Kimetsu No Yaiba:悲しみに囚われた
Fall of the Heavens

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悲しみに囚われたくはないTablón de anuncios

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P06. Pueblo Llano
campo1 frase : "Maestro no soy, maestra la vida. Maestro el mundo, yo solo un simple alumno"
Campo2 Mini imagen : Zhang Li Xing || ID Sin_tz28
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Zhang Li Xing || ID Empty Zhang Li Xing || ID

Mensaje por Zhang Li Xing Jue Mar 24, 2022 6:42 am

Zhang Li Xing
Rango: 1Clase: Civil Edad: 16 añosOcupación: Monje errante
Zhang Li Xing "Maestro no soy, maestra es la vida. Maestro el mundo, yo solo un simple alumno".
Psicología Si existe una palabra capaz de definir el carácter de Zhang de forma resumida, esa es pacífico. Zhang es un chico sereno, tranquilo, que nunca busca las peleas, las guerras, las trifulcas, o las camorras. Siempre que alguien intenta hacerle daño, pone la otra mejilla, y antepone la palabra a sus puños. A veces, con esa actitud, parece que no sepa que se haya metido en un buen lío o que, simplemente, no sea consciente del peligro que corre. Sin embargo, Zhang sabe en todo momento donde se mete, solo que, en vez de resolver las disputas “por la vía rápida”, prefiere el diálogo.

Mantiene un rostro inalterable, como un mar en calma, la mayoría de las veces. Su voz, un vivo reflejo de la paz y la armonía, parece acariciar los oídos de la gente que lo escuchan. Un suave susurro, que se basta y se sobra para apelar a la razón...por lo menos, de unos pocos.

En el día a día, su actitud frente a los demás, ya sea un campesino, un herrero, noble, o el mismísimo emperador es gentil, caballerosa, humilde, y agradecida. Su léxico a menudo resulta demasiado elegante o muy formal para la situación, pero no se da cuenta la mayoría de las veces de esto. Su forma de hablar es así.

“Los puños abren heridas,
La mente abre la imaginación,
Las palabras abren todas las puertas.”

—  Maestro Shao Hao

Historia Podría contaros algún relato épico, o una historia fantástica, pero no sería ni realista, ni tampoco fiel a los hechos que acaecieron. Zhang era un chico muy problemático, el cual se pasaba la mayor parte del tiempo fuera de casa, deambulando por ahí, faltando a la academia, saltándose los entrenamientos, y evitando a toda costa cualquier tarea  intelectual, o de su índole. Esto ocasionó que, en cuestión de modales, fuese un verdadero esperpento. Es por ello que, llegados a un punto, Chang Li, su padre, y Mei Xing, su madre, se pusieron bastante severos. Esto ocasionó varias trifulcas en la familia, de las cuales lo único que aprendía Zhang era a ignorar mucho mejor lo que le entraba por los oídos. Más de una vez se había metido en líos, y su padre le reprendía, anunciando la deshonra en la casa Li Xing si seguía con esta actitud, pero Zhang...no cambiaba.

El infortunio fue a recibir al chico cuando, aquella noche de verano, y esplendorosa luna llena, su suerte se había revertido, en un sinfín de patadas kármicas. Zhang se había atrevido a insultar a uno de los nobles que pasaba por allí, en dirección a la ciudad principal, y que había hecho una parada en el pueblo, para refugiarse en la noche. Entró a la taberna, la única que había, para empezar a beber unas cuantas botellas de licor. La cogorza no tardó en llegar, y pronto se vió el estilo de borrachera que tenía aquel hombre, apenas un joven al que le habían salido cuatro pelos en la barbilla y  en el bigote. Aproximándose a la hija del tabernero, comenzó a manosear, por encima de la ropa, las partes más privadas y no tan privadas. La chica quiso zafarse, haciendo uso de su kung fu, pero su padre le chasqueó la lengua, permitiendo aquella desagradable escena. Zhang entonces, haciendo uso de la discreción, se movió hasta el mostrador del dueño del local, con la intención de agarrar una botella, y lanzársela en toda la cabeza al impresentable. Sin embargo, el dueño lo pilló escabulléndose y, agarrándolo por el camisón, sosteniéndolo en el aire, lo dejó a la vista de todos. Los clientes, la joven y el noble desviaron entonces la mirada, posándola directamente sobre Zhang. No pudo soportarlo más, y descargó toda su ira, con el poder de su voz.

