Kimetsu No Yaiba:悲しみに囚われた
Fall of the Heavens

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Mensaje por Akaza Vie Ene 08, 2021 9:34 am

Aún con el paso del tiempo y la entrada del mundo a una época de progreso, existían aún lugares en el mundo que se abrazaban a las leyendas, religiones y muchas supersticiones como si estas fueran su clavo ardiente y el único al cual aferrarse.  En el caso de Japón parecía que todas las zonas rurales se sumían en esas pequeñas creencias como un mantra que los mantenía cuerdos.  

Al oni no le extrañaba; Japón parecía el último de reducto para el resto de los retrógrados del mundo. Escondían sus miedos, sus preceptos estúpidos y un montón de reglas sin sentido en unas religiones que aún tenían menos sentido.  

Así parecían ser los del pueblo cercano a dónde había ido a parar en otro de los viajes que había para conseguir más flores y hierbas para la bola de pelo.

Bei Hí había dejado claro que él deseaba ser él. Y según cómo lo interpretaba Akaza, el bicho no se sentía uno con los demonios y tampoco tenía pensado rendir pleitesia al creador.

Akaza no decía absolutamente nada, bloqueaba su opinión de tal manera que parecía ignorarla él mismo. Eran muchas las cosas que no podía permitirse aún, pero ayudar al bicho a conseguir la libertad que necesitaba para sentirse bien, pues, no se encontraba entre ellas.

Había algo en el niño que, no le permitía darle la espalda. Probablemente, su fuerza.

Era la tercera noche que iba a disponerse a buscar el maldito musgo de la lista que le había dado la bola de pelo, cuando un grito llamó su atención. Con la rapidez que caracterizaba a cualquier oni, se había escondido en las ramas superiores del árbol más cercano para curiosear. A los pocos segundos, en su zona de visión, apareció una joven de cabellos castaños y que vestía un kimono de colo rosa pálido con estampado de crisantemos azules. Corría por el bosque presa del pánico, perseguida por tres hombres fuertes y de mediana edad que le gritaban cosas.

Aún con el ceño fruncido, Akaza se dijo de no actuar precipitadamente. Y sin embargo, en el momento que uno de ellos lanzó una piedra contra la joven, se vio precipitándose al suelo. El puñetazo tan simple que le propinó al animal con complejo de hondero fue suficiente como para dejarlo tendido en el suelo. Varios metros lejos de dónde se había encontrado originalmente.

Te había dicho que era una bruja! ¡HA INVOCADO A UN DEMONIO! ¡C-CORRE! —los otros dos hombres parecían lo suficientemente aterrados como para olvidarse de lo que fuese que tenían planeado para mujer que habían catalogado de bruja. Akaza simplemente dio un paso más hacia ellos y sujetó a ambos por el cuello antes de que pudieran escapar.

¿Qué os hace pensar que me ha invocado ella? Puede que me hayáis despertado vosotros con vuestra respiración de cerdo con problemas respiratorios —fue lo primero que dijo, antes de ejercer un poco más de presión sobre los cuellos de esos dos hombres—. ¿Qué hacéis en mi territorio y por qué creéis que podéis entrar aquí y hacer lo que os plazca con esa mujer?

¡VES!? ¡TE LO HABÍA DICHO...! Ella lo HA —el humano gritón calló de golpe, en el momento en que la presión fue suficiente para aplastarle la garganta y partirle el cuello. Akaza volvió la vista al único hombre superviviente que dejó de llorar y chillar en cuanto notó que lo estaba mirando.

El s-sacerdote ha dicho que e-ella... Ella conduce a los niños al bosque para que te los comas!! —Akaza pareció no aguantar más las tonterías de esos humanos, porque en cuanto el último habló decidió dejarlo silenciado para siempre, matándolo del mismo modo que a su compañero. Imaginó que hablarían de otro demonio; lo curioso era que, Akaza no había olido a ninguno de sus congéneres desde que había llegado a los lindes del bosque.

Lo siguiente que le llamó la atención fue descubrir que la mujer no se había marchado del claro aprovechando que él estaba ocupado con sus perseguidores. ¿Qué hacía ahí plantada?—. ¿Acaso tu cabeza no funciona como debería? Largo —fueron las últimas palabras que decidió dirigir el oni a la humana, antes de desaparecer.

Por encima de cualquier instinto e impulso, seguía siendo un demonio. Su papel no era comportarse como un alma caritativa. Ni mucho menos benévola.
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C02. Cazadores
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Mensaje por Rengoku Kyojuro Vie Ene 08, 2021 11:17 am

Aquel ser de apariencia demoníaca desapareció de un simple salto. La joven del kimono rosa lo observó con la palabra en la boca, evitando soltar algo a último momento que pudiera arruinar las cosas. Y bien que lo hizo, pues segundos más tarde, el viento alrededor del bosque se levantó, sacudiendo los arbustos, y trayendo a sus espaldas una voz que conocía muy bien.

¿Dónde?

E-esta vez solo pude traer a tres hombres —en un ademán nervioso, se volvió a mirar los cadáveres que yacían en el suelo—. L-los mató otro como tú. Hay otro de los tuyos rondando por aquí —confesó, sintiéndose malagradecida al delatar a su salvador. Pero si no lo hacía, sabía lo que vendría.

Déjalo—sentenció la voz con un gruñido de molestia. No por la noticia del nuevo visitante al sitio, sino debido a la expectativa de tener que devorar humanos mayores cuya carne no le satisfacía del todo—. Debe estar de paso. No se meterá en nuestros asuntos. Y si así lo hiciera…

La mujer sintió un estremecimiento recorriéndole el cuerpo completo, de los pies a la cabeza. Esta noche no iba a ser tan buena como las otras, a fin de cuentas, había fallado. La misma protección ofrecida por el regente del valle podía convertirse en una maldición si no le dabas lo que quería. Esperaba al menos sobrevivir, así tendría la oportunidad de ofrecerle algo mejor y recibir una recompensa a cambio que realmente valiera la pena.

Cuando estaba feliz, aquel regente se mostraba generoso como solo ella y sus hermanas conocían. Era mejor así; si hubiese más en los que confiara para la labor, ellas no tendrían tantos beneficios como ahora.

Hay algo más urgente de lo que tienes que hacerte cargo, tal como las últimas veces —continuó la voz, esta vez en un tono sombrío.

¿Si?

Ha venido otro cazador.







Los niños de este pueblo están desapareciendo todas las noches, ¡caw! Kyojuro, date prisa y encuentra al demonio.

Justo después de arribar a la entrada del lugar, el cuervo kasugai elevó vuelo y lo dejó a su suerte, perdiéndose en el firmamento estrellado. A esas horas, muy pocas personas recorrían las calles con aire de alerta, y tan solo un par notó la llegada del muchacho de traje negro y haori blanco

Era mejor así. Los cazadores no podían llamar demasiado la atención al ser miembros de una organización clandestina. Pocas veces recurrían al conocimiento público para hacer su trabajo, y si se daba la ocasión, recibían ayuda de particulares involucrados con el asunto que los atañía a los pueblos, valles o ciudades. Siempre actuando en las noches, protegiendo a los civiles, pero mezclándose al mismo tiempo entre las sombras, para ocultar sus espadas.

Como fuese, ahora que estaba allí, sería cuestión de tiempo para encontrar a su presa. Kyojuro caminó hacia adelante, internándose en las calles sin dejar de lado la sonrisa formal en sus labios. Y aunque no parecía alterado, lo cierto es que se sentía ligeramente incómodo.

Todo era debido al haori blanco que cargaba. No se trataba del mismo que hasta entonces estuvo llevando con creciente orgullo. Era de mangas, y carecía de los detalles flameantes en sus puntas. Hacía mejor el papel de disfraz para disimular su nichirin, pero la apariencia era mucho más plana y ordinaria.

El símbolo del orgullo de la familia Rengoku ahora colgaba de la misma percha de donde Kyojuro lo sacó cuando se consagró oficialmente como cazador de demonios. Su padre no lo usaba desde hace muchos meses (ni eso, ni el uniforme, ni nada que tuviera que ver con su profesión), y ahora solo parecía un adorno más en la habitación donde Shinjuro solía pasar los días.

Se lo había quitado a Kyojuro una noche en la que ambos coincidieron en casa, el hijo apenas llegando de una misión con el uniforme rasgado, las costillas rotas, pero la pieza de tela intacta. A esas alturas, Kyojuro prefería no recordar demasiado los detalles de la disputa, pero sabía que aunque su padre se mostrara cortante e hiriente contra él, había tenido un motivo justo para quitarle de las manos el haori.

Si representaba el orgullo de la familia era porque cada Pilar de la Llama Rengoku lo usaba cuando alcanzaba ese rango única y exclusivamente.

Y no es como si lo fueras a conseguir. No tienes el talento suficiente, muchacho. No vas a llegar a ser una gran persona, ni tú, ni yo, ni tu hermano. Ya te lo he dicho mil veces: será mejor que lo dejes.

Disculpa, ¿eres también uno de esos cazadores?

Con un parpadeo, Kyojuro salió de sus pensamientos, dirigiendo la mirada hacia la persona que le acababa de dirigir la palabra. Una mujer castaña y de kimono rosa lo contemplaba con una expresión afligida.

¡En efecto lo soy! ¿Ya te habías encontrado con otro de mis compañeros antes? —respondió entonces, cruzado de brazos e intrigado.

Así es… serías el tercero que lo intenta, si no me equivoco —la mujer miró hacia sus pies, mordiéndose los labios, indecisa—. A todos ellos les mostré el camino hacia el demonio, pero no regresaron. Puedo ayudarte, solo tienes que seguirme. Espero que esta vez tú si lo logres.

Al verlo a la cara, esbozó una sonrisa triste. Kyojuro analizó lo que acababa de decirle por un instante, sin encontrar algún motivo por el cual desconfiar de sus palabras. Asintió, casi con solemnidad, y entonces la mujer hizo una inclinación de cabeza antes de intentar guiarlo hacia las afueras del pueblo, donde se mostraban los valles.

¡BRUJA!

El grito de otra mujer a sus espaldas los hizo voltearse. Kyojuro se encontró con una señora mayor que miraba cargada de rabia y odio a la joven a su lado.

¿¡CÓMO PUDISTE REGRESAR?! ¡¿DÓNDE ESTÁ MI MARIDO?!

La mujer no estaba sola: había otras señoras de apariencia similar rodeándola y mirando de forma acusadora en su dirección. Aquella chica del kimono rosa tomó de la muñeca a Kyojuro, tirando de él de pronto con prisas hacia el lado contrario.

¡Por aquí!

¡¡DEVUÉLVEME A MI MARIDO!! ¡SEGURO SE LO DISTE AL DEMONIO COMO A LOS NIÑOS! ¡¡MALDITA, LO VAS A PAGAR!!

Estaban sucediendo muchas cosas a la vez, pero Kyojuro no supo realmente qué decir. Solo se concentró en una sola tarea: seguir a la chica hacia las afueras de la ciudad tal como le indicaba, intentando perder de vista a la tropa de mujeres y campesinos que venían detrás de ellos con todas las intenciones de atrapar a la chica.

La noche apenas empezaba, y parecía que iba a ser larga.

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Mensaje por Akaza Vie Ene 08, 2021 11:29 am

«El resentimiento no se calma con el resentimiento. Sólo con un amor paciente deja de existir. Esta es una verdad constante.»

No recordaba cuando había decidido dormirse o desconectar, algo muy impropio en él cuando estaba en mitad de su misión. Habiendo abandonado a la muchacha y sin ánimos de buscarse algo de comer por falta de objetivos que cumpliesen con sus propios gustos; Akaza había seguido en la búsqueda de las hierbas, plantas y flores que Bei Hí le había encomendado. El pequeño enano, que siempre aprovechaba de tomar forma humanoide cuando sabía que ninguno de ellos estaba cerca, se había vuelto a tomar la molestia de dibujar con todo lujo de detalles aquello que estaba buscando y que Akaza tenía que encontrar.

La primera noche, esa misma, había resultado bastante exitosa, pues ya había conseguido cinco de las doce plantas que se suponía debía buscar. Entre tanto entrenamiento, enfrentamientos y comida; el demonio había descubierto que realizar aquella tarea, le daba cierta paz mental. No quería decir, que las cosas que Bei le decía mientras dormía estuvieran influyendo; aunque en parte, Akaza entendía que había algo familiar en ellas; aunque no recordase de quien había escuchado antes aquellas palabras, esos dhammapada y sutras.

De uno de sus bolsillos, sacó una de las hojas dónde había prensado y guardado la planta que coincidía con el dibujo; volvió a observarlo no sin curiosidad. Pensando en el demonio con forma de bola de pelo; ¿cómo era capaz de existir alguien como él, en una raza que se dejaba llevar por unos instintos que, por norma general, no tenían ni una pizca del amor paciente del que había hablado Bei la última vez que había dormido en la misma habitación que él?

No parecía haber sido hecho por la misma sangre y poder que lo había creado a él, ni al resto; y aún así, lo era.

El demonio se levantó de golpe, sobre la rama del árbol dónde estaba descansando y observó con un gesto impaciente entre la espesura del bosque. Escuchaba sollozos histéricos que no dejarían a nadie concentrarse y, que llamarían la atención de todo depredador existente en el lugar.  Empezó a avanzar hasta que reconoció la forma menuda de un niño que apenas iba vestido con un pantalón. Descalzo, lleno de lodo, heridas y abrasiones. Desde la corta distancia que los separaba, el oni pudo escuchar los latidos del humano, irregulares; su respiración forzada. No le sorprendió cuando le vio caer, desde el suelo, pudo contemplar las  plantas de sus pies. Tenía unas marcas.

