Kimetsu No Yaiba:悲しみに囚われた
Fall of the Heavens

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Mensaje por Daeron Daisojin Vie Abr 08, 2022 6:19 am

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Érase suya una expresión perezosa mientras contemplase con interés un rollo de tela, tafetán malva, al tacto se siente agradable. Asiente frente al mercader quien ensancha una sonrisa orgullosa, habiendo cumplido las expectativas de su señor, —Ujio-san, haz enviar todo a mi finca, y también un par más de esas horquillas, a mi esposa le encantan esas baratijas.

Nadie se atrevería a decir que el señor de Akita no era atento a la complacencia de su misteriosa esposa, o al menos, mantenía los chismes sobre ella, desviando la atención no deseada lejos de él.

—Se hará hoy mismo, Daisōjin-dono, —replica el mercader, ya fantaseando con el dinero entre las manos—, si necesita algo más, por favor, no dude en pedirlo, y yo mismo me encargaré de llevarlo cual sea la hora que lo pida.

Ya, es muy amable de tu parte Ujio-san, —la sonrisa de zorro se asienta en él como una segunda naturaleza, franco y audaz Daeron agita una mano—, asegúrate de que todo llegue en orden, y me encargaré de agregar una propina extra por tu servicio, Taka-chan y tú lo necesitan, con otro crío en camino, y Genichiro-kun fuera de casa, los gastos en estos tiempos no deben ser fáciles.

Ujio se tensa, es evidente en la mueca que de repente pasa de la sonrisa avara, a un manojo de nerviosismo; los hombres como Ujio son orgullosos, esperan cumplir con su labor, y obtener gratitud, el que Daeron les ofrezca algo parecido a la misericordia puede ser insultante, mas en esos tiempos, con la escasez de alimento y las redadas de los hombres del shogun en incremento, se debe tragar el orgullo, y admitirse derrotado.

—Taka, —murmura el mercader—, ella... No debería hablar de esas cosas, mi señor, —ha pasado del trato lambiscón y complaciente, al enojo.

¿Hay algo mal Ujio? —pregunta con una máscara de inocencia, la misma de alguien que ha cometido una indiscreción, se siente verdadero, tanto que Ujio se avergüenza hasta las orejas.

—N... No, no mi señor, ignorelo, por favor, yo... Tan solo, hablaré con Taka.

La presencia de Daeron es como una serpiente, se enreda en la garganta, aprieta, y aprieta tan lento que no es la asfixia lo que aqueja, es la desesperación de lo tardo que la fría piel se contrae, una tortura tomándose el dulce tiempo para hacer orar o suplicar.

Ujio, —y aunque Daeron sonrie, es su tono, la advertencia cruda, lo que rompe el enojo y lo vuelve miedo—, Taka-chan no tiene nada que ver, no es ella a quien deberías culpar ¿Verdad? Genichiro me pidió como favor personal que viera por ustedes, encantador muchacho, valiente, un poco estúpido si lo preguntas, le dije que viajar a la capital en estos tiempos es peligroso, verás, no hizo caso, te ama lo suficiente para ir él mismo a conseguir la mercancía que los ayuda a subsistir.

Ujio no tiene por qué saber que las palabras de Daeron son una mentira, que los chismes van y vienen y Genichiro, tonto enamorado, le soltó toda la lengua a Zuki, la encantadora doncella de Lady Daisōjin.

—Daisōjin-dono, yo...

No obstante, antes de terminar cualquier disculpa, el alboroto se levanta como denso polvo una calle más abajo, el sonido característico de cascos y relinchos advierte a Daeron de un invitado no grato. Los perros del shogun, los reconoce por la fanfarria descarada y los estandartes que se alzan orgullosos, Dasōjin resopla y arruga el entrecejo, —cierra el negocio y ve a casa Ujio-san, piensa en lo que hablamos.

Es una orden a la que el mercader obedece sin rechistar.

Camina con acidia, las manos ocultas sobre el pecho entre las capas del grueso haori gris.

—¡Se busca a un hombre que responde al nombre de Naga Ichinose! —exclama uno de los hombres a caballo—, ¡Por los cargos de alta traición, y abierta rebelión, además de asesinato, conspiración y robo!

«Oh, así que así comenzaba» el gesto de Daeron se mantiene, neutro, implacable, sería fácil exigir a los hombres comportarse, es esa su tierra, y solo él debería ser quien grite y exija de manera tan descarada, no obstante los «soldados» cavan su propia tumba, con amenazas latentes en la gente que en cuanto notan la presencia de Daeron, apuntan la mirada temerosa a él, y se alivian su presencia.