Zhang — "Permitís que este cerdo se acerque a vuestras hijas, ¿solo por que ha sido parido por un coño de ricachona?".

Automáticamente, el noble soltó a la hija del dueño del local, para dirigirse con profunda inquina al chico, ordenándole al dueño que lo sujetase por los brazos. Zhang quiso zafarse del agarre, pero era inútil. Recibió bofetones, patadas, escupitajos, e incluso maldiciones de aquel noble apenas adolescente. Todos allí presente no hicieron nada para detenerlo, ni siquiera la chica a la cual había querido ayudar. Magullado y entristecido por una cruenta realidad, Zhang volvió a su casa, tras aquel fatídico día. No había nada que un sueño reparador no pudiese arreglar. Sin embargo, cuando quiso tirar de los anillos de la puerta, ésta no cedía hacia atrás, como otras tantas veces. Volvió a intentarlo un par de veces más, pero el resultado seguía siendo el mismo. Llamó a su madre, pero ésta no salió a recibirlo. Llamó a su padre, y la única respuesta que obtuvo fue la del cálido viento veraniego, que por alguna extraña razón, se tornaba frío. Miró a través de las ventanas, pero las cortinas de bambú estaban echadas, por lo que no podría ver nada. Golpeó varias veces la puerta, gritándole a las paredes de la casa, pero ellas no devolvían el eco, como otras tantas veces. Acercó el oído a la puerta, y pudo escuchar unos pequeños susurros, provenientes del interior de la casa. Sin lugar a dudas, se trataban de sus padres, pero no entendía lo que estaban diciendo, salvo una palabra: "ignorar".

Zhang se aferró a los anillos de la puerta, mientras se escurría hacia el suelo, mirando la piedra que formaba el discreto camino hasta su casa, dejándose caer tras soltar los anillos, y acariciando las aglomeradas piedras de la calzada. Pronto, una gota de agua salada brotó de su lagrimal, deslizándose por el puente de su nariz, acabando en la punta, y salpicando inocente la piedra. A ésta la siguieron otras dos, pero las siguientes mil vinieron de otro lugar, acompañadas del sonido del cielo, cuya tristeza era más grande.

Mojado y calado hasta los huesos, y con los pantalones y zapatos llenos de barro, Zhang tuvo que buscar el abrigo de la noche, refugiándose en uno de los grandes melocotoneros de la finca de sus vecinos, cuyas copas eran lo suficientemente frondosas como para servir de rústico tejado, sin poder pegar ojo en toda la noche, intentando asimilar todo.

En vista de lo sucedido, Zhang pensó que la mejor idea sería irse a la villa más cercana, una que bajaba hasta el valle, al pie de la montaña. Tardaría unas horas, pero valdría la pena, si quería empezar una nueva vida pues... la anterior se había desvanecido. Aquella vida, en la que podía hacer lo que quería, sabiendo que tenía un hogar al que volver, simplemente aguantando las quejas de Chang y Mei, para luego poder comer,  e irse a dormir. Sin embargo, él vió esta situación como una nueva oportunidad, para poder hacer lo que siempre quiso, sin importar lo que dijesen los demás, y lo haría a lo grande, al llegar a la villa. Fue entonces, que comenzó la nueva etapa de su vida como un sencillo pícaro, el cual se dedicaba a robar de bolsillos ajenos, de los puestos del mercado, y de las casas aledañas. Descubrió que, con el paso del tiempo, se le iba dando cada vez mejor, por lo que poco a poco, conseguía mayores botines, refiriéndose a botín como frutas del día, zapatos de mediana calidad, alguna joya de la que sacar un pellizco, e incluso alguna que otra bagatela, que se iba poniendo en diferentes partes del cuerpo, como una condecoración para un soldado... pero el mundo no había acabado de darle todas las lecciones.