Surcos de un color rojo oscuro que conformaban un símbolo que, sin duda, alguien con la mente muy depravada había decidido pervertir.

Akaza descendió, sin hacer ruido, aterrizó sobre el suelo desigual y permaneció a unos metros de distancia.  El niño no hacía mención de moverse, aunque seguía respirando y consciente. Entonces, sorprendido, el oni comprendió que el niño, quizá por tener alguno de sus sentidos más desarrollados de lo usual en la media humana, lo había sentido.

— ¿No vas a intentar huir? —la pregunta salió rápido, antes de que pudiera contenerla. No lo había dicho en un tono burlón, ni en una intención de hacer sátira. Era una cuestión honesta.

¿Acaso ... importa? —termina respondiendo el niño y, al momento de escuchar su respiración, nota que si  de querer huir, tampoco hubiera podido. El niño había llorado, no por miedo. Sus sollozos eran de frustración. Porque había luchado, y no había alcanzado nada—. Aunque huya, podrás atraparme y comerme ¿no es así?

Por supuesto, y Akaza siempre agradecía cuando una presa suya aceptaba su destino de manera honorable y decidía aceptar su destino sin salir corriendo. En algunos había detectado lágrimas, ¿pero podía culparlos de ello cuando era obvio que terminar siendo comida de un monstruo no era la muerte más deseable que uno pudiera tener? El demonio observó al niño, quitando las heridas, quemaduras y otros signos de tortura, su carne no parecía dura y aunque no tenía ni una pizca de energía, ese humano en miniatura no tenía ninguna enfermedad. Había sido un ejemplar sano y fuerte, obvio por el simple hecho de lo que había aguantado durante días. Sería una buena fuente de energía.

Si es tan obvio, ¿de quien estás huyendo? —preguntó, atajando la distancia que hasta el momento los había separado y poniéndose de cuclillas, para observar mejor al niño. Su rostro, manchado de tierra, oscurecía aún más las partes que tenía hinchadas. Se sorprendió al verle sonreír—. ¿Qué? —inquirió el oni, sin entender el tono casi defensivo que había tomado.

Pensaba que los demonios no parecían humanos y tu lo pareces.

¿Te sentirás mejor si te como una mano para demostrarte que lo soy? —respondió Akaza, arqueando ligeramente las cejas. ¿De dónde estaban saliendo tantos niños impertinentes? —¿El oni que conoces, está aquí?

El niño negó suavemente y volvió a cerrar los ojos, con una pesadez que indicaba que había llegado a su límite—: Derinkuyu, es su hogar subterráneo.  Los árboles con raíces colgantes. Nos llevaron por ahí... a mi y a...

La voz del niño pasó de un murmullo a la nada. Había perdido la conciencia pese a lo mucho que había tratado de mantenerse despierto. Akaza lo miró, de nuevo, pese a lo sucio y las condiciones por las que había pasado; seguía siendo un buen ejemplar. La energía que podía aportarle era seguro que iba a necesitarla y él tampoco era de ignorar a la comida cuando decidía desplomarse frente a él.

Precisamente por eso mismo, Akaza recogió al niño del suelo, lo cargó sobre uno de sus hombros y se alejó del lugar, usando los árboles para desplazarse más rápido. Con apenas unos minutos, el demonio se había adentrado en la periferia del  pueblo que había junto al bosque. Usando su arte de sangre, reventó varias ventanas para llamar la atención y sin hacer nada más, dejó al niño en el suelo y se alejó. Tras observar que las mujeres que habían salido del hogar al que había llamado, recogían al niño hechas un mar de lágrimas, alivio y al mismo tiempo decepción y desazón, el oni volvió al interior del bosque.

En aquel lugar estaban esperando la llegada de más de un humano desaparecido.

Derinkuyu, hm? —a Akaza debía importarle menos que una piedra lo que se suponía que estuviera haciendo el demonio que hubiera reclamado aquella zona como suya. Se limitaría a recoger las plantas que el bicho le había pedido. Por eso mismo, decidiría rastrear el olor de la mujer que habían intentado atacar aquellos tres aldeanos.

Si conseguía que su amistoso congénere dejara de joder y alertar a todo cazador que hubiera cerca, él podría concentrarse mejor en su misión.
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C02. Cazadores
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Mensaje por Rengoku Kyojuro Vie Ene 08, 2021 11:37 am

No tardaron mucho en dejar atrás a la tropa de aldeanos. Cuando cruzaron los límites del bosque para adentrarse, fue el momento definitivo en donde los gritos de la turba comenzaron a desvanecerse. Kyojuro lo notó enseguida, y supuso que ninguno quería acercarse al lugar; ergo, era bastante probable que aquel fuera el territorio del demonio, en donde había formado su nido. Frente a los ojos de los mortales, simplemente era un lugar que se debía de evitar a toda costa. Para un cazador era a dónde dirigiría su espada.

No estamos muy lejos —la voz de la mujer lo hizo volver a mirar hacia adelante, observando su silueta desde atrás.

La mano le temblaba mientras le sostenía la muñeca, humedecida por sudor frío. Seguro se había llevado un buen susto ante la posibilidad de ser linchada allí mismo, pero por fortuna, la rapidez de ambos evitó semejante destino. Desde que empezaran a correr, se mantuvo callada hasta ahora. Kyojuro tenía muchas preguntas en la cabeza y ninguna intención de formularlas en voz alta. Al menos no todavía. Se mantendría expectante hasta que le pareciera buena idea cambiar de postura.

Nadie le recriminó su silencio. A su alrededor, el bosque parecía idéntico a todos los otros que en el pasado había recorrido durante misiones similares, y sin embargo, a la vez le parecía distinto. No sabía explicar por qué. Quizá algo en el ambiente, un detalle que aún no se le hacía obvio. Necesitaba observar mejor.

El sendero por el que la chica los condujo era irregular. No se desviaban por los claros, sino que atravesaban las zonas más tupidas y frondosas del bosque, hasta que la silueta del poblado quedó atrás del todo. Ya no se veía nada más que no fuesen árboles o arbustos alrededor. De todas formas, Kyojuro seguía manteniendo un sentido de la orientación decente: sabría cómo salir por su cuenta si llegaba a ser necesario.

Entonces se dio cuenta de qué era diferente, justo cuando la muchacha se detenía frente a uno de los árboles más viejos, de tronco grueso y raíces salidas. Por alguna razón, había un hoyo en su interior.

El demonio vive bajo tierra —anunció, haciéndole espacio a Kyojuro para que pudiera detallar aquella entrada natural tan peculiar—. Si desciendes por aquí, encontrarás su territorio: Derinkuyu. Las personas desaparecen y no vuelven a ser vistas porque sus restos se quedan allí. Él… no le gusta para nada la superficie.

La muchacha no dejó de hablar, ni tampoco de mirar al cazador. Rengoku estaba inspeccionando los alrededores del hoyo con detenimiento, los ojos fijos en la formación de las raíces con cierto aire de sorpresa. Ese era el momento.

Los otros cazadores que vinieron entraron, pero jamás volvieron a salir. Y también los niños, oh, todos esos pequeños… —el tono de la voz se tornó melancólico y lastimero, pero su rostro no reflejaba lo mismo, sino más bien concentración mientras hurgaba con disimulo entre sus ropas—. Vas a salvarlos ¿verdad, señor cazador? Por favor, dime que los vas a ayudar. Los pobres niños…

La mujer se mordió los labios y, al mismo tiempo, se le acercó por la espalda, agitando en la mano un objeto que a la luz de la luna soltó un reflejo metálico amenazador. ¡Era ahora o nunca!

Pero la adrenalina se le congeló dentro de las venas cuando una mano ajena la tomó firmemente, deteniéndola en el acto. Los ojos se le abrieron como platos, observando cómo Kyojuro le devolvía la mirada con un gesto serio, incluso decepcionado. Cuando siguió el camino hasta la mano de la chica, se dio cuenta de que aferraba con fuerza una jeringa llena de un líquido morado traslúcido.

¡¿Cómo…?!

El último compañero al que engañaste nos dejó una pista con su cuervo sobre lo que estaba pasando antes de desaparecer. No íbamos a caer tan fácil en un truco repetido —comentó con un tono de voz lleno de pesar sin dejar el gesto serio. Kyojuro apretó el agarre y le retorció el brazo hasta hacerla soltar la jeringa, entonces pisó el traste e hizo trizas su cuerpo de cristal sobre la tierra.

El rostro de la mujer se llenó de pánico de inmediato, sorprendida y asustada a partes iguales por lo que estaba pasando. Empezó a agitarse, intentando hacer que el cazador la soltara sin mucho éxito, entonces, con los ojos desorbitados mirando más allá de Kyojuro, empezó a chillar con un tono estridente.

¡¡Suéltame!! ¡¡SUÉLTAME!! ¡SI NO ME DEJAS HACER MI TRABAJO ME VA A ASESINAR! ¡NO SE CONTENTARÁ SOLO CON LOS NIÑOS! ¡ME HARÁ PAGAR QUE LE HAYA FALLADO DOS VECES HOY! ¡NO PUEDO PERMITIRLO! ¡NO VOY A DEJAR QUE ME MATE!

La diferencia de fuerza era notoria entre Kyojuro y la chica, pues no conseguía zafarse por más intentos o jalones que hiciera. Tampoco dejaba de gritar cosas parecidas a las primeras, a un volumen capaz de despertar a todo el bosque a la redonda. La fuerza de esa voz hizo que el muchacho apenas se diera cuenta a tiempo de que había otra presencia muy cerca de él a su espalda.

¡Tch!

Una aguja le punzó la piel del brazo antes de que se volteara para rechazar a la otra mujer que desde una nueva posición lo atacaba. La alarma se dibujó en ambos rostros, el de ella y el cazador. En unos segundos, Kyojuro le quitó la jeringa de las manos apretando los dientes mientras la aferraba por el brazo y observaba el contenido. Le había dado tiempo de empujar el émbolo hasta al menos vaciar un cuarto del contenido.

¡¡MUERE, CAZADOR!! ¡DESAPARECE!

La mujer del kimono rosa aprovechó la conmoción para abrirse paso y empujarlo con todas sus fuerzas hacia el agujero. La tierra era traicionera, húmeda, resbaladiza, y Kyojuro se vio deslizándose hacia abajo con el rostro lleno de sorpresa.

¡NO VAS A PODER SALIR NUNCA!

La voz estridente de la mujer hizo eco en esas profundidades, mientras el muchacho descendía en medio de la oscuridad hasta desaparecer del todo en las sombras.

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Mensaje por Akaza Vie Ene 08, 2021 11:46 am

No sabía cuánto había avanzado cuando, en su persecución en busca de la fémina del kimono rosa, cuando se encontró con otra muchacha algo más joven. Se detuvo porque olía a una mezcla que se asemejaba al miedo y algo mucho más podrido, todo homogeneizado por la firma obvia de un demonio, junto a ella le acompañaban dos niños uno de ellos parecía estar en un trance, mientras que el otro le seguía, probablemente, por temor a lo que pudiera pasar con el que estaba ido.

Lo siguiente que había hecho Akaza, fue descender hasta dónde se encontraban. Los  humanos se habían asustado lo suficiente como para tratar de salir corriendo —excepto el que estaba casi como un vegetal—. Había agarrado a la chica y había abandonado a los otros dos niños, para que dejasen de hacer el estúpido y regresasen a casa.

El momento más gracioso de esa escena había sido cuando la jovenzuela había tratado de apuñalarle con una jeringa. La aguja había rebotado y el líquido que contenía aquello terminó desparramado por la corteza de un árbol. Antes de que ella pudiera escapar, Akaza la había tomado del cuello, sin apretar, y le había preguntado con toda la amabilidad con la que podía en aquel momento, la ubicación de Derinkuyu. Al ser recibido solo con gritos histéricos, el oni decidió callarla. De un golpe.

Aquella acción le hizo sentir un nudo en la garganta y la sensación de que hubiera sido mejor cortarse la mano. Pero estaba viva, aunque no lo merecía. Con un poco de suerte,  la gente del pueblo le haría lamentar haber sido tan cobarde. Porque eso era lo que había sido.

No pasó mucho rato, una vez que había retomado la búsqueda, que escuchó los alaridos de la mujer del kimono rosa. La velocidad del demonio se aceleró en cuanto reconoció otro rastro que a esas alturas, tenía muy grabado en la memoria. Cuando llegó vio a la mujer que había estado buscando desde hacía rato junto a otra, el olor del cazador y usuario de la respiración de la Llama, Rengoku Kyojuro, había desaparecido con brusquedad.

Se movió, sin pensar; la mujer que discutía con la que Akaza ya conocía recibió la misma suerte que la joven del bosque, noqueada de un solo golpe, quizá más fuerte que el que había recibido la otra. Y con una brusquedad que jamás hubiera pensado usar en una mujer —que no intentase rebanarle la cabeza— tomo de los brazos a la del kimono rosa y la acercó a él—. No sé como has conseguido ocultar la impresión que tiene el oni sobre ti antes. La tienes por todos lados ahora, ¿es por qué está despierto? ¿Así funciona? —como bien esperaba no recibió nada más que una sarta de alaridos que no se molestó en entender. La ira que sentía en aquel momento le hacía difícil contenerse. No podía sentirse afectado. Él estaba ahí porque estaban molestándole.

