Kimetsu No Yaiba:悲しみに囚われた
Fall of the Heavens

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P05.Proscritos
campo1 frase : The roaring thunder will tear you apart.
Campo2 Mini imagen : I fell, I died, but then I awoke my true self [Mei ID] Sin_tz28
Campo3 Experiencia : 1
Yenes : 1
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Mensaje por Raiden Mei Mar Mar 22, 2022 9:59 pm

Raigeki
Rango: 6 Clase: ProscritoEdad: 28 añosOcupación: Proscrito Altruistas
Raiden MeiFrom weakness and death, my true strength was born
Psicología Mei es una mujer que, si bien toda su vida se preparó para el conflicto, para honrar su juramento y portar su apellido con orgullo, sucumbió ante la crueldad de sus enemigos, la fría traición de los que alguna vez compartieron con ella como hermanos, y la indiferencia de un mundo que tenía otros planes para ella, unos que le llevarían a trascender la muerte.

Una mujer que guarda un fuerte rencor contra los de su misma raza, y desconfianza hacia los humanos debido a todas las veces que fue herida por estos; ambos bandos culpables de la masacre de los que compartían su apellido y su sangre, suficiente como para hacer que incluso en sus últimos alientos de vida, su mirada ardiera con odio, siendo esa su mayor fortaleza y convicción. No obstante, sus ánimos se mantienen serenos cual calma antes de la misma tormenta que arrasará con todo a su paso, actitud que también compartió alguna vez durante su vida mortal, pues no considera que, en su posición, ni tampoco con sus habilidades, deba aprovecharse de aquellos que son inferiores a ella, siempre que no lo merezcan.

Si bien desconfía de los seres humanos, sabe que estos pueden cambiar, ser nobles de corazón y actuar hacia el bien común de los de su tipo, siendo esas ocasiones excepcionales donde ella es capaz de brindar apoyo, siempre y cuando de verdad sea necesario. A pesar de sus capacidades, prefiere ser una testigo, no una heroína ni mucho menos una villana. Ayuda a los que deben ser ayudados, y trae muerte a los que deben morir.

Si bien no recuerda mucho de su antigua vida tras su conversión, siente un gran respeto por aquellos que comparten el arte de la espada como ella, considerándolos guerreros dignos, incluso ante aquellos cazadores que muchas veces han ido tras ella. Desenfunda su acero contra ella con respeto y maestría, y ella responderá de la misma manera.

Aunque piense de esta manera, entiende su situación y sabe muy bien que su presencia no es de agrado para ninguno de los bandos, que es una criatura asesina a ojos de muchos, despreciable ante los de su misma raza, pero ¿Esto hace alguna diferencia? Mei sabe bien lo que debe hacer, y lo hace como debe hacerse. Entiende lo que es ser un demonio, las complicaciones que eso trae consigo, pero las enfrenta día a día. Este es su camino, y lo recorrerá sin dudar.

HistoriaHasta hace algunos años existió un clan servil al shogunato, cuyos integrantes se habían perfeccionado en el arte de la espada, además de las técnicas propias de los cazadores todo para hacer frente a estas criaturas que aprovechaban el caos para traer muerte y destrucción. Este clan era el clan Raiden, guerreros cuyos nombres podían aparecer a lo largo de la historia como el brazo ejecutor y armado de aquellos en el poder, trayendo seguridad en momentos de crisis, y cuando el sol se ocultaba en el horizonte, defendían con sus propias vidas a los que juraron proteger de las amenazas de los demonios.

Portadores del aliento del relámpago, técnica recibida y perfeccionada por el primero de los Raiden, Mitsunari, quien pasaría a sus futuras generaciones esta habilidad con tal de cumplir su misión. El tiempo pasaba y con ello nuevas generaciones entre los Raiden llegaban, siendo Mei la última nacida del matrimonio entre su padre, Raiden Ryoma, y su madre, Murata Chihiro.