Cierto día, en el que la primavera amanecía, dando paso a los deliciosos melocotones, y abundantes cosechas de arroz, Zhang se encontraba bastante aburrido, pues ya había robado casi de todo. Tenía buena ropa, unas reservas de comida más que aceptables, y alguna que otra baratija de jade que, si se lo montaba bien, podría hacerla pasar por jade de verdad, y sacar un buen pellizco de ellas. Entonces, paseando por el mercado, vió algo que le llamó mucho la atención: Un collar de cuentas, hecho a mano y de madera, con un precioso diseño, simple pero atractivo, colgado del cuello de un anciano, que vestía algo diferente al resto de personas por lo que, aunque lo perdiera de vista entre la multitud, lo encontraría rápido con la mirada. La cabeza del chico comenzó a maquinar, a trazar el plan perfecto, para poder quitárselo, pues el hombre era alto para él, y tenía el cuello de un toro, por lo que tendría que ser casi un suspiro del viento, para poder retirarle el accesorio, sin que se diera cuenta.

Así que, mientras tanto, se ocultó por detrás de los puestos, vigilando en todo momento sus movimientos. No hacía gran cosa, simplemente la compra matutina, pero la cabeza de Zhang hizo clic, cuando se aproximó a uno de los puestos, que vendía collares de todos los tamaños y formas: La oportunidad perfecta.

Tendero — "Buenos días señor, ¿en qué puedo ayudarle?".

Anciano — "Buenos días, me gustaría regalarle un collar a una buena amiga mía, ¿alguna recomendación?".

Zhang conocía bastante bien al dueño de aquel puesto, por lo que, se le ocurrió una magnífica idea para alejarlo. Acercándose a un pequeño estanque, echándose agua por la frente y el pecho, mojando parte de su camisón, corrió hasta el tenderete, haciendo que le faltaba el aire.

Zhang — "S-Señor Wang.... debería.... ir.... ahora mismo a su casa... He visto a su hija Chun...arf...intimando con el hijo del señor Liu...arf".

Gesticulaba, añadiendo nerviosismo a la situación, mientras seguía "respirando con dificultad". Rápidamente, la actitud amable del señor se vió tergiversada, pasando a un estado realmente colérico. La cara estaba completamente roja, y no exactamente del sol que le estaba dando directamente en su pelada cabeza.

Tendero — "¡¿CON GAO?! ¡MALDITA SEA ESA NIÑA, Y SU MANÍA DE LLEVARME LA CONTRARIA!". Mira al anciano, haciendo varias reverencias, cambiando su tono de voz por completo. "Disculpe señor, debo retirarme por unos instantes. Espéreme, por favor".

Y a un paso acelerado, el hombre se perdió entre la multitud, con un semblante serio, rojo de la pura rabia. Entonces, Zhang sonrió para sus adentros, y se dirigió al señor, cuyo rostro permanecía inalterable, sereno, pero con ciertas dudas sobre lo que acababa de ocurrir.

Zhang — "No se preocupe, ya le atiendo yo. El señor Wang y yo somos vecinos, y nos llevamos bastante bien. No creo que le importe que le mantenga cubierto el puesto, incluso creo que me lo agradecerá. Bueno, ¿qué deseaba?". Preguntaba, mientras sonreía alegremente, buscando la inocencia en sus palabras.

Anciano — "Comprendo... entonces no es la primera vez que le ocurren este tipo de cosas, ¿verdad?".

Zhang — "No, claro que no. Su hija y el hijo del señor Liu están profundamente enamorados, pero ambas familias son grandes comerciantes, y compiten todo el rato".