Ara, —se queja cuando el silencio se asienta despacio— ¿Desde cuando esta tierra es paraíso de ladrones y traidores? Soldado-san, —sonríe astuto, burlón, ladea la cabeza con una curiosidad casi inocente.

El soldado gruñe, sin embargo, Daeron debe admitir algo de inteligencia bajo la arrogancia estúpida cuando el hombre desmonta, no hay intención de que sus manos vayan hacia la tachi que cuelga de su cinturón. Curioso, risible de hecho, que el uniforme sea de aspecto occidental ¿No estaba el shogunato en contra de toda idea de occidente?

—Su nombre... Señor.

Daeron tira un poco más de la sonrisa.

Enma Sakai, —miente, descarado—, solo soy un humilde vendedor de melones.

Es obvio que el soldado no le creé cuando Daeron solo está ahí, parado con una solemnidad obvia, juguetón y claramente usando un acento que lo delata intencionalmente, ese es un juego ¿Peligroso? Sí, pero ¿Qué valdría la vida sin un poco de adrenalina?

—¿Me toma por tonto señor?

¿Lo hago? Neh Soldado-san, ya lo dije, solo soy un humilde vendedor de melones.

La tensión podría cortarse con un cuchillo.

Sería ese un espectáculo maravilloso, un soldado levantando su espada contra un noble ¡Qué escándalo!  Un entretenimiento pasajero, no obstante no es momento para los juegos, su encantadora esposa se enojaría si se entera que ha sido tomado bajo custodia militar, por una de sus tontas bromas, pero hay un problema en el engranaje del juego atrevido de Daeron: los hombres pueden ser muy estúpidos.

—Bien, en ese caso, —el soldado escupe con acento pastoso y campesino—, creo que te pareces al hombre que estamos buscando.

Daeron asiente ¿El tonto se acercará lo suficiente? Espera que sí, la wakizashi entre las capas de ropa está perfectamente empuñada, solo necesita un movimiento letal y fluido en un parpadeo, para enseñarle a los  necios como ese hombre, que, Daeron es de hecho, una serpiente jugando con su presa.

Pero a los yokai les gustan los juegos extraños, y antes de que Daeron pueda ver la sangre chorreando en el suelo y expresar su disgusto... Alguien, intercede.

¿Enojo? ¿Angustia? ¿Justicia? O simple y mero instinto de lástima, algo mueve la pieza... Mejor dicho: presencia, quien detiene al soldado de su camino a la fatalidad, y Daeron suspira.

Bueno, las cosas ciertamente, se han vuelto... Interesantes.



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Mensaje por Kazuki Hoshijiro Lun Abr 11, 2022 6:19 pm

Por mero gusto, Kazuki era de las damas que prefería ocupar los espacios internos de las casas de té, los cuales brindaban seguridad y tranquilidad para aquellos que buscaban unos minutos de relajación entre las ocupadas horas del día a día. Más cuando el itinerario de la joven estaba ocupado con la compra de mercancías que difícilmente llegaban al pintoresco pueblo de donde residía. Pero la mirada maravillada de Hanbei, su hermano adoptivo, valía el ligero estrés que era sentarse en los bancos externos del negocio mientras degustaba del exquisito té.

¿El viaje ha sido de tu agrado, Hanbei-san?— Pregunta con amabilidad, tocando con suavidad el enorme brazo del gentil gigante para llamar su atención. El muchacho, más joven en edad que Lady Hoshijiro, pero al mismo tiempo enorme e imponente, gira su mirada brillante de las concurridas calles del mercado para posarla sobre la figura de la mujer a quien le llama hermana. Hanbei asiente sin pronunciar palabras; desde su llegada el día anterior había sido invadido por una sensación de sorpresa al ser testigo de la enérgica vida del lugar. Si bien la posada era un negocio próspero y activo, más en ciertas fechas, nunca había presenciado una multitud tan grande y variada como la veía en aquel mercado.