La infancia de Mei fue como la de cualquier hijo o hija nacida en una familia militar importante por lo que se le podía ver entrenar hasta tarde con tal de cumplir las expectativas de su familia, las de sus superiores y a futuro, las del mundo que en algún momento grabarían su nombre en la historia tal y como habían hecho sus antepasados. Una pequeña ambiciosa, pero tenía la técnica y voluntad para lograrlo.

La madurez de la pequeña flor de azafrán llegó con el pasar de los años, volviéndose una mujer de gran belleza similar a la de su madre, y de una mirada dura pero piadosa, idéntica a su padre, además de ser una digna portadora del emblema de su clan y con ello de su acero. Sus logros no pasaban por alto, pero aquello nunca hizo que desviara su atención hacia aquellas trivialidades, sino que con la edad llegó la madurez, y con ello el deseo de servir al Shogunato, a su gente, pues el verdadero valor de sus enseñanzas se vería reflejado en sus acciones como persona, no sólo con la forma en la que blandiera de su arma.

Tal como su padre, y el padre de su padre, fue capaz de heredar el aliento del relámpago, haciéndolo propio y su principal fortaleza, usándola para mantener la paz en las cada vez más fracturadas vidas de los que su clan había jurado defender ¿Por qué? Pues porque la guerra era cruel, y usualmente hacía que las verdaderas intenciones de las personas salieran a la luz.

No era difícil suponer que muchos querían el puesto que esta familia poseía, y tampoco que durante muchos años diferentes intentos de asesinarles habían ocurrido, aunque todos eran reducidos no sólo por la familia, sino también por sus fieles aliados.

Fieles hasta que más estuvo en juego.

Una fatídica noche, Chihiro fue asesinada a sangre fría por una de las criaturas de la noche que tantos años llevaban combatiendo, todo ocurriendo dentro de los aposentos del clan; alguien había facilitado el ingreso de esta bestia, alguien cercano a la familia ¿Algún guardia? ¿Tal vez un superior? Nunca fueron capaces de descubrirlo, principalmente por las consecuencias que eso involucró. La muerte de Chihiro hizo que Ryoma cayese en una profunda tristeza, poco a poco dejando de lado sus deberes con el clan y el shogunato, siendo dejado de lado por sus aliados que de la noche a la mañana no le consideraban digno ¿Cómo nadie podía ver qué estaba pasando? Mei lo hizo, pero parecía ser la única de su familia que lo hacía. Obtendría la respuesta de esto de la manera en la que menos se lo esperaría.

Usando los constantes conflictos armados entre samuráis de diferentes facciones, los Raiden fueron atacados en la oscuridad de la noche, más no se trataban de humanos solamente, sino también de demonios ¿Unidos? ¿Cómo era eso posible? La codicia era algo que trascendía las razas, y corrompía los corazone.

Raiden Akiro, su propio tío, fue quien cortó el cuello de su padre delante de los ojos de Mei, ayudado por su mujer, quien devoraba sin compasión el cadáver de los guardias del clan, dejando más que clara su naturaleza vil ¿Cuándo había ocurrido todo eso? ¿Cómo era posible que su propia familia le traicionara?

Era su turno de dejar este mundo, pero quizá por cosa de suerte o del destino, el sol salía por el horizonte, y con ello soldados aliados del clan Raiden, que lograron repeler a las criaturas y a los humanos traidores con su acero, dejando sólo a Mei entre cadáveres y sangre, aún sin creer qué era lo que había ocurrido.

***

Como era de esperarse, ante la caída del clan Raiden y su antiguo líder, su tío adoptó el puesto, dejando al antiguo clan en las sombras, a pesar de las protestas de Mei, la que fue acusada de que había perdido la cabeza, que la muerte de sus padres a manos de los demonios finalmente le había roto, palabras que fueron compartidas por sus superiores, dejándole finalmente a su suerte.