Anciano — "¿Puedo preguntar como es que un joven como tú sabe de esas cosas?".

Al momento de realizar esa pregunta, Zhang pudo sentir como un escalofrío recorría toda su espalda. La mirada del hombre, que hasta hace poco era serena y pacífica, se convertía en una aguzada espada, que cortaba el mismísimo viento. Tragó saliva, y respondió a su mayor, con algo de inseguridad y miedo ahora. Miraba al collar de madera, sin atreverse a mantener la mirada durante mucho tiempo, y sin querer cruzar sus ojos con los de aquel hombre, de aspecto amable... o por lo menos, así se lo pareció en un primer momento.

Zhang — "Pues...no se esfuerzan mucho en ocultarlo, la verdad...".

Anciano — "¿Te refieres a Yun y a Gao?". Objetó, con gran inteligencia.

Zhang — "¡Sí! ¡A eso me refería!".

Anciano — "No decías...¿que su hija se llamaba Chun?".

Al momento, Zhang abrió los ojos, percatándose de su grave error, con una cara de puro terror. El anciano, por su parte, sacaba de la comisura de sus labios una discreta sonrisa, satisfecho de haberle ganado en su propio juego.

Zhang — "Sí señor...claro que s-se llama Chun...".

Anciano — "Oh, perdona los desvaríos de este viejo monje...".

Zhang solo pensaba en una sola frase: ("Tierra, trágame"). Ya lo había pillado, y no podía esperar más. Al ver que el hombre se había echado hacia delante, con el collar de cuentas bamboleándose cual péndulo, procedió a quitárselo rápidamente. El hombre no tuvo tiempo de reaccionar, o mejor dicho, no quiso reaccionar, por lo que el chico pudo escabullirse y mezclarse con la gente, perdiéndole de vista. Mientras corría, miraba a aquel collar que, una vez lo tuvo entre sus manos, una extraña energía recorrió todo su cuerpo, como si se tratase de algún talismán sagrado. Sin embargo, su pronta felicidad acabaría cuando, al no mirar hacia delante, se chocaría contra algo.

"¡Eh, idiota! ¡Mira por donde vas!"

Desde el suelo, y con el trasero dolorido, Zhang miró hacia arriba, topándose con la desgracia en persona.

Joven Noble — "Anda, fijaos quién es...es el chico de la aldea Penwāng. ¿No has tenido suficiente tal vez?". Decía, con una clara sonrisa de satisfacción en el rostro, tras recordar el anterior y violento encontronazo.

Sí, se trataba de aquel noble pomposo, cuyo bigote había crecido, pero simplemente eso. Le agarró por el cuello de la camisa a Zhang, este le escupió en la cara, zafándose de él y de sus amigos, corriendo como podía, tanto como sus piernas le daban, sintiendo la adrenalina en el momento.

Giró a la derecha, saltando dentro de una de las fincas, destrozando varios jarrones de aspecto caro, viendo como los tres chicos berreaban detrás de él, casi pisándole los talones. Siguió todo recto, metiéndose por un pequeño paseo, lleno de setos, pasando entre ellos, rasgando toda la ropa, la que tanto le había costado robar. Miró hacia atrás, observando como le estaban buscando, y como uno de ellos señalaba con el dedo, en su dirección. Giró ahora a la izquierda, introduciéndose por un estrecho espacio, entre una casa de citas y un jardín. Saltó el muro que tenía delante, y tomó el camino de la derecha pero, cuando llegó al final del sendero, ya no había más rutas alternativas: Estaba atrapado.

No tardaron en alcanzarle, escuchando con terror, como es que los zapatos chocaban contra la piedra, sinónimo de que habían saltado el muro. Pronto, los tuvo cara a cara, estando a la cabeza aquel impresentable noble.

Joven Noble — "Vaya vaya vaya... así que el mocoso se ha quedado sin sitio al que huír... qué pena...".