¿Qué hubiera ocurrido si no hubiera decidido aceptar hacer el favor que el bicho le había pedido; de haber ido Bei en su lugar?

Sus dedos imprimieron un poco más de fuerza sobre los hombros de ella. Crujieron, pero no se rompieron. Los gritos cesaron, pareció entender que si no se mantenía en silencio, sus probabilidades de sobrevivir menguaban épicamente.

¿Crees que lo que él puede hacerte será peor de lo que te harán, cuando os encuentren? —Akaza esbozó una sonrisa, y la soltó—. Él no va a protegerte cuando todos esos hombres y mujeres os encuentren a ti y a las otras, y den rienda suelta al dolor que les habéis provocado. Y en ese momento, desearás que cualquiera de nosotros te hubiera devorado. Te dije que te fueras, deberías hacerlo antes de que os encuentren —aunque en su fuero interno, Akaza deseaba que esas tres brujas cobardes y traicioneras pagasen. Él no iba molestarse en facilitarle su paso a la otra vida.  Que la dejase viva,  no quitaba el hecho de que  seguía considerándola cobarde y que, como con todos los cobardes seguiría provocándole asco y ganas de destruirla. Porque los cobardes nunca cambiaban, seguían siendo traicioneros, crueles, y aprovechaban cualquier desventaja para salirse con la suya. No importaba que fuesen niños, mujeres, enfermos o personas predispuestas a querer ayudar, los usarían.

Los cobardes abusaban y se lo llevaban todo por delante por razones absurdas, sin sentido.

Todo lo que importaba, lo hacían desaparecer.

Akaza se encaminó hacia el árbol, con las raíces colgantes y observó el agujero que se hundía en el subsuelo. Por ahí había desaparecido el olor del cazador, que podía percibir vagamente si hundía la cabeza. Sin reticencia alguna, el oni decidió atravesar la entrada natural a ese extraño camino excavado hacia el interior de la tierra, usando las desigualdades para descender por la pared. Colgando precariamente de una pequeña raíz que salía de la terrosa pared, recuperó un rasgado haori de color blanco. El olor que había impregnado en él era del cazador, y el descubrimiento pareció sorprender a Akaza. ¿No le había visto siempre con uno que lleva estampado de flamas en la orilla, como las de su cabello?

Chasqueando con la lengua y suprimiendo la tentación de poner los ojos en blanco, Akaza se soltó de la pared, dejándose caer el largo tramo que le quedaba por recorrer hasta  llegar a la verdadera entrada de Derinkuyu.
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Mensaje por Rengoku Kyojuro Vie Ene 08, 2021 12:20 pm

Hermano… hermano, por favor, despierta.

Kyojuro abrió los ojos de inmediato e intentó incorporarse. Una sensación de desvanecimiento le hizo perder el equilibrio, y terminó pegando las rodillas y las palmas al suelo, tratando de encontrar estabilidad. Experimentó una punzada en la cabeza y de pronto todo a su alrededor comenzó a dar vueltas.

Cerrando los ojos, quiso poner en orden sus ideas. ¿Ese acaso había sido Senjuro? Creía escuchar la voz de su hermano, pero no. El muchacho no estaba allí. Era más bien la preocupación y su subconsciente alertándolo de que se moviera. En ese lugar se devoraban niños. No era raro que Kyojuro empatizara con las personas del poblado echando de menos a sus retoños, pues como ellos, atesoraba a su pequeño hermano.

De pronto tenía la piel de las manos húmedas, y cuando abrió los ojos se dio cuenta de dónde provenía el agua. ¿Estaba lagrimeando? Con el dorso de la diestra se enjugó las comisuras de los párpados, descubriendo la piel en esa zona pegajosa, con un camino reseco que descendía hasta las mejillas. Volvió a parpadear, y la visión se le distorsionó de nuevo por el agua agolpándose alrededor. Las lágrimas seguían cayendo casi a raudales y él no podía detenerlas, ni sabía por qué aparecían.

Entonces recordó lo que sucedió momentos atrás, ¿hace cuánto? ¿Minutos? ¿Horas? En la caída por aquel agujero oscuro debió de haber perdido el conocimiento, justo después del forcejeo contra las mujeres, cuando…

El brazo le escocía. Kyojuro revisó la zona donde le habían pinchado sabiendo que se encontraría con la marca de una incisión; estaba hinchada, pero más allá de eso, no podía notarse gran cosa. Aun siendo sorprendido, se las arregló para evitar gran parte del suero dentro de la jeringa, pero por desgracia, una porción estaba circulando ahora por su sistema.

Sea lo que fuera, seguramente era la responsable de la sensación de mareo, así como el lagrimeo constante. Deteniéndose más en lo que percibía mientras se incorporaba con cuidado, se dio cuenta de que además tenía la boca seca y que las puntas de los dedos le cosquilleaban. ¿Qué es lo que le habían dado?

Así que todavía puedes levantarte. Hm, supongo que o bien eres más resistente que los otros cazadores, o alguien no hizo su trabajo como debía allá arriba.

La voz que lo sorprendió provenía de más adelante. En un acto reflejo, Kyojuro sacó de la guarda su nichirin, y la propia acción le hizo trastabillar. Gruñó con molestia, pegándose a la pared rocosa a sus espaldas, intentando mantener el equilibrio mientras el mundo le daba vueltas. Si lo habían envenenado, tendría que probar a ralentizar el progreso de la sustancia dentro de su propio cuerpo acompasando la respiración, controlando la circulación. Hacerlo con un enemigo al frente, no obstante, sería un verdadero reto.

Todo a su alrededor estaba constituido por paredes cavernosas. El espacio era circular, y se conectaba con dos pasillos que iban cada uno por un extremo diferente, comunicando seguramente otras estancias similares a esa en donde se hallaba.

El espacio estaba decorado de forma austera, emulando un pequeño taller de trabajo iluminado tenuemente por linternas de aceite. Había un par de mesas largas donde se apilaban libros, pipetas, tubos de ensayo llenos de diferentes soluciones así como un caldero que en ese momento burbujeaba con un líquido espeso y oscuro en su interior. Frente al artilugio, una silueta alta y delgada cubierta por una túnica gris larga supervisaba el preparado sin siquiera darle la cara a su invitado.

Resultaba difícil respirar, pues el aire se hallaba viciado y parecía escaso, pero de todas formas Kyojuro se esforzó por mantener un ritmo profundo, constante.

Eres el demonio que se lleva a los niños bajo tierra para comérselos. —No lo estaba preguntando.

Algo demasiado obvio a estas alturas, pero te contestaré de todas formas: sí, lo soy. —el oni se dio la vuelta, revelando por fin su apariencia: representaba la figura de un anciano lampiño; la piel se surcaba por miles de arrugas, incluso alrededor de los pequeños ojos oscuros que miraban con cierta suspicacia al muchacho a su frente. No parecía feliz, ni divertido, pero sí intrigado—. Y me sorprende que estés en la capacidad de mantener una conversación, cazador. Generalmente cuando los tuyos me visitan, tienen apenas la vaga noción de dónde se encuentran y poco más. Es mejor así, supongo. No es como si necesitaran saber lo que será de sus vidas una vez vienen aquí a quedarse.

¿Qué quieres decir con eso?

¿No estabas consciente cuando te trajeron a mi taller? —el anciano arqueó una ceja, y luego avanzó varios pasos. Cuando solo los separaban unos cuantos metros, dio dos palmadas en el aire.

Los pasos de dos personas se escucharon viniendo cada uno por un pasillo. Arrastrando los pies como si les pesaran, se asomaron sin decir una sola palabra con gesto tranquilo y servil. Kyojuro los miró entre atónito y horrorizado, no sin antes parpadear furiosamente para que las lágrimas le dejaran enfocar mejor la vista.

Eran dos de los tres cazadores enviados antes que él para aquella cacería, pero uno de ellos no estaba vivo. El contraste de la piel entre ambos era alarmante, pues la del primero de todos se encontraba moteada por diferentes manchas de un púrpura antinatural en todo su cuerpo. Eso, y los ojos vueltos hacia arriba junto a una expresión vacía, explicaba claramente cuál había sido su destino en ese sitio desde su descenso.

Ah, sí, ya pasaron tres días desde que me comí todas sus entrañas. Ahora lo que queda es un cascarón vacío —explicó el anciano tras interpretar la mirada de Kyojuro—. Pero todavía es útil. El segundo estará listo antes del amanecer, cuando logre tener el mejor sabor, entonces le seguirá el mismo destino…

Ichi no kata: Shiranui!

La rabia hizo que su cabeza se despejara por un instante y le permitiera atacar. Su nichirin, no obstante, chocó contra el frío metal de otra interponiéndose en su camino. El cazador de la piel moteada forcejeó con increíble fuerza, conteniendo la embestida de Kyojuro. El impacto explosivo de las llamas le abrió surcos en los brazos, y de ellos no manó sangre, sino un líquido espeso diferente.

Muy parecido al que burbujeaba ahora en la caldera.

No me gusta que me interrumpan mientras hablo, cazador —el demonio apenas pareció indignado, pero de inmediato retomó el hilo de su monólogo como si nada—. Tampoco me gusta la carne de los adultos. Tiene menos vitalidad que la de los niños, y me obligan a tener que prepararla para que se asemeje a ellos lo más posible. Lo único en lo que son realmente útiles es para resguardar mi hogar como centinelas. Ahora… —aun con el forcejeo de las dos espadas en marcha, el anciano caminó en dirección a Kyojuro, esbozando una sonrisa contenta—. Tú no eres un adulto todavía, ¿cierto?

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Mensaje por Akaza Vie Ene 08, 2021 12:34 pm

Hubiera deseado poder decir que la violencia que había desplegado en aquel momento, dentro de esas cavernas, había sido a causa de la naturaleza vil que se suponía que tenían todos los demonios. La inagotable sed de sangre y la lujuriosa necesidad de destrozar todo a su paso. El caso era, que Akaza no sentía ningún placer por hacer lo que estaba haciendo, al menos no en ese momento.

La carencia de euforia al usar su fuerza para hacerse paso se hacía obvia por su expresión. Más bien, la ausencia de esta.

Dónde un humano podría haber decidido ir más lento por miedo a que pudiera derrumbarse aquel especie de hormiguero laberíntico, el oni avanzaba sin preocupación aparente. Y sin embargo, evitaba tocar u ocasionar daños en las zonas que sentía más endebles. Él podría sobrevivir si era sepultado, y encontraría la manera de hacerse paso a la superficie.

Otros, no tenían tanta suerte.

Un alarido sacó a Akaza del estado en el que se encontraba, de hecho, lo hizo detenerse en seco. El rastro del cazador seguía siendo fresco y seguía teniendo ventaja si seguía avanzando y destruía todo aquello que pudiera alertar de su presencia. Pero, los gritos le hicieron olvidar la prisa que tenía en ese instante y le hicieron desviarse a una de las habitaciones que se alejaba del camino que había tomado. Cuando el pasillo desembocó en una amplia habitación, el oni fue recibido por los tres aldeanos que había matado en el bosque horas atrás.  No estaban vivos, era obvio porque  sus ojos estaban velados, los cuellos de dos de ellos seguían rotos y el cráneo del primero al que había golpeado seguía teniendo una prominente hendidura.

Los aldeanos habían arrastrado a un niño hasta el centro de la habitación y trataban de marcar con sangre y acero las marcas que había notado en los pies del enano al que Akaza había visto antes. El que le había hablado de Derinkuyu. El humano al que marcaban ahora, se había desvanecido del dolor.

Era una suerte para esos tipos estar muertos ya, ¿no? Habría sido una crueldad aún mayor ser marionetas vivientes y experimentar en tercera persona como eran los torturadores de los niños que tanto desespero habían estado buscando.

Moviéndose con una velocidad certera, Akaza se lanzó sobre los hombres y  volvió a matarles, esta vez usando su arte de sangre y asegurándose que los restos de aquellos tipos quedasen inservibles. Apartó al niño del estropicio, y miró las heridas en las plantas de los pies. De algún modo sabía y reconocía el dolor que aquello provocaba, de hecho, hasta comenzaba a estar seguro que lo había experimentado él mismo; y también creía recordar cuánto podría tardar en sanar y cómo debía cuidarse para evitar que se infectase. Se sorprendió sólo un poco cuando se vio moviendo al niño fuera de la fuente de calor y colocándole del mejor modo posible.

No quiso sacarlo fuera, porque las brujas seguían pululando por el bosque, y si quería ir a patear el trasero del demonio que había decidido joderle una misión que iba a, técnicamente, ser tranquila; no podía hacerlo con las manos ocupadas. Abandonó la habitación y volvió a rastrear al cazador.  Estúpido Kyojuro Rengoku, ¿cómo se había dejado arrastrar a una situación como aquella? 

Arrugó la nariz cuando comenzó a notar el aroma del otro demonio y, el inconfundible hedor de un cuerpo humano pudriéndose. Aún en la distancia, pudo escuchar el sonido peculiar de las armas que esgrimían los cazadores, el olor desagradable de una nichirin. Y no sólo una. Aceleró el paso, y como no encontraba la ruta más fácil al interior de la habitación de dónde detectaba al cazador, decidió atravesar la pared directamente.