Esa fue la primera vez que el corazón del samurái ardió con tanta ira que no dudó en desenfundar su katana contra de su tío, ganándose la fama de traidora y ruin escoria, pero logrando escapar no sin heridas en su cuerpo y alma. Estaba sola, la vida que conocía ya no era más, y por primera vez en muchos años se dio el lujo de llorar. Un llanto desconsolado de tristeza, miedo y dolor, uno que fue ahogado por la misma furia del cielo en forma de relámpagos.

¿Qué le quedaba? Una promesa, sus armas y ese deseo de venganza que ahora le consumía, que le atormentaba cada día pero que pasaba a ser su nueva fortaleza. De esta manera un camino de venganza llegó, blandiendo su espada contra aquellos que alguna vez consideró cercanos, amigos, pero que ahora tenían las manos manchadas de sangre igual que su familiar, sucia escoria ruin.

Pero ¿Qué era un simple samurái contra un clan completo? No era una super humana, no tenía capacidades sobrenaturales, y su aliento era compartido con Akiro. Era una batalla que no podría ganar, y la primera muestra de ello llegó cuando en un combate crudo y sangriento contra las tropas de Akiro, Mei casi pierde la vida.

No recordaba bien lo que había ocurrido, pero notó un rostro familiar entre la luz de las velas, el rostro de su alguna vez maestra, que le traía una última oportunidad para luchar, y con eso encontrar el final que tanto ansiaba encontrar el joven samurái. La moribunda samurai sintió algo cálido en sus labios, ese sabor metálico que tantas veces había probado luego de los entrenamientos ¿sangre? No estaba segura, pero aquello hizo que el dolor de su cuerpo disminuyera, la respiración a sus pulmones, y su vista.

“Esto te dará fuerzas, las suficientes como para alcanzar lo que deseas con tantos anhelos”

No respondió más que con una mirada severa, cansada y débil ¿Por qué le ayudaba ahora? ¿Qué deseaba de ella? No importaba, sólo deseaba calmar el dolor en su cuerpo y en su alma, matar a los que le arrebataron todo, y finalmente poder encontrar su propia muerte.

“Ahora ve”

El dolor no cedía por completo, pero ya no podía compararse contra el que tenía en su pecho nacido del deseo de llevar a cabo su venganza, fue de esta forma en que, en medio de una escaramuza contra una facción rival, Mei encontró a Akiro.

No hubo palabras, no hubo formalidades ni tampoco remordimientos, solamente el sonido de las espaldas chocando debajo de la lluvia, de entre los gritos de los soldados que luchaban incansablemente. No fue suficiente.

Los cortes sangraban, la pérdida de sangre se hacía evidente en el cuerpo de Mei; la visión borrosa se dificultaba aún más por la lluvia sobre sus ojos, los jadeos se hacían más constantes, y ya ni siquiera podía sostener su espada como tanto había practicado. La diferencia entre ambos era evidente, y había sido una tonta al creer que podría superarle con un ritual como ese. Estaba desesperada, y eso ahora había cobrado lo suyo.

La espada de su alguna vez familiar atravesó su pecho hasta el otro extremo, ahogando un jadeo moribundo de parte de la joven quien se aferró con sus manos desnudas al acero ensangrentado de Akiro, sin importar que su piel fuese cortada en un último intento de seguir luchando. Inútil fue.

La espada quedó en su pecho mientras se desmoronaba sobre sus rodillas, pero sin alejar la mirada de su enemigo, esa mirada de odio que ahora ardía cual tenue vela en medio de una tormenta, para finalmente apagarse y con ello su vida. Lo único que quedó de Mei fue su cuerpo en medio del campo de batalla, una muerte más en un terreno donde no importaba, luciendo la marca de la lluvia, la sangre y las lágrimas en sus mejillas, fría. Muerta... o al menos eso creyo tanto ella como Akiro.