El chico de su derecha se acercó, propinándole un severo puñetazo en la cara, que le hizo perder el equilibrio, cayéndose, y chocando su nuca contra la pared que tenía detrás. Entonces, se aproximaron mucho más a él. El noble pisó la cabeza de Zhang, sonriéndole maquiavélico.

Joven Noble — "Fíjate...das tanta pena, que ni tus padres te querían como hijo... eres una mierda, y nunca me llegarás ni a la suela del zapato".

Sentía rabia, ira, odio. Zhang apretaba los dientes con fuerza y, al escuchar todo eso, agarró los tobillos del joven ricachón que, en respuesta, le propinó una patada en la frente. Sin embargo, Zhang seguía agarrándole del tobillo con ambas manos, con fuerza.

Joven Noble — "Maldito seas... ¡No me contagies tu mala suerte ni tus enfermedades!".

Le propinó otra patada, y otra más, notando como las manos del chico cedían, hasta caerse al suelo, abiertas, junto a un rostro ensangrentado, y una mirada débil, buscando la hostilidad. El noble se disponía acabar con él, pero entonces, una nueva voz se unió a la conversación.




"Deteneos ahora mismo. El chico ya ha sufrido bastante".




Una sombra saltó desde detrás del muro, donde yacía malherido Zhang. Un señor, canoso, con prendas bastante particulares, que destacaban allá adonde fuese: Era el anciano.

Joven Noble — "¿Ah? ¿Y tú quién eres? ¡Nadie te ha dado vela en este entierro!".

Joven Noble 2 — "¡Eso eso!".

El hombre miró al chico noble, con aquellos ojos serenos, con la postura relajada. Intercambió miradas con sus dos secuaces, y le volvió a mirar a él directamente.

Anciano — "¿Por qué le pegáis? ¿Qué mal os ha hecho?".

Joven Noble 3 — "Tenemos que darle una lección, por meterse donde no le llaman".

Anciano — "¿Entonces consideras que educarle es un asunto vuestro, cuando carecéis de aquellos valores que pretendéis inculcarle?".

Los tres se echaron hacia atrás, frunciendo el ceño, mirándose entre ellos, bastante confundidos, por la respuesta del anciano.

Joven Noble 2 — "Eso no es asunto suyo, anciano. Lo que hagamos con él no le incumbe".

Anciano — "En efecto, esta pelea no es mi asunto, como tampoco es el vuestro. Las únicas peleas que se deberían librar, son las de uno mismo".

Los chicos, de nuevo, quedaron desconcertados ante la actitud tan extrañamente pacífica y mística del sujeto. Sin embargo, el noble estaba dispuesto a todo, con tal de acabar con Zhang.

Joven Noble — "Abuelo, no se lo volveremos a repetir: Déjenos pasar ahora mismo".

El hombre cerró los ojos, y volvió a abrirlos, con una discreta sonrisa, la misma que, apenas unos minutos antes, le había mostrado a nuestro ladronzuelo.

Anciano — "Adelante, pasad". Soltó finalmente, haciéndose a un lado, dejando ver al joven herido.

Los tres abusones, al fin, mostraron de nuevo su sonrisa malévola, mirando a Zhang con desprecio. Zhang, por otro lado, miraba con serias dudas la actitud tan contradictoria del anciano, que primero lo defendía, pero después lo vendía por completo.

Entonces, cuando se disponían a atacarle, un susurro salió de la boca de aquel hombre, cuyas palabras resonaron en la mente de Zhang, cual profunda voz de ultratumba.




保护...




Cuando el chico de la derecha del noble quiso golpear a Zhang, una onda de choque salió a recibirle, haciéndole caer de culo, y quejarse del dolor. El noble y el otro que todavía quedaban en pie se miraban, una vez más, confusos por lo que acababa de ocurrir. Sin embargo, ya tenían ganas de vengarse de Zhang, por lo que atacaron a la vez. Despedidos por aquella poderosa ráfaga, y dándose de bruces contra el suelo, los tres acabaron por huír despavoridos, aterrados por aquella brujería.

