirin lejana y el cuerpo de Kokkuri muy tibio allí donde su piel se enfriaba; percibiendo a su salvador como un enemigo más y tomándole una profunda bocanada de aire fresco para ver de quien se trataba. La torpeza de quienes le recibieron se calaron en su cuerpo magullado, chilló algo ininteligible. Algo relacionado a “que nadie me toque” que se repitió un sinfín de veces hasta que su mente se desconectó. Tokito sostuvo su estómago ensangrentado, evitando que las manos intrusas se metieran por allí.

Abrió sus ojos, con la mente que divagaba entre recuerdos, alucinaciones y el cabello rubio de Rengoku a poca distancia de él. El terror le hizo temblar, temiendo lo peor y queriendo pronunciar su nombre, pero tan débil luego de su pataleta que apenas poseía un hilo de voz.

Maldijo su debilidad, se odió y se encontró deseando la muerte hasta que una mano sostuvo las suyas y le calmó con las palabras que más ansiaba escuchar:

—Está grave, pero sobrevivirá.

A continuación, el cansancio venció, apoderándose de él.  No abrió los ojos hasta varias horas después. Más calmado, menos culpable, pero con un nuevo sentimiento: temor. No de otros, sino, de él mismo.

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