Sabiendo que se enfrentaba a otro demonio no podía detenerse a admirar el panorama. A su lado sobrevivía un caldero y por el suelo se desparramaban varios tubos de ensayo. Akaza hizo lo más lógico en ese momento, tomar el caldero con una mano, reventarlo sobre la cabeza del demonio que se asemejaba más a un cadáver disecado que a un demonio propiamente dicho; usó una de sus técnicas de sangre para patearle el estómago, agujerearlo y aventarlo contra la pared que parecía más robusta para dejarlo encajado ahí, por unos segundos. Porque a ese demonio no iba a poder matarlo en su territorio.

¡Ah! putas nichirin sería lo que pasó por su cabeza cuando uno de los tres cazadores de ahí dentro, le cercenó tres dedos. No tuvo tiempo de quejarse, porque tenía que esquivar y dejar a ese cazador encajado en otro agujero. Con el de color morado, no tuvo tantos miramientos. Rengoku Kyojuro iba a tener que aguantarse y era justo lo que pensaba decirle cuando Akaza parpadeó, extrañado. La expresión del cazador le sacó completamente del tempo que se había marcado— ¿Por qué estás llorando? —inquirió en un tono que le pareció alarmado y que le alarmó. Golpeó al cazador muerto lejos de los dos y sin pensarlo cargó al usuario de la respiración de la Llama sobre el hombro y salió de la habitación. Usó sus ondas de choque para bloquear todas las entradas, provocando un derrumbamiento, casi controlado.

Aquí dentro va a ser complicado que puedas matarle —claro que si, la momia olía diferente a otros demonios. Y había tenido la paciencia de crear todo aquel mundo subterráneo para tener a sus presas ahí. Sabría como alcanzarles. Sabría que hacer para tener la balanza a su favor. ¿Y por qué le importaba? Podría marcharse,  no es que ese oni fuese a perseguirle el resto de sus días porque hubiera usado su cabeza para destrozarle la cocina y sin embargo, ese pensamiento nunca fue parte de un posible plan. Huir y olvidarse de aquello no era un plan de acción viable para él.

Cuando consiguió acercarse a un lugar que no supusiera un cuello de botella para ellos, dejó al cazador en el suelo y le miró durante varios segundos, sintiéndose incómodo, fastidiado, violento, preocupado y cabreado.

¿Qué te ha hecho? ¿Te has roto algo?  ¿Se había roto algo, quizá los conductos lagrimales?, intentando morderse la lengua y no discutir consigo mismo su increíble derroche de elocuencia, desató de su cinturón azul el haori blanco que había asegurado y lo colocó sobre los hombros del cazador—. ¿Puedes levantarte? ¿Puedes luchar? —le preguntó—. Puedo ayudarte, al menos esta vez — pretendía hacerlo así desde un principio, aunque no lo hubiera pensado en alto durante el trayecto. Además, también se lo debía por el secuestro accidental, de la última vez.
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Mensaje por Rengoku Kyojuro Vie Ene 08, 2021 12:45 pm

Un estremecimiento recorrió la espina dorsal de Kyojuro, escuchando con una claridad exagerada los pasos del demonio en su dirección. Las manos le temblaban por el esfuerzo impreso en su propia espada, con tal de evitar que el otro cazador ya fallecido le traspasara y cortara. Necesitaba pensar en algo rápido para actuar de inmediato, o de lo contrario, sabía, estaría perdido.

Apenas tuvo tiempo de ser consciente de dos cosas: una, que su condición empeoraba, pues la sensación de vértigo empezaba a intensificarse así como las molestas lágrimas. El cosquilleo se había extendido a sus dos manos, lo cual hasta le hacía dudar de que en verdad se encontrara sosteniendo algo. La segunda, era que su mejor opción no podía ser otra más que escapar, aunque rodeado como estaba, resultaría difícil. Necesitaba patear al cazador muerto, pasar por encima del otro, y correr con la suficiente estabilidad lejos hasta conseguir la salida de ese sitio. Alertaría al resto de los cazadores y traerían refuerzos. No podía dejar que semejante lugar quedara impune después de saber cuánto sufrimiento se estaba gestando allí dentro.

Todos los planes se fueron al garete, sin embargo, cuando una presencia inesperada hizo su aparición explosiva.

¡¿Akaza?! —Kyojuro apenas dio crédito a sus ojos, abiertos de par en par por la sorpresa. De todas las posibilidades, jamás se le pasó por la cabeza que el siguiente encuentro entre ambos se daría justo ahora. Pero allí estaba el demonio, golpeando, por alguna razón inexplicable, a su congénere, y luego asistiendo al mismísimo Rengoku para tener una abertura milagrosa lejos del enemigo. Él no hizo otra cosa más que dar un respingo cuando le increpó, apresurándose en enjugar las lágrimas otra vez sabiendo que de todas formas sería inútil: seguirían cayendo.

Ser alzado y llevado a cuestas con una velocidad antinatural lo obligaron a presionarse la boca con el antebrazo libre para no vomitar mientras miraba el derrumbe de esa sala que ahora dejaban atrás. El movimiento brusco solo acrecentó las náuseas, y Kyojuro percibió el sabor de la bilis en su boca, aunque se obligara a tragar para no devolver nada en plena carrera.

Cuando tocó de nuevo el suelo, tuvo que extender las manos y apoyarse del propio Akaza, manteniendo la cabeza gacha con la frente pegada al hombro contrario. Todavía sentía que todo a su alrededor daba vueltas con violencia. Mientras escuchaba con los ojos apretados al demonio, sintió que al paso de los segundos las sensaciones podían volverse tolerables. Al menos un poco.

¿Así que vas a volver a ayudarme? Ya veo… no entiendo por qué, pero te creo, Akaza, y lo agradezco —respondió al alzar la mirada, sin ser consciente de lo extraña que podría parecer la expresión de su rostro con la sonrisa arrojada de siempre mezclada con los ojos brillantes anegados en lágrimas. Un par descendieron por sus mejillas cuando parpadeó queriendo aclararse la vista—. Parece que su técnica de sangre tiene que ver con venenos o drogas. Intenté verme lo menos afectado posible, pero por desgracia no lo pude evitar por completo. Es cierto que ahora mismo no me siento tan bien como antes, ¡pero creo que puedo superarlo! Solo me contaminó con una pequeña fracción, no creo que me inutilice del todo; ¡además! es posible que su efecto se disipe una vez lo hayamos acabado. Aún puedo luchar —declaró con rotundidad, separándose para incorporarse derecho una vez se sintió mejor, apuntando la nichirin hacia el suelo con las dos manos.— ¿Qué haces aquí? —no pudo evitar preguntar, mirando (en lo posible que sus lagrimales se lo permitían) con extrañeza al demonio—. ¡No pensaba que te volvería a ver tan pronto!

Ni siquiera Kyojuro supo cómo podía sonar eso. Le pareció que había una suerte de sorpresa así como impresión alegre en su voz, lo cual, viniendo de un cazador frente a su enemigo natural, resultaba de lo más extraño. Pero de todas formas, ¿qué no era extraño en su relación con Akaza hasta ahora? Si lo comparaba con el resto de onis con los que había tratado, no podría hallarle similitud con ninguno, ni siquiera con Kokkuri.

Ya habría tiempo para divagar sobre eso con calma, pues ahora, la amenaza actual se lo impidió volviendo a manifestarse cuando la voz del otro demonio se escuchó cerca de ellos, clara y concisa a sus espaldas.

Permíteme corregirte en tus suposiciones, cazador.

Miles de proyectiles cortaban el aire creando un silbido potente mientras se disparaban en una sola dirección: directamente contra Akaza. Kyojuro se apartó con cierta torpeza de un salto, intentando evadir el ataque aunque luego cayera en cuenta de que nadie lo estaba apuntando. Cuando miró hacia una de las paredes, encontró un híbrido entre cuchillas y jeringas clavadas firmemente desde el filo. En la cámara de cada una, brillaba un líquido rojizo más escandaloso y artificial que la sangre. La base de los curiosos dispositivos parecía estar hecho de huesos.

El cazador se volteó a mirar a su compañero, esperando que no le hubiese afectado. No solo fue un ataque imprevisto, sino también veloz. Lo que decía Akaza era cierto: ese demonio tenía la ventaja mientras permanecieran en Derinkuyu.

Qué bueno que lo esquivaste, chico. Ese suero te habría arruinado el sabor y me quitaría cualquier oportunidad de sacarle provecho a tu carne; en cambio a ti, te daría un rato bastante doloroso que solo se calmaría con la muerte. Aunque haciendo efecto sobre uno de los míos solo es un horrible tormento pasajero. Lo acabo de preparar especialmente para el otro molesto intruso —el demonio anciano volvió a alcanzarlos caminando por el pasillo con tranquilidad, acompañado de los cazadores de antes y otros dos hombres arrastrándose en la misma condición enfermiza—. ¿Pero en dónde me había quedado? Ah sí. Lo que dijiste. Has adivinado en parte en lo que se basa mi técnica de sangre, cierto. Puedo mezclar cualquier porción de mi cuerpo con otros ingredientes y estos crearán brebajes, sueros o venenos con efectos diferentes en las personas, algunos más graves que otros. Pero no porque hayas evitado una parte de la dosis significa que estarás libre del todo de sus efectos como para de verdad hacerme frente. Dale tiempo, se hará más presente y cualquier intento de lucha acabará siendo inútil. Ya tu destino está sellado —aclaró, esbozando una sonrisa llena de conmiseración y cierta burla—. Además… Tampoco es como si existiera la posibilidad de eliminarme para recuperarte. Será una cena problemática, pero espero estar en lo correcto al pensar que valdrá la pena. Dejando eso de lado…

Era absurdo pensar que un cuerpo esquelético y decrépito como aquel vejestorio pudiese moverse con rapidez e incluso tener una fuerza bestial, pero resultó ser verdad. De un solo salto, igualando la velocidad de Akaza, se puso en frente de él y lo tomó con las huesudas, pero largas manos del rostro, solo con la intención de arrojarlo contra la misma pared donde descansaban sus cuchillas y a la vez, separarlos a ambos.

Estoy muy curioso por saber la razón por la cual otro demonio quiere invadir mi territorio e incluso pretende ayudar a un cazador para asesinarme. ¿O acaso escuché mal? Dime, muchacho, ¿qué es lo que de verdad intentas lograr traicionando a tu propia especie? Hay maneras menos absurdas de morir, bien podrías pedirle al chico que te decapite —comentó, mirando en dirección a Akaza con una ceja arqueada. No era un enemigo dado a sonreír o a carcajearse de sus victorias, pero tampoco resultaba difícil encontrar en su expresión seria la intriga por todo aquello—. Esto es demasiado inusual. Tal vez quiera conservarlos un rato más para entender de qué va todo esto… —comentó más para sí mismo, antes de aplaudir otra vez. Con eso logró que sus marionetas enderezaran las posturas y sacaran de sus guardas las nichirin—. Encárguense del cazador, no lo dejen salir. Yo me ocuparé personalmente del oni.

Kyojuro tuvo el tiempo contado para interponer su espada una vez más contra el par que se abalanzó contra él, viéndose obligado a forcejear con los otros dos cazadores para evitar de nuevo ser lastimado. Aun con el malestar, las lágrimas nublándole la vista y el cosquilleo en los brazos, tuvo un segundo para echarle un vistazo a Akaza así como al otro demonio acercándose lentamente hasta donde estaba.

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Mensaje por Akaza Vie Ene 08, 2021 12:56 pm

Cualquier expresión que hubiera podido traicionarle y mostrar la perplejidad —como poco— que había sentido ante lo dicho por el cazador, quedó completamente anulada en cuanto la marca de la momia volvió a hacerse presente en la zona. Sin duda, aquel maldito oni debía ser bastante fuerte, se había regenerado muy rápido y lo peor de todo,  era que el maldito no sólo era inteligente y mostraba un irrisorio pragmatismo, tenía los recursos y la habilidad para adaptarse a la situación.

Akaza sabía que se había metido en un gran problema.

Cuando vio los proyectiles dirigidos en su dirección, hizo lo posible para esquivarlos, manteniendo a raya el impulso que le dictaba usar su arte de sangre y enviarlos a volar junto a sus ondas expansivas. Pero no podía. Primero y principalmente, porque provocar más derrumbamientos sólo sería perjudicial para ellos y, entre otras cosas, de redirigir erróneamente aquella asquerosidad de suero, podría golpear al cazador y... Rengoku Kyojuro no parecía estar por la labor de aguantar otra dosis de cualquiera de las sorpresas de la momia. Por suerte para el propio Akaza, si es que se le podía describir como suerte sabía que tenía una resistencia por encima de un oni común.  Quizá lo había heredado de su parte humana, pero desde siempre se había sentido muy acostumbrado a sentir dolor. A resistirlo y joderse hasta que se pasara.

Solo una pequeña inflexión en su expresión podría dejar ver el especial suplicio que los pocos proyectiles que habían llegado a su cuerpo le estaban provocando,  en su lugar y una vez hubieron cesado de lanzarle cosas, Akaza volvería a adoptar una postura más relajada, aunque listo para volver a la acción en menos que un parpadeo. Sonrió, en un gesto sarcástico. Casi pareciera estar incitándole a seguir para ver cual de ellos se cansaba antes.  Pero no se movió.

En su lugar Akaza mantenía su atención en las presencias que su arte de sangre podía marcar como objetivos y buscaba. Buscaba el modo de salir de ahí.  Por suerte para él, aquel oni parecía estar enamorado del monótono y muy poco sensual sonido que hacía para comunicarse con el resto de los seres vivos que poseían oído.