Joven Noble 2 — "¡E-Es un monstruo, un brujo! ¡Salgamos de aquí, antes de que nos eche una maldición!".

Fue entonces que el anciano, por primera vez en toda esa conversación, se acercó a Zhang, agachándose, para quitarle el collar, y volver a ponérselo al cuello, suspirando del alivio, como quien recupera algo muy preciado.

Sinceramente, Zhang había visto días mejores que este: Su cuerpo, magullado, con cortes de todo tipo por la persecución, y sangrando por la frente, daban a entender que pronto perdería el sentido. No obstante, haciendo uso de la pared, como un buen apoyo, pudo ponerse en pie, después de un gran esfuerzo. El anciano entornó los ojos, como si estuviese encontrando algo y, definitivamente, creía haberlo encontrado. Se dió la vuelta, en dirección a aquella estrecha salida, sin siquiera dignarse a preguntar por su estado al chico.




"¡Espera!".




El hombre se detuvo, cerrando los ojos, esperando a su siguiente frase, como si estuviese adivinando sus intenciones.

Zhang — "Tú...¿quién eres?".

El anciano se mesó la barba por unos instantes, antes de darse la vuelta, y responder.

Anciano — "¿Yo? Solo soy un monje viejo, como bien han dicho tus amigos.".

Zhang — "No eran mis amigos".

Anciano — "Y si lo fueran, me hubiese preguntado cuán curiosas amistades te labrabas por estos lares".

Mientras Zhang le dedicaba una mirada de cierta molestia, el monje anciano se aguantaba una risa, divirtiéndose con las infantiles reacciones del chico.

Zhang — "¿Qué fue eso?".

Anciano — "¿El qué, joven?".

Zhang — "Ellos...no podían pegarme por más que quisieran, ¿qué les has hecho?".

La distintiva discreta sonrisa hizo acto de presencia una vez más, en el semblante de aquel misterioso hombre, que miraba de arriba abajo a Zhang, sin fijarse en su estado malherido. Buscaba... otra cosa, que Zhang ignoraba tener.

Anciano — "Jovencito, aún te queda mucho por aprender de este mundo. La sencillez no funciona en la vida real, pero en estos casos, es mejor que nada".

Zhang estuvo pensando en aquellas palabras por un momento, poniendo exactamente la misma cara que aquellos abusones. El anciano volvió a darse la vuelta, dando por finalizada la conversación, pero de nuevo, Zhang volvió a inquirir.

Zhang — "¡Oye, espera! Por qué...¿por qué me has ayudado? Te había robado el colgante que llevabas...y además, te he mentido directamente a la cara".


Esta fue, quizás, la pregunta más fácil que le podría haber formulado.


Anciano — "Robar y ser mentiroso pueden ser malos actos. A veces, los infinitos senderos marcados por nuestras decisiones nos conducen a lugares oscuros. La cuestión es... ¿Qué es mejor: Haber nacido bueno, o superar tu propia naturaleza malvada, a través de un gran esfuerzo?".

Y fue así como Zhang, en extrañas circunstancias, había conocido al que sería su maestro, padre y mentor: Shao Hao. Sus enseñanzas, a a vez que sus entrenamientos, eran exigentes, duros, y llenos de enigmas a resolver. Pese a esas complicaciones, el joven aprendió de todas y cada una de ellas y, con el paso de los años, fue madurando y evolucionando, cambiando a grandes rasgos la forma en la que veía las cosas. Sobretodo, una de las más importantes fue cuando, al abrigo de la noche, descubrió a aquellas criaturas, los demonios, parecidos a los humanos, tal vez más de lo que creía, pues al contrario que los segundos, los primeros no se molestaban en ocultarlo. La viva imagen de las más puras emociones, elevadas al máximo exponente, combinadas con un mar carmesí. Sin embargo, y aunque muchos eran bestias sedientas de sangre, otros tantos se mostraron inteligentes, capaces de razonar con Shao Hao y Zhang. Muchas de ellas afirmaron conocer al maestro, para la sorpresa de Zhang. Respetado por muchos de ellos, Shao les hablaba educadamente, bajando su bastón, y haciéndoles una educada reverencia. Quién iba a decir que aquel anciano era uno de los pocos excazadores de demonios, que todavía quedaban en pie, y que no utilizaba la violencia con ellos. Muchas fueron las veces que le había preguntado por esta razón, y Shao Hao no le respondía, pues sabía que, tarde o temprano, encontraría la respuesta por sí mismo.