Este le dio la espalda, pero ese fue el momento en el que el cuerpo del joven samurái se movió, primero con pequeños espasmos de sus brazos, siendo el derecho el que terminó tomando la espada desde el acero, sacándola de su pecho para dejar así que la sangre fluyera, parándose a los pocos segundos; Akiro se volteó, observando horrorizado aquellos ojos inyectados en sangre que ahora no sólo poseían convicción, sino también un instinto asesino capaz de helar la sangre. Ya no estaba en presencia de lo que alguna vez fue Mei, sino que ahora era algo más. Un verdadero monstruo.

Antes de que pudiese reaccionar, tanto su espada como la de Mei se cruzaron en su cuello, decapitándole en un par de segundos, quitándole la vida con una rapidez impresionante, todo para que su cuerpo fuese devorado allí mismo, saciando un apetito voraz que alertó a todos los guerreros por igual. Un demonio se había alzado, uno que había asesinado al honorable Raiden Akiro, ganándose una sentencia de muerte inmediata.

La criatura escapó en el velo de la noche, sin ser vista otra vez...

Una vez más el tiempo hizo lo suyo, y con esto trajo de vuelta a la joven samurái, quien finalmente había comprendido lo que ahora era, la oportunidad que le había dado su maestra, dominando su nuevo cuerpo, sus capacidades, pues, aunque Akiro había muerto, sabía que aún quedaba mucho por hacer.

Fue así como de entre los relámpagos, el dolor y la muerte, surgió aquella criatura en busca de venganza, y respuestas que aún debía obtener.

Extras

° A pesar de que ahora no es capaz de usar su Aliento del Relámpago, muchas de las formas en las que blande su espada y habilidades demoniacas son de este estilo. A ojos de cazadores experimentados, aquello puede ser intrigante.

° Cuando canaliza su sangre, esta se muestra errática cual electricidad, de tonos rojizos y violetas.

° Su espada no posee nombre, pero está en busca de uno que refleje su nuevo ser.

° Suele alimentarse de criminales, pero cuando su hambre es demasiada, ha consumido civiles inocentes.

° Aunque ahora es una demonio, los animales se acercan a ella y se muestran amigables. Es una de las cosas que mantiene de su antigua vida.

° Cuando no está rastreando a sus objetivos, suele vagar.

° De las heridas en su frente crecieron dos cuernos de sangre solidificada. Pueden romperse, y usualmente requieren unos minutos para volver a crecer.

Prueba de Rol

Los gritos aterrorizados de aquella joven pareja se podían escuchar en medio del bosque donde residía su hogar, un sitio tranquilo donde la paz reinaba... pero a la vez un sitio donde nadie sería capaz de escuchar tus gritos.

¿Qué era lo que los arrancaba de sus gargantas? Un demonio de mirada retorcida, que babeaba profusamente desde la comisura de sus labios, famélico y dispuesto a alimentarse de aquella desgraciada pareja de recién casados.

La bestia ya había devorado el poco ganado que tenían, y ahora había acorralado a los dos inocentes humanos con tal de saciar esa hambre voraz que le consumía entre risitas insanas salientes desde sus labios agrietados.

Un delicioso bocadillo... Ah, qué afortunado soy  — Su estado delataba que se trataba de un demonio recién convertido, ansioso de probar sus recién adquiridas capacidades. La pareja temblaba, incapaces de articular palabras desde sus labios por el terror que les causaba aquel ser, el que se acercaba lento hacia ellos como cazador que juega con su presa, listo para saltar sobre estas en cualquier segundo. La posición feral de esta criatura lo hacía mucho más atemorizante, pero justo antes de que se lanzara hacia los humanos, un aroma nauseabundo para él llegó a su nariz, logrando sacar una potente arcada que incluso hizo que algo de los consumido regurgitara violentamente.

—  Este aroma... esta peste — Fue lo único que pudo decir, hasta que notó dos ojos de matices violetas y rojos que le observaban desde la oscuridad, pasando a ser lo segundo que vería, pues la luz de la luna se reflejó por unos segundos en esa pieza de metal que aquella figura desconocida blandía.