Muchas… hay muchas señoritas…— Murmuró apenado, bajando la mirada para disimular el rubor en sus mejillas. Era claro que lo que más le llamaba la atención eran las féminas que recorrían el mercado. Era bastante obvio que pertenecían a un estrato social más alto que las que normalmente veían. De apariencias tan cuidadas como la propia Kazuki, y prendas de vestir de mejor calidad, en aquel lugar Lady Hoshijiro no era la excepción sino que formaba parte de la regla… aunque su preferencia por los colores seguían resaltando entre las muchachas de su edad, haciéndola ver con un aire más mundano y sofisticado. —Correcto, y muy hermosas todas. ¿Crees que nuestras hermanas se verán igual de hermosas cuando lleguemos a casa con los regalos que hemos comprado para ellas?— Le pregunta, dedicando una sonrisa amable a su acompañante. —E-eso espero… me gustan los… las yukatas con flores…— Hanbei sonríe también, y se rasca la nuca mientras mira los paquetes que tienen a un lado. Recordando haber elegido esos vestidos según los diseños de flores que irían acorde con sus adoradas hermanas adoptivas.

Kazuki vuelve a palmear el brazo de Hanbei, orgullosa del muchacho por no sentirse amenazado en aquel ambiente nuevo y extraño, siendo la primera vez que salía del pueblo y veía algo diferente.

Pensando en que tal vez podrían tomar el último transporte del día para regresar al pueblo, algo ocurre. La energía de la calle cambia, así como el ambiente. De pronto los transeúntes transmiten una sensación de tensión. Los que caminaban en las calles van tomando los extremos, algunos entrando en negocios para resguardarse y ver entre las sombras algo que sospechan va a suceder, pero Kazuki y Hanbei ignoran por completo. El semblante de su hermano se oscurece, preocupado y asustado, pero permanece alerta.

Muy pronto la pareja ve llegar a militares montados a caballo. A viva voz hacen anuncio de sus intenciones, callando los murmullos de la población hasta quedar en un incómodo silencio. Un silencio que termina colocando a Hanbei en el centro de las miradas. «Por supuesto…» Pensó la mujer. Cualquiera pondría en duda a un hombre desconocido, aunque en realidad se tratara de un forastero inocente. Buena era la fortuna que le hacía andar con los permisos que los acreditan como las personas que son.

No obstante, sucede algo más y la fuerza de atracción hace que las miradas se posen en una nueva figura. La de un hombre, y parece que no es cualquiera. Sobre los pueblerinos se posa una manta de… ¿seguridad?... que lamentablemente no se extiende hacia el par, pero al menos saben que está ahí.

Observa detenidamente el intercambio entre hombre y oficial. Difícil de ignorar, pues el volumen los delata… aunque de distintas maneras. El hombre de la ley, amparado bajo la fuerza del shogunato, se ve en la necesidad de casi gritar para ser escuchado; por otro lado, el misterioso hombre posee un timbre de voz que comanda respeto. No necesita elevar su voz, sino que el ambiente se tranquiliza para él.

Quien no lo respeta es el soldado. Y algo en el aire se siente raro, aunque para Kazuki es familiar. Es como… el instante preliminar a una desgracia. La muchacha comparte una rápida mirada con Hanbei, y éste le expresa con sus emotivos ojos que por favor no haga lo que está pensando hacer. Ella sólo se limita a guiñar un ojo con discreción.

Soldado-san, por favor… no es lugar para hacer tal demostración. ¿De verdad no reconoce a Sakai-san?— Ella como forastera tampoco debería de conocerlo, pero ahora estaba dentro del papel y actuaba con agradable encanto. —Estoy segura que el clima cálido le ha afectado. He tenido que parar mis compras para refrescarme en la casa de té. De lo contrario, estoy segura que no confundiría a Sakai-san, el importantísimo comerciante de melones.— Irónicamente hay melones cerca, ni siquiera en el mercado, pero la geisha se ha acercado a la pareja de hombres, inclinando su rostro en un mensaje subliminal. No habían melones, lo que sí había era un hombre finamente vestido. —Aquí no hay ningún rufián, ¿no es así?— Dijo, dirigiendo su pregunta a ambos.

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Mensaje por Daeron Daisojin Miér Abr 13, 2022 10:45 pm

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No tiene aliento, ni pulmones ni corazón; se podría decir, que es una criatura insatisfecha ante la inmediata tensión del soldado que ha bajado el arma, y Daeron no así, todavía aprieta la tsuka. El rostro no lo traiciona, yace en la mueca estática de una sonrisa satisfecha.

Es la voz de su ¿Salvadora? Lo que le hiciere moverse sobre su propio eje, apenas para poder contemplar mejor la visión agradable y bienvenida, una mujer, encantadora por supuesto; seguirle el juego, no es difícil.