Con el pasar de los años, Zhang aprendió sobre el curioso estilo de vida de su maestro, el cual se basaba en desayunar, comer, cenar, meditar, y entrenar.

"Alimentar el Cuerpo,
Alimentar la Mente,
Alimentar el Espíritu.

Medita cada una de ellas siempre que puedas, joven Zhang, e interioriza lo aprendido. Será entonces, que te encontrarás en armonía con el mundo, pero sobretodo, contigo mismo"
.

Maestro Shao Hao

Cinco Acciones, las cuales reforzaban su filosofía, a la hora de practicar el estilo que, hasta que Zhang no estuvo preparado, no le mostró. Para ello, Zhang tuvo que aprender el Wu Xing, estudiar el Kung Fu, entrenar el Qigong,  y aplicar las posturas básicas que su maestro le enseñaba, durante mil días y mil noches, bajo el sol abrasador, o la plateada luna, debía practicarlas con extenso enfoque, siendo lo más preciso posible. Si no, Shao Hao le mandaba repetirlo desde el principio. Practicaba la meditación, bajo el peso de las heladas aguas de la cascada. Mejoraba su fortaleza, manteniendo la posición del caballo durante largas y extenuantes horas. Y pese a todo esto, el joven no lo comprendía,  por más que lo intentaba, jamás lograba comprender en su totalidad aquel estilo, bautizado por Shao Hao como la Respiración de Gaia. Un estilo ancestral, pasada de generación en generación, cuyas propiedades hacían simplemente invencible a quien las dominase. Lamentablemente, y por muchos años que estuviese ejecutando todas las técnicas, ni siquiera el anciano maestro comprendía aquel arte en su totalidad.

El tiempo pasaba, y Zhang seguía sin mostrar los progresos deseados, aquellos que buscaba en un principio el hombre. Es por ello que Shao Hao no tuvo más remedio que recurrir a un último recurso: Hacerlo viajar a Japón. Conocía a varios maestros, los cuales conocían de la existencia de este arte. No dominaban todos sus elementos, pero sí estaban especializados en solamente uno de ellos, por lo que, si era cuestión de maestros, Zhang podría aprender más cosas sobre la extraña y enrevesada filosofía del arte de la Respiración Gaia. Fue entonces, que se embarcó rumbo al país del Sol Naciente, un lugar que, según tenía entendido, a día de hoy mantenía una tensión con su país de origen. Pero solo él decidiría...si este periplo valía la pena.

"Pasión en tu camino,
adaptándote a tu entorno
tomando tus propias decisiones,
manteniéndote firme en tus convicciones"
.

Maestro Shao Hao



Extras

  • Tiene unos dibujos de unas flechas en su cuerpo, las cuales cruzan el centro de la espalda, se enrollan en los brazos y piernas, rematando las puntas en los reversos de sus manos, en los empeines, y cruzando toda su cabeza, quedando en la frente. Parecen tatuajes, pero en realidad no lo son. Son las marcas de su entrenamiento, logros, cuyo significado es muy especial para él.