Solo dejaba claro el hecho de que en tu territorio es  prácticamente imposible que puedan matarte. Dudo que hayas olvidado nuestra misión, estoy aquí en busca de algo.  Y ahora no podré seguir porque tus estúpidas humanas han alertado a medio mundo —Akaza entornó los ojos, casi poniéndolos en blanco—. Ahora deberé buscar otro lugar con las mismas condiciones que pueda tener lo que buscaba aquí, de llegar la Organización y averiguar que estamos buscando, ¿no crees que sería peligroso? —porque, Akaza estaba seguro que el otro demonio sabía que hablaba de la misión en busca de las plantas con propiedades extrañas. E imaginaba que, de estar conectado también con el creador sabía que iba a morir muy rápido si llegaba a sus oídos que por culpa de su descuido la organización se enteraba de sus posibles avances o lo que buscaba en realidad—.  Ponernos territoriales no nos sacará nada bueno,  además. Que haya irrumpido en tu reino subterráneo es algo que te mereces.  El cazador es mio y te lo ibas a comer. Solo estás recibiendo retribución a tus actos, si seguimos tu punto de vista, estabas pisándome. Quizá me haya excedido en la parte de matarte, pero que no somos los demonios jóvenes, sino demasiado excesivos—Akaza hizo un esfuerzo por contener el escalofrío que estuvo por recorrerle el cuerpo al escucharse hablar en ese tono.  Aunque la impertinencia no era algo que le faltase,  hacerlo con un congénere el cual sólo le hacia nacer cosas muy desagradables resultaba hasta vomitivo—. He de decir, sin embargo, que me sorprendes muy gratamente. Has escuchado todo lo que dije desde el principio y eso que creía que te había reventado el cráneo lo suficiente para que tuvieras unos minutos para regenerarte.  Eres, probablemente, el tercer oni más inteligente y fuerte que he conocido desde que existo —Akaza no estaba seguro de porqué había sido tan específico con el número, pero por alguna razón le parecía una estimación muy correcta—. Pero, tengo que decir que eres el más paciente que he conocido. Todo este trabajo, es muy sorprendente. Asqueroso, pero funcional y muy inteligente. Eres uno de esos pocos oni que no solo se limitan a alimentarse  y esconderse. Es una lástima que hayas recurrido a esas tres estúpidas; lo han echado todo a perder y pronto tendrás que marcharte —la desaparición masiva de niños no pasaba desapercibida y de ahí a la desaparición de tantos cazadores, era más que probable que enviasen a otros de mayor rango.  A este paso, incluso pilares.

No necesitaba desviar la mirada para saber como se iba desarrollando el combate en el otro lado,  los títeres del demonio no harían más que volver a levantarse con cada palmada que el otro diera y...—. Hay algo que a mi me causa curiosidad, ¿por qué marcas a los niños? Con lo pragmáticos que me parecen tus métodos, ¿por qué gastar tiempo en hacer algo así? —resultaba muy irónico que hubiera llegado el día en el que encontrase alguien con quien podía desatar toda su fuerza, no sólo no tuviera que contenerse aún si así ponía en juego su propia vida, sino que también estaría haciendo una de las muchas cosas que más le disgustaban en la vida: sacar conversación a algo a lo que sólo quería destrozar a golpes.

Ahora no podía hacer nada más que resistir, y aunque era obvio que iba a ser físicamente doloroso, le cansaba más el hecho de alargar el suplicio de tener que enfrentarse a alguien mientras hablaba para buscar. Buscar algo que le permitiese aprovechar el lugar. Había pocas maneras de poder terminar con aquello y, desde luego, cada cual parecía más desagradable.
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Mensaje por Rengoku Kyojuro Vie Ene 08, 2021 1:34 pm

Muy a su pesar, Kyojuro contuvo las arcadas que le sobrevinieron de repente y cargó hacia adelante para arrebatarles el equilibrio a los dos cazadores, justo cuando se percató de que las otras dos nuevas personas (o quizá mejor dicho, cadáveres vivientes) se acercaban a donde estaba por su espalda. Así, tuvo tiempo para enfrentarlas y, de nuevo, con una sensación desagradable en la boca del estómago, interponer su espada entre ellos.

Podía cortarlos, claro que sí. Eran cuerpos sin alma después de todo, pero… se le hacía difícil. No solo por el malestar general que aquel suero ocasionaba en todo su cuerpo, sino debido al simple hecho de tener que atacar a otro ser humano. Kyojuro no se educó jamás para eso, ni mucho menos se hallaba preparado, aunque sabía que tendría que hacerlo.

El resultado fue que los cuatro volvieran a rodearlo desde todos los ángulos formando una rueda amenazadora, esperando el mejor momento para abalanzarse. La palabra centinela les venía como anillo al dedo ahora más que nunca, pues permanecían vigilantes a cualquier amago que pudiera hacer Kyojuro, lo cual de cierta manera los guiaba a un callejón sin salida. Por un momento estaba en jaque.

El regente de Derinkuyu, mientras tanto, escuchaba a Akaza impasible. Sus ojos oscuros como la noche estaban puestos sobre aquel demonio “joven” impertinente, aunque como bien se podía saber, la paciencia en él era una virtud, de modo que ni siquiera parecía exasperado.

Oh —soltó una vez Akaza dejó de hablar, y su gesto cambió a uno más tranquilo—. Me sorprende que después de semejante muestra de salvajismo ahora seas capaz de hablar de forma tan elocuente, muchacho. Hm, parece que no eres tan bruto como pensaba —contestó, llevándose una mano huesuda al mentón en gesto pensativo; la mirada no se despegaba de la cara de Akaza, como si estuviera inspeccionándole suspicaz—. Sin embargo, hay varios errores que me gustaría señalar en tu discurso —alzó el dedo índice, empezando una cuenta. Al parecer, aquel demonio siempre se sentía poseedor de todo el tiempo del mundo—. Primero, no temo ser castigado por el motivo que dices. A fin de cuentas, este territorio ha sido examinado a conciencia por mis subordinados y no hemos encontrado gran cosa sobre lo que tú y yo sabemos. Si hubieses pasado a visitar antes o prestaras más atención a lo que dice el amo, seguro te habrías dado cuenta desde un comienzo —el sonido de metal contra metal lo hizo desviar la mirada por un breve instante hacia Kyojuro, justo cuando el cazador volvía a rechazar el embate de uno de sus compañeros caídos jadeando con dificultad—. Segundo —alzó otro dedo, regresando a Akaza—. Es obvio que no tenía idea de que el cazador era tu presa, y la verdad tampoco me causa demasiado pesar tener que advertirte de todas formas que será mejor que desistas si aún tienes deseos de comértelo. ¿Por qué? —se adelantó antes siquiera de que hubiese alguna réplica—. Tiene mi técnica de sangre en su cuerpo, por ende, es de mi propiedad. Posee mi marca, si quieres verlo de otro modo —anunció, apenas curvando una de las comisuras de su boca en una mueca burlona—.  Además, fue él quien se atrevió a entrar en mis designios. De un modo u otro, la situación a la que hemos llegado se la buscó por su cuenta, no hay nada que ni tú ni yo podamos hacer al respecto más que mantenernos en nuestra posición, lo que por cierto, tampoco nos llevará a nada.

El sonido de algo desgarrándose y luego derramándose brotó del lado donde luchaba Kyojuro. Había decidido por fin usar su arma en contra de sus oponentes, y al parecer de una manera acertada. El oni no supo cómo, pero se dio cuenta de su proeza al descifrar la abertura por donde solía drenar y luego rellenar a sus centinelas. Al cortar directamente en ese sitio, el contenido se salía a borbotones como si se tratara de una válvula de escape. El cuerpo herido acabó desplomado en el suelo como si lo desinflaran.

Cazador, tal vez quieras encargarte de otro asunto muy importante para los tuyos —increpó, sin desespero ni prisas, aunque si bien parecía que intentaba ganar tiempo de la misma forma que Akaza—. ¿Qué es lo que proclaman ustedes con orgullo? Ah sí, lo más importante es salvar la vida de los humanos, ¿cierto? Presta atención más adelante y te encontrarás con unas cuantas almas inocentes necesitando de ayuda. ¿Ahora las escuchas?

Como si estuviera meticulosamente planeado, de más adelante tronaron alaridos infantiles junto a gritos implorando piedad. Kyojuro abrió los ojos como platos, y casi sin pensarlo, empezó a correr pasillo adentro, siguiendo el rastro de los niños. Ninguno de los otros centinelas hizo amago de seguirlo, comandados por su amo en silencio. Al mismo tiempo, el anciano oni parecía deslizarse con una agilidad absurda, interponiéndose entre Akaza y el cazador.

Mi nombre es Shamash —dijo, una vez Kyojuro estuvo demasiado lejos como para poder escucharlos—. ¿De modo que los has visto? Solo marco a los niños que me serán útiles para mis estudios, así los distingo del resto y evito equivocaciones engorrosas. Siempre que cumplan con ciertos requisitos, entre ellos no alcanzar la mayoría de edad, pueden servirme para seguir desarrollando mi técnica de sangre hasta llegar a límites insospechados. Tu nombre es Akaza, ¿cierto? Así te llamó el cazador —Shamash esbozó por primera vez una sonrisa de verdad, y esta, en su rostro decrépito, se veía más espeluznante que amistosa—. Escucha, Akaza, ninguno de los dos va a sacar nada peleando. Eso ya debes saberlo de sobra si te has enfrentado antes a otros demonios. Sería alargarnos hasta el infinito para al final, no conseguir nada —agregó con elocuencia—. Me disculpo por haberme metido con tu presa. A cambio de ella, te propongo un trato: si eres paciente, y me permites terminar mi trabajo, puedo recompensar las molestias causadas con una presa más jugosa que ese chico. Se ve que aún eres un demonio en crecimiento y que requieres de mucho más poder si deseas serle útil al amo… puedo ayudarte.

Del camino recorrido por Kyojuro empezaron a escucharse sonidos de lucha: el metal de nuevo chocando contra el metal, junto al llanto de algunos niños que poco a poco se hacían menos audibles.

Mi efecto favorito de todos cuando imbuyo el suero en las personas es el poder “añejarlos” —reveló con cierto orgullo—. Si esperas un par de horas más, la sangre del cazador tendrá mejor sabor aunque la dosis haya sido pírrica. Casi podría parecer a los que poseen marechi, ¿sabes? En cuanto a los nutrientes, no te quede duda de que mejorarán. Mientras más joven y lleno de energía vital sea la persona, más pronunciado es el efecto de mi suero sobre ellos. La cantidad de poder que te otorgaría un solo humano sería mucho más grande que en condiciones normales, y ahora, humildemente te presento la oportunidad de tener uno de ellos a tu alcance —ladeando la cabeza tan solo un poco, Shamash continuó escrutando directamente los ojos de Akaza, sin haber desviado en ningún momento la mirada mientras anunciaba aquello porque era verdad, ¿le interesaría? Eso estaba por verse— ¿Qué dices?

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Mensaje por Akaza Vie Ene 08, 2021 1:37 pm

«Es increíble» pensó Akaza, por una fracción de segundo. Había alguien en el mundo, que sin la necesidad de meterse en su cabeza, conseguía fastidiarle más que Akash con un mal día.  Todo en aquel oni le provocaba repudiarlo, cuanto menos. Pero lo que más le molestaba de él, era el gigantesco ego que tenía, uno que podía permitirse tener; para más molestia.

La expresión del oni no cambió, aunque su cuerpo estaba pidiéndole dar otra muestra de salvajismo extremo y enseñarle a su compañero de misma raza, cómo un demonio podía deshacerse de otro. No podía mostrar más flaquezas, necesitaba conocer y ver, esperar y arriesgarse. En aquel momento, si quería ser realmente útil, tenía que contenerse. Debía rendirse a la lógica de Shamash, porque insistir sólo traería más problemas.

Debía olvidar lo que había visto, ignorar lo que estaba escuchando. Aceptar la rendición del modo que debía esperarse de él. Él, que suponía que era serio y leal.

De un momento a otro, el aire hostil que emaba de Akaza desapareció. Su expresión era seria, desprovista de la picaresca de hacía unos instantes; era obvio que no parecía del todo agradado, pero cualquier demonio que se preciase, seguiría encontrando desagradable tener que admitir derrota frente a un congénere. Cuestiones de rivalidad implantadas.

Refutar tu lógica no tiene sentido y  pelear no me llevará a ninguna parte, más que a ser cuestionado —respondió finalmente, encogiéndose muy levemente de hombros—.  El amo gastó la sangre que iba a usar para doce demonios conmigo. No hacerme más fuerte sería escupir al regalo que me hizo —decirlo resultó más difícil de lo que había pensado,  y fue más difícil aún conseguir hacer lo siguiente: inclinarse.

Si una cosa había aprendido de las malditas jerarquías dentro de los propios demonios, es que uno no podía ir saltándosela cuando quisiera. Muzan tenía su propia manera dictatorial de hacer las cosas y cuánto más cerca estaba un oni de él, mayor era su unión y fidelidad al mismo. Hacerle la contraria ahora a su congénere, era ponerse una diana sobre sí mismo y a todos los que habían compartido con él. Insistir en hacer algo que Shamash no hubiera sugerido era un acto flagrante de rebeldía.

Estar en aquella posición dolía, dolía porque pese a haber estado tanto tiempo buscando la manera de hacerse fuerte, llegado el momento...

Llegado el momento seguía siendo incapaz de arreglar las cosas.