Decir ah, ―se queja mientras desliza una de sus manos de entre la tela, hace el gesto de abanicarse―, me temo, que la dama tiene razón, ―pincha, un aguijón travieso y doliente que no cae en la gracia de los militares.

―Mira mujer, le pediría que no se meta en los asuntos que no le convergen, ―delinea el soldado con una voz áspera como lija―, a las chiquillas como tú les deberían enseñar a respetar a un hombre ¡A la ley!

El rostro de Daeron se arruga en una mueca parecida al desprecio y un dejo de asco que, casi de inmediato recompone, apenas suspira, le gustaría jugar un poco más, no obstante, los animales que se hacen llamar a sí mismos: “soldados” no han hecho otra cosa que alterar el orden y paz que él ha estado manteniendo desde que los rumores de escaramuzas y el susurro de la guerra, se deslizaron como ladrones para robar la tranquilidad de su gente.

Si yo fuera usted Soldado-san, cuidaría esa lengua, escuché que a Daisojin-sama no le gusta cuando le faltan al respeto a cualquier dama en sus terrenos, ―es turno de Daeron para adelantarse, esa improvisación repentina no es una mentira, se sabe que Lady Daisojin pregona verdadera preocupación por su gente principalmente las mujeres.

Y es entonces que mira a la hermosa mujer, requiere de apenas una barrida para adivinar, que no es una simple campesina, tiene en ella valor suficiente para haber interrumpido a nada más que un militar. Distingue con reconocimiento algo parecido a la osadía, Daeron asiente en un acuerdo silencioso para amainar el fuego que se ha descontrolado al escuchar el relinchido inquieto de los caballos, partir de aquí, la coartada de ambos debe coincidir.

―¡Eso debería determinarlo Lord Daisojin! ―vocifera ofendido el hombre, que ahora ha ordenado con prepotencia, que sus compañeros desmonten para rodearlos.


Daeron suspira ¿Cuánto más tendría que tolerar? Es paciente, una de sus pocas virtudes, si pudiera mencionar alguna, sin embargo, no se trata ahora solo de el y sus juegos, alguien más se ha involucrado.

La dama es amiga de Lady Daisojin, ―declara Daeron, firme y sin titubear―, entonces ¿Qué estabas diciéndole? ¿Algo acerca de respetar a quién?

El soldado palidece, sacude la cabeza tratando de componer la altanería, pero ya ha metido la pata en la trampa del oso, y Daeron no le va a soltar, ―¿No es así mi señora? ―y entonces la mira a ella, presiona con la sonrisa de zorro que con desfachatez invita a seguir la mentira, no debería ser difícil, a este paso, Kazui ya debería haber sido informado sobre el alboroto de los hombres del shogun.

―¿Es eso cierto? ―ya no hay desprecio en la voz tensa del soldado, la cautela le cubre como barro del que no puede deshacerse sin avergonzarse― ¡Aun así! Lady… Lady Daisojin debería ser quien lo confirme…

El hombre avanza un paso hacia ella, Daeron lo cubre, ―le debo recordar soldado-san, levantar tu mano contra un noble, amiga nada menos que de la dama de Akita, será severamente castigado, mide tu temple―. Es fácilmente dos cabezas más alto que Daeron, podría aplastarle la cabeza con una sola mano, una bestia de hombre que tiembla bajo la mención de un apellido noble, ― mi señora, ―relajado vira el cuello en dirección de la dama, pinta un gesto de picardía mezclado con desafío ¿sería ella capaz de mentirle a la cara a un militar? ¿confiar en él? Un hombre con el manto de un simple vendedor de melones, es esa una apuesta elevada―, ¿Qué creé usted que haría Lady Daisojin en este caso?

Un poco más, solo tienen que esperar un poco más antes de que Kazui llegue con sus propios hombres, Daeron solo espera que luego de la tensa mentira, la bonita dama no se ofenda, después de todo, desea agradecerle en la intromisión en esa vanidad arrebatada tan suya, que lo ha metido en más problemas de los que puede contar.



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Mensaje por Kazuki Hoshijiro Dom Abr 24, 2022 5:32 pm

Si el soldado buscaba provocarle una reacción que la hiciera temerle y humillarse al buscar su perdón, pues había fracasado. La mirada de Lady Hoshijiro ni se inmutó, mantuvo un semblante frío y quieto, aunque no grosero. El oficial podría sentir, tal vez, un atisbo de atención de parte de la dama. Sin embargo, el verdadero mensaje se encontraba en lo que transmitía su mirada. Para ella, aquel hombre que exigía atención y respeto era diminuto. Y si bien contaba con la aparente fuerza de su físico y de su posición, aun si se atrevía a hacerle daño, jamás la iba a amedrentar. No a ella, la orgullosa descendiente de un linaje honorable. Hija de un samurai que dio su vida por su señor y su pueblo; hermana de un cazador que también dio su vida al velar por el bienestar de personas como el salvaje que tenía enfrente.