— Mierda, no esperaba encontrarme con un cazador acá. No importa ¡He sido bendecido más allá de la muerte! Y matar a un cazador será la forma más rápida de demostrar a mi señor que puedo llegar lejos, que puedo ser el más fuerte ¡Que puedo ser el próximo...! —

No hubo tiempo para responder, pues con un corte tan veloz que apenas fue capaz de ver el arco de la hoja, su brazo derecho se desprendió de su cuerpo, haciéndole soltar un alarido similar al de un animal ser lastimado, haciéndole retroceder para ponerse a la defensiva, todo mientras la pareja aprovechaba la situación para ponerse a salvo.

Ese hedor... ¿Un cazador de Aliento de veneno? No... no... pagarás ¡Pagarás por lo que me has hecho! —  Castañeó sus dientes, arrojándose contra la figura que permanecía oculta entre las sombras, pero que con cada paso que daba dejaba que la luna iluminara de su cuerpo, mostrando dos llamativos cuerpos carmesíes.

Tú... tú no eres un cazador... traidora ¡Traidora! ¡MI SEÑOR SE ENTERARÁ Y TE HARÁ SUFRIR! — Amenazó la bestia entre su ataque, lanzando mordidas y arañazos que fácilmente fueron desviados por el filo negruzco del arma de aquella guerrera, dejando entonces que el filo de su arma se cubriera de sangre, extendiendo el rango de la hoja, logrando conectar tal corte que fácilmente cortó en dos a su enemigo, más sin matarlo aún, haciéndolo caer separado seco al suelo entre gritos de agonía.

El filo carmesí y negro de la extraña arma se posó en su cuello, haciéndole tragar saliva ante un final inminente. Fue recién allí que la voz femenina hizo presencia, una voz que preguntaba por una mujer completamente desconocida para la criatura que sólo negó con su cabeza, usando su brazo libre para tratar de alejarse, pero sin lograrlo, y que su regeneración aún no tomaba efecto ¿Nichirin? No era posible ¿Cómo una de las suyas portaba semejante arma?

La guerrera no agregó más preguntas ante la negativa del demonio, y de un corte seco, separó la cabeza de su cuerpo, alejándola del resto de lo que alguna vez fue la criatura. Limpió de su espada para volver a enfundar de esta... para entonces encontrarse que un nuevo acero apuntaba hacia ella ¿Quién? El joven marido, amenazante, apuntando a la demonio.

¡Atrás, monstruo! Sé que eres igual que él... ¡Todos son iguales! Sucia escoria que no merece pisar estas tierras.

Mei simplemente le observó con aquellos ojos severos, más sin sacar su espada aún.

Deben mantener la cabeza lejos del cuerpo hasta el amanecer, y de esta forma le destruirán por completo. Les recomiendo que...

Pero fue interrumpida por un grito del hombre, haciéndole guardar silencio  — ¿Acaso crees que somos estúpidos? Sabemos que nos matarás apenas te demos la espalda, sucia bestia ¿Por qué una de las tuyas nos ayudaría?  — Vociferó, escupiendo en dirección a la demonio.

No hubo respuesta por parte de Mei, no más que una mirada severa — Sólo estaba de paso — Agregó tras unos segundos, dándole la espalda al hombre quien mantenía la guardia alzada, observando como la criatura de cuerno carmesíes volvía al bosque para no volver a ser vista por aquella pareja. Cuantas veces ya había vivido encuentros como estos, pero aun así no podían hacerle ceder. Aquella noche había salvado dos vidas, sin gratificación alguna ¿Importaba acaso? No lo hacía por el reconocimiento. Lo hacía porque tenía que hacerse, y si con ello impedía que un par de vidas inocentes se perdieran, seguiría de esa forma.   


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Mensaje por Fokkusu-san Mar Mar 22, 2022 10:45 pm



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