Gracias por tu oferta, Shamash. Permíteme disculparme también. Como bien has dicho antes, había otra forma de hacer las cosas, mucho más diplomática. Debería haberme decantado por ella desde el inicio, nos hubiera ahorrado molestias a ambos —una vez se enderezó y fue capaz de volver a mirar al demonio, Akaza volvió a instarse a olvidar aquello que le removía tanto. No era el momento de pensar, ni de recordar. Por muy cerca que estuviera de comprender; no se podía permitir tener otra explosión a causa de no saber controlar sus impulsos—. Vi a uno de tus niños en el bosque y, debo admitir, que olía muchísimo mejor que otros que haya podido comer. Pero soy carnívoro, no carroñero —añadió, como si aquello dejase claro el porqué aún no concía de las propiedades de la técnica de sangre del oni de primera mano. Si una cosa era cierta de lo que había dicho, es que cuando Akaza comía, le gustaba hacerlo de algo que estuviera vivo, aunque fuera unos instantes—. Tu técnica de sangre es muy original, no he visto nada que tenga ni siquiera un semi parecido—al menos no con ese uso. No podía imaginar al bicho cosechando humanos para pasar el invierno.  

Por primera vez, en lo que le había parecido una eternidad, se permitió observar su alrededor, lo hizo casi con parsimonia; como si aquello le causara curiosidad y le aburriese ya a partes iguales.
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Mensaje por Rengoku Kyojuro Vie Ene 08, 2021 4:22 pm

De lejos ya no se escuchaba el escándalo del combate. Enmudeció de un momento a otro, y para Shamash no pasó desapercibido a pesar de que su atención seguía en Akaza. El aire a su alrededor pareció volverse más ameno y conciliador, sobre todo en cuanto el otro demonio se inclinó como muestra de respeto. Eso estaba bien. Para alguien que se guiaba por lo racional antes que cualquier otra cosa, resultaba el paso más lógico en la posición del “joven”. No era raro para él que los hechos marcharan tal como esperaba, y esta tampoco iba a ser la excepción.

O al menos eso creía.

Yo la llamaría más bien provechosa. Para mí, para el amo y para cualquiera que sea mi aliado, aunque prefiera mantenerme al margen de cualquier asunto externo a mis propios intereses —replicó, volviendo a tener un gesto neutro en donde las sonrisas o el regodeo quedaban por fuera. Aquel era un demonio cuya naturaleza iba más allá de los simples elogios. Con un ademán de su huesuda mano, le indicó a su invitado que lo siguiera en dirección a donde se había ido el cazador, junto a sus centinelas. A pesar del silencio sepulcral tan inquietante, Shamash inició una caminata pausada y sin prisas imitada por sus sirvientes—. Lo que has dicho antes es… interesante. No tengo motivos para no creerte respecto al regalo que se te ha dado. Incluso yo puedo darme cuenta de tus aptitudes y potencial para convertirte en un verdadero demonio que rivalice o llegue incluso al puesto de las Lunas Superiores. Tu resistencia al dolor incluso para ser un demonio es encomiable —la apreciación iba acompañada por una mirada examinadora, antes de volver a observar su frente, de vuelta a su monólogo—. Sabes lo que son las Lunas Superiores, ¿no es así, Akaza? Los demonios que están en la cima de la cadena alimenticia dentro de nuestra propia especie. Aquellos que ostentan un poder que puede obliterar incluso a esos llamados Pilares. Llegar a ocupar alguno de esos puestos para muchos es un honor, aunque muy pocos pueden conseguirlo. Si el amo vio potencial en ti, es porque seguro cree en tu capacidad para alcanzar semejantes lugares, y por supuesto que es posible… si sabes dar los pasos correctos.

Los túneles de Derinkuyu estaban excavados con maestría. La piedra alrededor era pulida, como si hubiesen sido abrasadas por el fuego purificador de algún fenómeno increíble hasta sacarles brillo. Obviamente, se trataba de una construcción artificial, tramada por el mismísimo Shamash en… ¿cuánto tiempo exactamente? ¿Semanas? ¿Meses? ¿Años? Resultaba difícil precisarlo si no conocías el método exacto para conseguir semejante proeza.

Tal vez el destino quiera que te preste ayuda en ese sentido, aunque eso ya lo dirá el tiempo. Por supuesto que me ofrecería a participar en semejante labor, sabiendo que de por medio estaría ganándome el agradecimiento del amo. Cualquier relación capaz de darme parte de su estima es provechosa para mis propias ambiciones. Y ah, no, no es que piense también subir al puesto de las Lunas, por cierto —añadió de repente como si fuese realmente importante aclarar aquello—. Lo único que me interesa en esta vida es el conocimiento. Cada alquimista tiene su manera de llegar a la verdad del mundo, y a mí me parece correcto seguir descubriéndolo a través de los alcances que puede llegar a tener mi técnica de sangre. No estoy seguro de que lo entiendas, pero es así. Ahora… dejando de lado nuestra pequeña charla, hm, parece que han estado ocurriendo cosas muy curiosas aquí durante nuestra ausencia.

Habían llegado a la siguiente cámara donde desembocaba el camino. Esta en particular estaba rodeada de jaulas, sin que dejara de parecer un hábito el hecho de existir mesas de trabajo con instrumentos de laboratorio en algún rincón, aunque al menos no había rastro de otro caldero inquietante. Cualquiera podía suponer sin arriesgarse a cometer errores que se trataba del sitio en donde Shamash guardaba a los niños. Solo que en el momento actual, ninguna de las jaulas se encontraba ocupada e incluso algunas tenían las puertas abiertas, forzadas de manera violenta.

El suelo estaba rodeado de cuerpos sin vida, todos adultos, y todos con un charco oscuro de olor particular debajo de ellos como si alguien los hubiese vaciado y dejado allí con prisas. No había rastro ni de niños, ni de Kyojuro.

Ho-hoh, ¿así que pudo encargarse de todos? Parece que este cazador es mucho más problemático y habilidoso que los otros con los que me he topado antes. Seguro enviaron a alguien con un rango más alto en vez de los mismos mizunotos de siempre. De todas formas, no va a llegar muy lejos.

El anciano se movió con una seguridad demasiado asombrosa para venir de una estampa tan raquítica y vieja como la suya. Paseó observando los cuerpos desde arriba, hasta llegar al otro extremo de la habitación, donde se conectaba con otro pasillo en forma de túnel que guiaba hacia otra área. Como un guardia adormilado en plena faena, el cuerpo del tercer cazador yacía desplomado sobre el umbral con la cabeza gacha. Un solo dedo curtido en sangre señalaba hacia el frente, y cuando Shamash lo siguió con la vista, encontró un detalle que le hizo enarcar las cejas con asombro así como interés.

Ya veo… así que era eso —Akaza también lo notaría sin demasiados problemas, quizá incluso con mayor facilidad que Shamash. El muro tenía una brizna de sangre en forma de raya horizontal, como una diminuta flecha apuntando hacia una dirección en particular—. Y pensar que ninguno de ellos parecía ser capaz de hacer algo útil al comienzo… supongo que fue mi error al subestimar la organización de los cazadores. Esto puede ser un problema —y aunque dijera eso, no se le veía realmente preocupado, aunque si más serio que antes. Sus ojos se fijaron en varios manchones de sangre adelante con el olor del cazador por todas partes—. Algo parece que es diferente, hmmm —el demonio se puso de cuclillas al frente de la mancha más grande y con el dedo índice tocó el líquido vital para luego llevárselo a los labios. Tras saborearlo por unos segundos, algo en el interior de sus ojos oscuros pareció relucir como un relámpago—. Oh… ¿qué tenemos aquí? Ha pasado mucho tiempo desde la última vez… que saboreé algo así —ahora Shamash parecía genuinamente interesado en la cacería, pues alzó de inmediato su rostro en dirección a sus vasallos—. Vayan tras el cazador, seguro se dirige a la salida. No permitan que escape y tráiganlo con vida.

Los centinelas pasaron de la pasividad a una carrera rápida camino adentro, siguiendo las marcas rojas en la pared. Mientras tanto, Shamash empezó a reírse por lo bajo: parecía sorprendido y agradado, como si acabara de suceder algo totalmente inesperado pero gratificante bajo su percepción.

Nosotros también debemos darnos prisa, Akaza. Si damos a tiempo con el cazador, que estoy seguro será así, te enseñaré algo tan interesante de su mundo como lo es el asunto de las Lunas Superiores para nosotros. Andando.





Onii-chan, ¿seguro que estás bien? Tienes la piel muy caliente.

Era verdad que Kyojuro se las arregló de alguna manera para reducir a todos los centinelas en esa sala llena de jaulas e infantes aterrados, pero no le había salido barato. Su cuerpo estaba lleno de heridas, un par más graves que el resto, mientras que en su mente sabía que se encontraba muy cerca de llegar al límite de sus capacidades.

Lo había dado todo de sí para proteger a los niños, y su cuerpo le respondió como últimamente sucedía en contadas ocasiones en donde ponía su vida en riesgo. Todo gracias a esa marca. A veces, era capaz de olvidar que la tenía desde el asedio en la finca Kobayashi pues no se notaba gran cosa utilizando el uniforme, pero en otras ocasiones, como esta en particular, se hacía tan presente que resultaba imposible ignorarla.

No solo por ser una llama oscura contrastando con la pálida piel de su cuello, sino por lo que parecía generar en él: los latidos del corazón más rápidos que nunca, el calor de la fiebre pero a su vez, la capacidad de dar un esfuerzo superior al 100% como antes no se creía capaz. Sin embargo, nada de eso era gratis.

Estoy bien… sigan caminando adelante, guíense por las marcas, pronto llegaremos a la salida.

La sangre le nublaba la vista junto a las lágrimas aunque el torrente hubiese disminuido considerablemente. Kyojuro no estaba seguro de qué sucedía en su organismo ahora, pero creía sentir su espíritu luchando activamente contra la técnica de sangre, si bien siendo incapaz de mantenerla a raya para darle esperanzas sólidas, ralentizando en todo lo posible el empeoramiento de sus efectos.

Sentía que no podía fallarle a ninguno de sus compañeros caídos, mucho menos cuando se habían arriesgado a tanto para enseñarle el camino. Aunque no se sentía rival contra ese demonio en particular, quería cumplir su misión, o al menos la parte más importante de ella: evitar que nadie más muriera.

Parecía que iba a ser posible, pues de repente a su frente vio en la lejanía la salida, justo después de avanzar en una larguísima pendiente que iba en ascenso. Los rayos de la luna se filtraban débilmente entre una abertura cubierta y disimulada por las raíces de un árbol septentrional.

Al mismo tiempo, el ruido de pasos alcanzándolos despertó las alarmas en su cabeza. El demonio los había alcanzado.

Sigan adelante sin mirar atrás y regresen de inmediato al pueblo. No confíen en nadie hasta que consigan a sus familiares —se apresuró en indicarles a los tres niños que en ese momento lo miraban con miedo, pero esperanza en los ojos—. Yo me quedaré para contenerlos, se están acercando. ¡Vamos!

Dejó que los pequeños siguieran corriendo mientras él se detenía en seco para interponerse entre ellos y los centinelas, justo cuando aparecieron. Kyojuro era un desastre andante: el uniforme rasgado en diferentes zonas, así como parte del rostro manchado de sangre, por no decir los costados y el lateral de sus piernas. Aun así, pretendía seguir luchando hasta dar el último aliento, si eso significaba asegurar las vidas de los niños.

Con un grito furioso, cargó de nuevo contra los centinelas, en ningún instante bajando su espada. Era una exclamación que tanto Shamash como Akaza consiguieron escuchar, pues no se hallaban demasiado lejos de la escena para ese entonces.

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Mensaje por Akaza Vie Ene 08, 2021 4:40 pm

Existían momentos en los que el propio Akaza tenía que físicamente morderse la lengua para no interrumpir el discurso de Shamash, cuando él hablaba y se refería al amo sentía la desagradable sensación de que él los escuchaba.  Todos reconocían la influencia que tenía sobre cada oni, de lo precaria que era su existencia si hacían algo que le provocase. No era ningún dios, ni un ser benévolo. Sólo había una razón para que él se hubiera dedicado a traer al mundo tantos demonios y no era para porque en el fondo fuese un alma atormentada que buscaba compañía. Era un sádico que les usaba para sus propios fines y si no llegaban a los objetivos y dejaban de ser útiles, no merecían seguir existiendo.

Todos los sabían. Akaza lo sabía. Y durante mucho tiempo había aceptado esa realidad sin sentir inquietud al respecto. Al fin y al cabo, su creador le había dado la libertad de perseguir sus deseos, mientras siguiera asesinando cazadores y buscase eso. Ahora, era diferente. ¿Desde hacía cuanto su objetivo parecía haberse desviado tanto? ¿Qué había ocurrido para dejar apartado algo que deseaba y ansiaba por encima de todo?

Necesito ser más fuerte, muchísimo más —admitió mientras contemplaba de reojo las puntas azuladas de sus dedos. Aunque parecía relajado en su caminata junto al oni que parecía más anciano, seguía sintiendo algo que oprimía sus sienes. Un dolor incesante, molesto—.  Quiero dar los pasos correctos.  De otro modo, mi existencia no tiene sentido —añadió, con completa honestidad. Intentó relajar la tensión de sus brazos y decidió centrar su atención en la construcción tan maravillosa como espeluznante de Derinkuyu. Observar la piedra pulida y reconocer los olores que se entremezclaban en ella ayudaban a que el discurso de Shamash no resultase tan pedante a los oídos de Akaza. Así fue hasta que alcanzaron la cámara hacia la que se había encaminado el mayor de los dos.