A veces… sólo a veces… ese tipo de cosas le causaban incomodidad. Pero nunca lo diría en voz alta.

«Y pensar que únicamente deseaba darle una mano…» Pensó con lástima, dejando que por unos instantes sus pupilas reflejaran el sentimiento de que había desperdiciado su compasión en un inútil. Kazuki liberó un suspiro, aprovechando la ocasión para inclinar su rostro en lo que parecía una actitud sumisa, aunque en realidad era para cubrir la sensación de hastío. Rápidamente miró por el rabillo del ojo a su buen hermano Hanbei, quien lucía listo para saltarle al soldado pero se mantuvo a raya al ver que su hermana todavía no necesitaba de su brusca intervención.

El que sí intervino fue el supuesto comerciante de melones, dando la razón a su comentario de las altas temperaturas y el efecto que causaba en el ánimo. De la costosa manga de su atuendo, y de manera figurada, lanzó otro comentario a la conversación. No solamente había mencionado al noble regente de las tierras Akita, sino que la acreditaba como ‘amiga’ de su señora. El momento no era para escandalizarse, tampoco para negar tal declaración. Lo que sí hizo fue girar ligeramente su rostro para mirar directamente a la cara al tal ‘Sakai-san’. Allí encontró algo que sólo otro actor podía identificar, y era la mentira detrás de la excelente máscara de un intérprete. A los ojos de Kazuki la calidad de las ropas del comerciante de melones había sido la primera pista delatora de su identidad, seguido de la excelente dicción y, por último, la alarma en el rostro de algunos dueños de negocios.

Quién era en realidad continuaba siendo un misterio, pero no era un hombre común. Y el soldado era demasiado idiota como para darse cuenta.

Ahora, lo que la escena exigía era continuar con la pauta que el sonriente comerciante había marcado.

Regresó su atención al soldado luego de que este le preguntara la veracidad de la revelación. —No es de mi gusto usar el nombre de Lady Daisojin para obtener beneficios… entre ellos el respeto— Kazuki buscó usar las palabras correctas para no terminar embarrada en caso de que Sakai-san no resultara del todo confiable.  Sus palabras son reacias, como quien se vio forzada a compartir un secreto, y todo era culpa del oficial.—... que es algo tan básico. ¿No lo cree usted así? Siendo Akita un territorio caracterizado por las buenas costumbres que sus líderes ejemplifican.— Al momento de que el soldado intentó alcanzar su brazo para sostenerla, los hombros de su hermano se tensan y da un paso al frente, pero quien llega a ser su escudo es el comerciante de melones.

Por favor, mis señores… pienso que estamos complicando demasiado un asunto de lo más simple. Es todo culpa del clima.— Aquel sería su último intento para suavizar la situación. La sonrisa que le dedicaba el Sakai-san era tan filosa como un tanto. Uno que estaba listo para clavarse en alguna parte vital de su presa. Estaba jugando. —Sakai-san, me coloca usted en una posición complicada. ¿Cómo podría yo saber lo que haría tan ilustre dama? Creo que sólo podría imaginarlo…— Comentó, llevándose una mano a los labios.

Se mostraba a sí misma como una damisela gentil, apenada de tener que pronunciar un veredicto que no le correspondía. —... Y ni siquiera así. Su reproche por el mal comportamiento sería implacable, mientras que las palabras que redactaría al shogun serían fulminantes. ¡Oh no, Sakai-san! ¡No me haga pensar en esas cosas!— Sollozó con delicadeza, cubriéndose el rostro. —Si Lady Daisojin me pregunta sobre lo que ha sucedido aquí, no podría mentirle… yo… ¡oh no!— De nuevo, no mentía. Que los dioses protegieran al pobre bastardo que osara incordiar a un noble, fueran por motivos serios o sin importancia, como era el caso de este. Sus hombros se sacudieron ligeramente para aparentar que temblaba, esperando agregar la suficiente gravedad para que el presentarse ante los señores de Akita fuera un terrible error que el oficial evitaría hacer a toda costa.  

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