Imagen de referencia (los de la izquierda):



Atuendo primera versión

Imagen de referencia:

Su vestimenta se basa en la de los monjes shaolin. Un atuendo compuesto de una toga de color naranja, cruzada sobre el hombro izquierdo, dejándola caer parcialmente. No lleva nada debajo, mostrando levemente su torso, sus hombros, y brazo derecho. Mediante una cinta de un color rojo sujeta la holgada vestimenta, que cuelga unos centimetros, a la altura de sus cuádriceps, y sigue extendiéndose, rodeando la cintura, deteniéndose un poco más arriba de sus rodillas. En la parte inferior, lleva unos pantalones sueltos, de un color similar al de la toga, que rodea todo su tren inferior, hasta la zona de las mismas rodillas, y a partir de ahí, el pantalón se ajusta con unas mallas de color marrón, las cuales rematan en unos zapatos tradicionales chinos de cuero marrón oscuro, que le aportan comodidad y movilidad.


Atuendo segunda versión

Imagen de referencia:

Este conjunto lo utilizará mayoritariamente en las épocas frías. Su apariencia es similar al conjunto anterior, salvando algunas excepciones en la parte superior.

Lleva puesto un camisón, uno de color amarillo, junto a una capa de color anaranjado, la cual recubre todo su tren superior, hasta la cintura. Su cinturón, mucho más ceñido que el anterior rojo, evita perder un solo gramo de calor, ajustando el pantalón a las caderas. Su pantalón es el mismo que en las épocas estivales, cambiando las mallas por unas más fuertes, y unos zapatos de suela más resistente, para aumentar su durabilidad.

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  • Como ya se ha mencionado, es de carácter pacífico por lo que, siempre que pueda, evitará cualquier tipo de reto o pelea, abogando por las palabras y el diálogo.

  • Cuando le preguntan por qué no tiene pelo, él suele responder: “Necesito tener la mente despejada...y la cabeza también”, mostrando los pocos vestigios y picardía que quedan de su anterior personalidad.

  • Practica la meditación, al igual que el budismo Zen.

  • Aunque ha aprendido muchas cosas, todavía le queda mucho por aprender. Sabe defenderse con el Kung Fu que le enseñó Shao Hao, pero no comprende el significado de la Respiración Gaia que su maestro le enseñó. Es por ello, que no puede usarla. Todavía le queda mucho por aprender. Sin embargo, cuando combate, adopta las posturas, practicándolas incluso en medio de la misma batalla.

  • Aunque es nacido de madre china, y padre japonés, tiene dos apellidos chinos. Esto fue porque, para evitar problemas de carácter político, e incluso ejecuciones por parte de la guardia nipona, el padre adoptó el nombre y apellido de Chang Li, pero su verdadero nombre es Takeshi Yamamoto. Fue parte de la "honrada milicia japonesa", aunque el término más preciso es el de "carne de cañón".

  • Anteriormente hemos mencionado que es hijo de madre china y padre japonés. Eso significa que, en términos de idiomas, se desenvuelve bien tanto en japonés como en chino. Asimismo, el pueblo natal en el que vivía, había muchos refugiados de guerra y desertores japoneses, al igual que su padre. Eso le dió una pequeña ventaja.

  • Cuando duerme, se coloca la cabeza mirando a la puerta, y a ser posible contra la pared. Aunque es pacífico, desconfía de las intenciones de los demás. Otro vestigio de su anterior personalidad.

  • El nombre de Zhang Li Xing se descompone en tres palabras, las cuales significan:

    張 (Zhāng) = Desplegar, abrir, mirar.

    李 (Li) = Fortaleza, valiente.

    兴 (Xing) = Próspero, floreciente, en ascenso, en desarrollo

    Podría decirse que, en efecto, el nombre lo define a la perfección.




Zhang Li Xing
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N08. New User
campo1 frase : I won't suffer, be broken, get tired or wasted, surrender to nothing.
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Zhang Li Xing || ID Empty Re: Zhang Li Xing || ID

Mensaje por Fokkusu-san Vie Mar 25, 2022 11:53 pm



Tu ficha ha sido aceptada
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Ilumina las noches oscuras con tu sabiduria, Zhang Li Zing.
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