Entre todos los olores, le fue fácil reconocer el rastro del cazador; aunque su postura era la misma excepto por el hecho de que una de sus cejas se había arqueado muy levemente,  el oni no podía sino evitar preocuparse y, al mismo tiempo; sentirse bastante orgulloso. Preocupado porque la cantidad de sangre que podía oler de Kyojuro le dejaba claro que estaba malherido y pronto no iba a poder tenerse en pie, orgulloso porque siempre había sabido que ese cazador tenía el potencial para ser un gran rival, el definitivo. Era increíble que un simple ser humano hubiera podido hacer tanto bajo la influencia del arte de sangre de la momia.  Lo que le inquietó pareció ser la aparente capacidad de Shamash para parecer feliz.  

¿Qué era lo que había descubierto?

Ahogando una maldición, Akash apartó el pie de lo que parecían ser trozos de una nichirin rota. Perteneciente, probablemente, al cazador que había tirado en esa nueva habitación; se agachó a su lado; sin saber porqué, y le miró. La mayoría de las veces, cuando se trataban de cazadores, Akaza olvidaba género y edad. Por lo que se sintió casi sorprendido cuando notó que ese no debía ser más mayor que Kyojuro.

Te sigo —respondió escuetamente Akaza, enderezándose y aguantándose el impulso de atravesarle la cabeza de un puñetazo. No le agradaba el modo en que aquel demonio hablaba o se expresaba. Desde luego, para Shamash debía ser normal que Akaza pudiera morir del dolor de cabeza, dado que su mente limitada no le dejaba comprender la grandeza del trabajo de su congénere. Y por lo inteligente que parecía ser, no iba a tomarle desprevenido una segunda vez. Por lo que, si tenía que hacer algo, debía esperar al momento adecuado. Miró de nuevo al cazador y chasqueó con la lengua cuando sintió un cosquilleo desagradable en la palma de su mano, seguido por otra punzada de dolor.  

No se sorprendió cuando pudo descubrir que Shamash podía ir todo lo rápido que le diera la gana, ya había demostrado que pese a ser un asqueroso saco de huesos, pedante, depravado y narcisista; seguía siendo un oni con unas habilidades de temer. Mientras seguían el rastro, no tardaron,  en acercarse a lo que parecía ser la salida. Y la suposición se confirmó en cuanto se escuchó el grito del cazador resonar por todo el pasillo. Akaza, tuvo que apretarse la mano varias veces —a riesgo de volver a perder otro de los dedos recién regenerados— para contener el impulso estúpido de correr hasta ahí. Además, dada la velocidad a la que iban, no iban a tardar en alcanzarle y cuando lo hicieron; todo fue a peor.

La tensión congeló el cuerpo del oni, sus ojos se clavaron en la figura de Kyojuro Rengoku. Ya no sólo eran las lágrimas, sino la sangre. Aún a esa distancia podía adivinar con facilidad dónde tenía cada herida, cuantos de sus huesos estaban próximos a romperse, cuales de ellos ya habían superado el límite. Los centinelas no deberían poder matarle, Shamash había ordenado que lo dejasen con vida, pero Akaza había matado a suficientes humanos para saber en que estado podía llegar uno sin tener que morir.

Su cuerpo pareció estar a punto de ceder a un temblor involuntario, sentía ira y frustración. De nuevo, la misma rabia que le cegaba al punto de hacerle perder la cabeza, y su cabeza a punto de explotar en lo que intentaba advertirle.

¿Advertirle de qué?

Y, como siempre que pasaba ante la oportunidad de atisbar algo de lo que su mente bloqueaba, aparecía ése indescriptible dolor en el centro de su rostro y la parte posterior de su cabeza, que se extendía hasta cubrirlo por completo y inutilizarlo. Porque lo que estaba a punto de hacer era absurdo.

Desorientado y adolorido, Akaza volvió a poner los ojos en la figura del cazador y notó una marca que sobresalía del cuello de su uniforme, algo con forma de llama—Eso es... ¿Eso es lo que querías enseñarme?—preguntó el oni de ojos dorados, su mirada parecía ausente, casi velada. Como siempre que salía de uno de sus muchos trances malos, el dolor en su cabeza parecía que menguaba, así como también su propia voluntad.
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Mensaje por Rengoku Kyojuro Vie Ene 08, 2021 4:59 pm

Los centinelas sucumbieron, pero eso tampoco fue algo que tomó por sorpresa a Shamash al llegar. Ya sabía hasta dónde podían ir esos cazadores, los que solían llevar en la piel una marca antinatural tatuada de repente. Eran capaces de realizar proezas sobrehumanas a costa de un precio muy alto, de eso no le quedaba duda. Aunque no era la penitencia de esas pobres almas lo que realmente le interesaba en aquel asunto.

Sí, justo eso. Parece que ya te diste cuenta —le contestó a su congénere con los ojos puestos en el cuello de Kyojuro, detallando en la distancia esa mancha oscura con forma de llama.

El mayor de los Rengoku, por otro lado, contempló jadeando a los dos demonios una vez terminó de cortar los cuerpos de los centinelas, aferrando la espada con dos manos de venas hinchadas. Había una mezcla de confusión, extrañeza e impresión en sus ojos al fijarse en la silueta de Akaza junto al otro oni.

¿Akaza?

Eso que llevas impreso en la piel es la marca, ¿cierto, cazador? —Le interrumpió Shamash, acercándose otro par de pasos en su dirección con cierto deje complacido en su voz—. Un usuario de la respiración marcado es indicativo de muchos otros por desarrollar lo mismo. Qué prometedor —el anciano soltó una risa por lo bajo, emocionado—. ¡No había visto algo así desde la era Sengoku! Parece que la generación de cazadores actual tiene mucho que ofrecer. Y, como prometí, aquí va mi explicación —esta vez se dirigía a Akaza, y el modo tan casual o familiar empleado hizo que Kyojuro parpadeara mucho más alerta y sobresaltado, sin entender lo que ocurría entre esos dos—. La época dorada de los cazadores, y por ende, la más peligrosa para los demonios fue cuando empezaron a aparecer cazadores así: los marcados. Sus habilidades superan con creces al promedio, pues obtienen de sus marcas mucha mayor cantidad de fuerza y energía, al precio de su vida —Shamash ladeó la cabeza al ver la mueca hecha por el cazador— ¿Oh? ¿Es que ni siquiera lo sabías? Los que son como tú están malditos, por así decirlo. A cambio de mejorar sus habilidades para luchar contra nosotros, pierden años en el mundo. Hasta donde sé, los cazadores marcados jamás llegaron a pasar de los 25 años.

Las palabras del oni hicieron que algo en el interior de la mente de Kyojuro resonara, como si el entendimiento llegara de golpe ante un hecho personal ya vivido. Por un segundo vio el rostro de su padre en la última discusión que tuvieron… Pero no era el momento de divagar en ese tipo de cosas, de modo que tan pronto como llegó lo apartó a un lado, volviendo la ferocidad de su mirada de nuevo hacia Shamash.

¿Y qué hay con eso? No es como si antes ignorara la posibilidad de morir en cualquiera de mis misiones. Es un riesgo al que nos enfrentamos todos los días. Ni para mí, ni para ningún otro cazador eso es una novedad —replicó sin titubeos, conteniendo la mueca de dolor, el malestar, y toda seña de debilidad frente a su enemigo—. He sacado a todos los niños que tenías cautivos en tu refugio, ya no queda ningún inocente bajo tierra —estaba mirando directamente a Shamash diciendo aquello, aunque las palabras no iban dirigidas en verdad hacia él.

Ah, sí, de eso pude darme cuenta. Es molesto, pero ahora por tu culpa y la inutilidad de los otros humanos, voy a tener que reubicarme más rápido de lo pensado. Empezaba a acostumbrarme a la comodidad de estas tierras… —el anciano emitió un suspiro y pareció erguirse mirando de nuevo hacia Kyojuro—. Bah, no importa, está bien. Nada que no se pueda solucionar. Primero me encargaré de ti, la promesa de un buen sujeto de pruebas mejorará mi humor sin dudas para cuando deba hacer los preparativos de mi traslado.

A Rengoku siempre le parecería antinatural la velocidad que podía llegar a demostrar el anciano teniendo un cuerpo de apariencia tan endeble. No supo cómo, pero de un segundo a otro, se había aproximado hasta quedar a pocos centímetros cerca de él, con el puño esquelético levantado. Tuvo apenas instantes para reaccionar, y su mente se decantó por la respuesta más sencilla, aunque dolorosa. No podía permitir que le golpeara en el pecho, la cabeza, o cualquier otra zona que amenazara con hacerle perder el conocimiento; no en el estado tan precario en el que se encontraba. Por eso decidió sacrificar el brazo izquierdo, interponiéndolo en medio del ataque.

El impacto le atravesó hasta el hueso, provocándole una sacudida violenta dolorosa que le hizo apretar los dientes para evitar soltar una exclamación. Las venas se le marcaron en la frente por el esfuerzo y por un instante Kyojuro pensó que se desmayaría; no obstante, la punzada de dolor que sobrevino tras el impacto lo ayudó a aclarar su mente. Esgrimió su espada, veloz, apuntando hacia el cuello de Shamash, pero solo consiguió hacer que se apartara de un salto sin ningún otro resultado.

Si la preparas bien, la sangre de los cazadores marcados puede llegar a ser un delicioso elixir para cualquier demonio —comentó el anciano como si nada, unos metros más lejos y despreocupado ante el riesgo de ser cortado por una nichirin—. En esos tiempos me gustaba atrapar algunos y dejarlos madurar con mis sueros hasta que alcanzaban un sabor indescriptible; sin embargo, con el paso de los años, fueron desapareciendo. Había olvidado hasta ahora la emoción que me producía la expectativa… supongo que en eso debo de agradecerte, muchacho. Has conseguido hacerme recordar por qué la caza activa para los demonios resulta ser tan divertida.

La emoción que le inundó en ese momento hacía sonreír a Shamash. Se encontraba tan ocupado con sus propios pensamientos y promesas, que tardó un poco en darse cuenta de algo curioso en el ambiente. Él, que era tan observador, había pasado por alto las constantes miradas que el cazador dirigía no en su dirección, sino donde estaba su inesperado invitado.

Cuando se percató del gesto entre consternado, preocupado y contenido de Kyojuro, pareció por fin caer en cuenta, aunque ello no quitara que toda esa situación le resultara en extremo curiosa. ¿Cuándo se imaginó que llegaría el día en que vería a un cazador congeniando con un demonio?

Oh… lo olvidé. Al comienzo pensaste que Akaza iba a ayudarte contra mí para luego saldar lo que sea que han tenido entre ustedes a saber desde cuándo, ¿no? —Inquirió, consiguiendo que los ojos sobresaltados de Kyojuro lo miraran con fiereza e inquietud, ¿qué tanto sabía acaso?—. Lamento avisarte que ha habido un cambio de planes, cazador. Mientras salvabas a los niños, le propuse apartarse de mi camino para recibir en compensación una buena comida que seguro nunca antes en su vida ha saboreado, y por supuesto, aceptó. No tienes aliados que te puedan echar una mano ahora.

La revelación provocó que en los ojos de Kyojuro se reflejaran muchas cosas antes de que se sobrepusiera e intentara mantener el semblante desafiante. Primero la sorpresa, luego la incredulidad, después la duda, la alarma, y al final, una disimulada tristeza.

Tenía muy pocas posibilidades de salir con vida de allí, y tampoco creía llegar a los talones de Shamash para conseguir rebanarle la cabeza. Era la primera vez que se conseguía a un demonio tan hermético, que demostraba con solo su aire la capacidad de sobrepasar el nivel de técnica de Kyojuro, aun cuando hubiese dado tan pocas muestras de poder.

Por un instante recordó las palabras de Kohaku la primera vez que se vieron, gritándole con razón.

"Tu nivel no va a cambiar mientras te enfrentas a un demonio más fuerte que tú. No te volverás más fuerte solo porque quieres serlo, morirás como un idiota y ya."

Pero tenía que intentarlo, así que lo usaría otra vez, como en el pasado lo probó desesperadamente para escapar de las garras de la demonesa de sonrisa cruel y sádica. Kyojuro necesitaba un movimiento lleno de poder que pudiera llegar a alcanzar una posibilidad remota, y aunque seguía sin estar listo para dominar al completo la técnica, sabía que era la única alternativa que le quedaba.

"Muy bien, Rengoku. Lo has hecho fenomenal hasta ahora, pero deberías ser menos suicida", creyó escuchar en alguna parte de su mente la voz de Tengen e incluso, por un momento, vio la sonrisa dolida junto al tono quejumbroso de una plegaria muy débil pero presente, "en serio te lo digo".

No voy a morir, tranquilizó a los fantasmas en su cabeza, mirando por un instante a Akaza sin disimular la intensidad para luego centrarse en su cometido. Solo necesito una oportunidad.

El aire alrededor de Kyojuro empezaba a quemarse, todo gracias a las intensas llamas que se iban encendiendo en el filo de su espada. Justo en ese momento Shamash iba a aproximarse, pero de pronto cambió de parecer, deteniéndose alarmado al notar el cambio alrededor del cazador.

Honō no kokyū: ku no kata —no le dio tiempo a reaccionar. En un instante decisivo, reunió todas las fuerzas que le quedaban, obligando a su cuerpo a seguir, y cargó de un salto hacia adelante, impulsado por el propio poder de su técnica— RENGOKU!

Shamash retrocedió por mero instinto, creyendo que la energía destructora proveniente del cazador intentaría darle como un acto de inmolación tan esperado de los conocidos cazadores y su honor. Sin embargo, a último momento la dirección de la espada cambió. Kyojuro agitó el filo de la nichirin en un arco abierto como si fuese una finta para luego, al final, orientar el golpe hacia las paredes del túnel.

Fue demasiado repentino y dio muy poco tiempo para reaccionar. Esa parte de Derinkuyu empezó a venirse abajo con un temblor en la tierra potente mientras las piedras rugían anunciando una avalancha inevitable. Shamash perdió por primera vez la compostura: soltó un grito de pura frustración mientras se echaba hacia atrás y corría camino adentro para huir de la destrucción, pisándole los talones por muy poca distancia toneladas de tierra y roca.

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Mensaje por Akaza Vie Ene 08, 2021 5:21 pm

Pese a que no conseguía jamás recuperar sus recuerdos, había algo que se repetía en todos sus trances malos: el dolor intenso en su cabeza. Antes, solo se trataban de pequeños dolores y pequeños lapsos de tiempo en que se movía de manera automática, pero en los últimos años aquello se había acrecentando. Coincidía con el tiempo que había conocido a Akash, y más tarde al resto de los bichos. El dolor, sin embargo, se había hecho más intenso desde que había conocido al cazador y había sido fácil, tras tantos episodios iguales, deducir que lo que sentía en su cabeza siempre que sus recuerdos trataban de aflorar.

Revivía el momento de su muerte. Una y otra vez.  Parecía ser el método que había dejado el amo en él para evitar un mal mayor. Un mal que no le convenía solventar con su muerte, por ahora. Quizá por el potencial que había mencionado Shamash.

Podría no haberlo notado hasta mucho más tarde de no haber sido por Kyojuro Rengoku. Había algo en el cazador que le provocaba recordar. No tanto cómo recuperar los recuerdos de quien había sido como humano, sino del por qué todos los deseos reprimidos que su naturaleza demoníaca había retorcido. El usuario de la respiración de la Llama, le hacía recordar algo importante. Algo que no debería haber olvidado.

Aún con el dolor bloqueando la mayoría de sus impulsos, la tensión apareció de golpe. Sin aviso. Cuando fue capaz de analizar toda la información que Shamash había dado. Kyojuro respondió del modo que cabía esperarse de él y sin embargo, a Akaza la  noticia le hizo sentir una punzada de dolor aún más grande que la de su cabeza.

Shamash seguía hablando, como tanto le gustaba hacer. ¿Cuántas de sus víctimas habrían terminado mordiéndose la lengua para  terminar con la tortura que era escuchar a la momia alquimista?

Ahora lo estaba exponiendo como el obvio demonio traidor que vendería a cualquiera a cambio de una buena comida y debería sentirse ofendido. De hecho, las ganas de agujerearle la cabeza volvían a hacerse presentes, la inmensa necesidad de querer gritarle que se equivocaba. Pero no podía, no porque no creyese que era el momento oportuno. Era por una razón más profunda, impresa en cada célula nueva de su cuerpo. Sin embargo, con lo que no parecía contar ni su amo ni la mayoría de personas que recién lo conocían, era lo lejos que podía llegar por su propia ira.

Su frustración, por no ser capaz de hacer nada. Como siempre. Y el deseo desesperado de poder hacer algo.

La mano que seguía formando un puño se volvió a tensar, la presión pareció ser tan intensa que comenzó a sangrar. La sensación de comezón logró que pudiera ser mucho más consciente de lo que había a su alrededor. Y en ese momento supo qué era lo que debía hacer. Debía llegar a tiempo.

Quizá por la intensidad de ese nuevo objetivo, casi un ruego desde el fondo de su propia existencia; una vez que desplegó su arte de sangre, la misma se impuso con una fuerza superior a la de otras veces. Su intención, sin embargo, no fue ir a por Shamash. Su mente parecía estar más despejada de lo que había estado en mucho tiempo,  sabía que debía evitar que Kyojuro sufriese más daños. Cada golpe y onda de choque fueron directos a cualquiera de los escombros que hubieran podido tocar al cazador y en cuanto hubo logrado ese primer objetivo le miró, casi fugaz, y musitó un breve—. Corta. Con todas tus fuerzas—y usando su arte de sangre, se propulsó hacia Shamash.

Su idea resultaba suicida. Y aún así estaba dispuesto hacerlo, porque llevaba mucho tiempo deseándolo. Incluso antes de haberse adentrado en Derinkuyu. El puño de su mano sana, atravesó con certeza el hombro derecho de la momia y mientras procedía a inmovilizarlo con todas las fuerzas que podían quedarle, Akaza sonrió mientras elevaba su mano sanguinolenta a la altura de los ojos de Shamash—. Siempre he odiado las espadas—reveló que lo que llevaba atravesándole muy probablemente más allá de la muñeca, eran uno de los pedazos de nichirin con los que anteriormente se había cortado un píe. Sin mediar palabra, hizo lo que su muy bruto ser le pedía y atravesó  parte del cuello de Shamash con la misma. Era evidente que con aquello no lo iba a poder matar. Pero conseguiría al menos unos segundos. Los segundos suficientes para que se estuviera quieto y pudieran cercenarle la cabeza—. El amo y tu podéis meteros a las Lunas Superiores por dónde os quepan —sentenció mientras ejercía más presión sobre el cuerpo de su congénere, que sin duda era más fuerte y tenía más experiencia. Pero esa vez, habiendo recuperado el sentido, sabía que podía darlo todo de sí.

Aunque su fuerza sólo le permitiera unos segundos de ventaja, se aseguraría de que él pudiera salir con vida de ahí.  Esa vez, se aseguraría de cumplir con su promesa.
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Mensaje por Rengoku Kyojuro Vie Ene 08, 2021 5:44 pm

Kyojuro sabía que no iba a ser sencillo salir de ahí una vez los muros comenzaran a derrumbarse, pero daría todo de sí para conseguirlo. Ese fue su pensamiento incluso antes de ejecutar la novena postura, sin saber realmente qué tanto podría cumplir de ello y teniendo tan solo una vaga esperanza en sus propias capacidades.

Por eso se sorprendió cuando al caer las piedras, ninguna le tocó. Al principio no supo por qué, pero con mirar hacia adelante lo supo, sin dejar de ser presa de la confusión así como el asombro. Se trataba de Akaza. Akaza lo estaba ayudando. Con la declaración del viejo oni había empezado a sentir inquietud, un dolor imperceptible ante la idea de la traición, pero ahora eso se estaba quedando atrás. Al igual que él, Akaza seguía firme en su decisión de ayudarle a aniquilar a Shamash.

Así que confió en él. No fue una decisión meditada a conciencia, sino inmediata, casi como si viniera de su mismo instinto. En vez de retroceder para escapar de una muerte segura por las piedras, Kyojuro cambió de dirección y corrió justo detrás del demonio para encontrarse una vez más con el cumplimiento de su deber.

Shamash no daba crédito a sus ojos. El repentino derrumbamiento de su morada y la urgencia por ponerse a salvo se superpusieron por encima de todo lo demás: sus deducciones, aspiraciones, y planes pasaron a quedarse muy por detrás en su mente mientras corría. Pero no pudo avanzar demasiados metros, porque de pronto a su espalda la cortina de piedras y arena se abrió por la fuerza bruta de una técnica de sangre inesperada. Apenas con el tiempo suficiente para voltearse y contemplar a su congénere, Shamash puso por primera vez un gesto lleno de consternación y miedo.

¿Qué haces? ¡Suéltame! ¡Déjame ir! —increpó intentando zafarse del agarre desesperadamente. Sus ojos oscuros siempre llenos de serenidad se abrieron de par en par al escuchar a Akaza y mirar aquello que llevaba en su otra mano—. ¡Tú! —las venas se le hincharon alrededor de su frente vociferando con rabia y estupefacción—. ¿Acaso vas a-?

El filo de otra katana deslizándose entre la carne de su cuello no le permitió completar sus últimas palabras.

La cabeza de Shamash se separó limpiamente del resto del cuerpo, cayendo camino abajo y luego siendo sepultada por la tierra desprendiéndose desde arriba. Kyojuro puso toda la firmeza posible para ejecutar el movimiento y no fallar en su misión, pero justo después las manos aferrando su nichirin empezaron a temblar notoriamente porque había llegado a su límite.

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Mensaje por Akaza Vie Ene 08, 2021 5:48 pm

Al ver la cabeza de Shamash rodar lejos de él, el otro oni sintió una extraña oleada de paz interna que no había experimentado antes. El dolor en sus brazos no consiguió que aquello desapareciera, había sido un pequeño precio a pagar por tener un momento de libertad completa en la que poder recuperar una parte de lo que había sido y de lo que hacía un tiempo empezaba a querer ser.

Entender que había tras su compulsión, recordar, porque incluso tras haber perdido todo lo que había sido, trascendió con su nueva existencia la necesidad de ser más fuerte.

Su mirada se puso en el cuerpo del oni, que iba convirtiéndose en cenizas. Esperó unos segundos, esperando algo. El castigo, uno que no pareció llegar, lejos de hacerle sentir algún tipo de tranquilidad sobre su futuro cercano, le llenó de incertidumbre. Si embargo, no había tiempo para recrearse en una posible muerte inminente. Aún no había ocurrido nada y si lo peor sucedía, era mejor aprovechar hasta el último momento que pudiera quedarle.

Se acercó al cazador, tratando de ayudarle a que escondiese la nichirin en su funda. Le observó, sin poder sentir ninguna clase de alivio al contemplar la condición en la que estaba. No importaba que la técnica de sangre de Shamash hubiera desaparecido, estaba muy herido, había perdido mucha sangre y  la marca parecía ser un recurso igual de peligroso con unas consecuencias nefastas—. Vamos a salir de aquí. Voy a volver a cargar contigo, pero... va a ser un viaje entretenido —si quería salir de ahí antes de quedar sepultados, necesitaba dirigir su energía en el uso de su técnica de sangre, por lo que la regeneración de las heridas y cortes en sus brazos quedaban postergados. Como oni seguiría curándose, pero muchísimo más lento.

Cargó como bien pudo a Kyojuro, tratando de no lastimar más los huesos rotos —misión difícil en una situación como aquella— y haciéndose camino a la fuerza, comenzó su ascenso hacia la superficie.

Derinkyu quedaría sepultada por siempre, sin saber si algo de ahí podría rescatarse. Recordó, durante unos momentos, los cuerpos de los camaradas de Kyojuro y se descubrió pensando en cosas a las que antes no hubiera dado importancia. Y creyó entender, al fin, parte de las cosas que la bola de pelo solía decir. No había ocurrido con todos los cazadores que había conocido, pero si con Kyojuro y las acciones que habían tomado sus compañeros ahí.

Al fin entendía y comprendía porque algunos de ellos ponían en riesgo sus vidas, era por el deseo de proteger y ofrecer a otros la oportunidad de tener un mejor futuro. Él había deseado eso mismo en algún momento.
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Mensaje por Rengoku Kyojuro Vie Ene 08, 2021 5:51 pm

Derinkuyu se venía abajo, eso ya era inevitable. Todos los horribles experimentos de Shamash, junto a los cuerpos de sus víctimas, quedarían sepultados bajo tierra por siempre. De alguna manera, recibirían un entierro que les permitiría descansar en paz, incluyendo incluso al dueño de todo aquel nauseabundo circo cuyo cuerpo ahora solo era un rastro de cenizas.

Fue entonces cuando Kyojuro se permitió suspirar. La acción le provocó una punzada sobre una de sus costillas rotas, recordándole nuevamente su lamentable estado. Casi de forma literal, podía sentir dolor en cada centímetro de piel, el brazo roto y el torso donde más, a causa de las peores laceraciones durante aquella odisea.

Pero había llegado a su fin. Ya podría tener la oportunidad de descansar y recuperarse. Mantuvo su promesa, conservando su vida, aunque aquello no fuese seguro por completo si no lograba salir de allí. Todavía existía el riesgo de quedar atrapado bajo tierra por siempre. Pero él no podía hacer más nada. Imposible correr, imposible moverse por su cuenta. Toda la energía de la que era poseedor se había agotado.

Era una verdadera suerte que estuviera allí junto a Akaza.

Kyojuro se dejó guiar por él con la mano sana para devolver la hoja de su espada a la guarda. Los ojos se le estaban empezando a cerrar involuntariamente. Estaba tan cansado… sentía una oleada de mejoría, y eso seguro era debido a que la técnica de sangre ya no estaba en su interior, pero a la vez, el solo hecho de poder relajarse lo arrastraba rápido a la inconsciencia.

Escuchó a Akaza y solo pudo responderle con un diminuto asentimiento de su cabeza. Se dejó cargar, aguantándose el jadeo de dolor ante los movimientos bruscos, porque todavía quedaba un último reto por afrontar para salir de allí.

Akaza —la voz de Kyojuro era casi un murmullo comparado con su usual tono de voz alto y claro— Gracias —musitó esbozando una sonrisa débil, antes de cerrar los ojos y así las últimas lágrimas que le hizo derramar el suero se escurrieron por su rostro en cuanto cedió a la inconsciencia.

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Mensaje por Fokkusu-san Lun Feb 01, 2021 4:51 pm

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